¿De regreso? No lo permitamos

En medio de unas elecciones regionales que pasarán a la historia por los candidatos que han sido asesinados, los líderes que han sido hostigados, los partidos políticos que no han asumido responsabilidades por sus avales dudosos y las denuncias de corrupción, no podemos permitir que se normalicen las agresiones de cualquier tipo. Los ataques y amenazas que recibieron las sedes de varios partidos de izquierda en Bogotá, este jueves, son actos inaceptables que deben ser rechazados con vehemencia.

La sede del Partido Comunista de Colombia, que comparte el espacio con la Unión Patriótica (UP), amaneció amenazada. No se trata de una fecha cualquiera, pues el viernes se conmemoraron 32 años del asesinato de Jaime Pardo Leal, quien fue el candidato presidencial de la UP en las elecciones de 1986 y fue asesinado el 11 de octubre de 1987. Según dijo el Partido Comunista, su sede fue atacada con una bomba incendiaria y algunos disparos. También recibieron una pancarta con una calavera y un mensaje claro: “regresamos”.

El partido FARC, que se creó como mecanismo del Acuerdo de Paz para garantizar la participación en política de los excombatientes de la guerrilla de las Farc, también denunció que a su sede, que queda cerca de la del Partido Comunista, llegó un panfleto con el mismo mensaje. El objetivo es claro: hacerse eco de la historia de agresión contra la izquierda en un país donde la UP fue aniquilada cuando le apostó a la democracia colombiana a mediados de los 80. No podemos permitir que algo así vuelva a ocurrir.

Alfonso Castillo, miembro de la dirección central del Partido Comunista, le dijo a El Espectador que “el ataque es parte de una ofensiva que existe por parte de grupos de ultraderecha que, como lo han anunciado en muchas ocasiones, quieren generar un ambiente de zozobra y de intimidación en la sociedad y en quienes luchamos por la construcción de la paz y transformaciones sociales”. Las autoridades deben dar con los responsables de las intimidaciones y contarle al país quiénes son.

Celebramos, sin embargo, ver cómo la izquierda se encuentra unida en el mismo mensaje: la apuesta por la paz y la política sin violencia sigue vigente. Como dijo la senadora del partido FARC Griselda Lobo, quieren “atentar contra nuestra voluntad de la implementación del Acuerdo de Paz. ¡No lograrán amedrentarnos!”. Esas son las ventajas de haber hecho un proceso de desmovilización y un recordatorio para que el Gobierno siga insistiendo en el cumplimiento de lo pactado.

Este año hemos visto cómo la violencia política no respeta ideología. Si bien estamos hablando hoy de ataques a la izquierda, ya hemos tenido que dedicar este espacio al asesinato de candidatos de otras corrientes políticas. Según la Misión de Observación Electoral (MOE), hay un reporte de 152 municipios en el país en el que existe un alto riesgo de violencia política. La mayoría se concentra en Antioquia, Chocó y Nariño.

Ante el panorama desolador, los ciudadanos debemos rodear a quienes siguen queriendo defender la democracia. Está en juego el futuro de nuestra sociedad.

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