Después del pico y placa, ¿qué?

Ha sido en exceso  superar la alerta ambiental que se declaró en Bogotá. Pese a las medidas tomadas por la Secretaría de Movilidad y la de Ambiente, las ambiciones de la Alcaldía están chocando con la amarga realidad de un problema que no ha sido atendido de manera ambiciosa. Años y años de soluciones a medias y de no intentar cambios genuinos a nuestros medios de transporte han hecho peor la crisis ambiental a la que nos enfrentamos. Mientras la pandemia del Covid-19 se roba los titulares, no podemos olvidar que a la vuelta de la esquina nos espera un desastre mucho más peligroso y para el que Colombia no está tomando las suficientes medidas.

18 de marzo de 2020 – 12:00 a. m.

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Ante la pésima calidad del aire, son pocas las herramientas a disposición del distrito. Se decretó el pico y placa todo el día e incluso el fin de semana, limitando además la movilización de los vehículos de carga por la ciudad. Eso, sumado al aislamiento preventivo por el Covid-19 y a los constantes aguaceros, ha logrado dar resultados. Que pese a todo eso la lucha por recuperar la buena calidad del aire haya visto progresos lentos es síntoma de preocupación. Como dijo la secretaria de Ambiente, Carolina Urrutia Vásquez, “hacemos uso de las herramientas disponibles en el marco de la alerta, no resolvemos años de insuficiencia estructural en dos meses”.

Desde el discurso y las promesas del Plan de Desarrollo, la administración de Claudia López parece entender la dificultad del problema que enfrentamos. Sin un cambio de paradigma en la manera en que se transportan los millones de personas que viven en la capital o llegan a ella para trabajar, la calidad del aire seguirá empeorando. Ya el secretario de Movilidad, Nicolás Estupiñán, ha rondado la idea de hacer permanente el pico y placa. Estamos de acuerdo con esa medida, pero entendiendo que la restricción vehicular, tal como está pensada, ya caducó en sus propósitos. A punta de pico y placa no vamos a solucionar el problema.

En entrevista con El Espectador, la alcaldesa López dijo que “apagar y reducir el uso de los vehículos que usan gasolina y diésel es la única medida que logra bajar el trancón y la contaminación del aire. Debemos avanzar en la construcción del metro y los Regiotram para contar con un sistema masivo con suficiente capacidad, cómodo y limpio, como alternativa al transporte individual, trancado y contaminante”. Habló de una inversión de $36 billones para, entre otras cosas, que 4.353 buses del SITP sean nuevos y tengan energía limpia. En esa pelea ya ha enfrentado fuerte oposición, pero su propósito es el indicado.

Con la emergencia del Covid-19 y la disposición de ciclovías temporales se logró, por ejemplo, reducir un poco la saturación de Transmilenio. En esta batalla, se necesita una artillería completa de medidas para incentivar el cambio hacia un transporte público genuinamente masivo y atractivo para todos sus usuarios. Es momento de enfrentar la insuficiencia estructural. El tiempo se está acabando para tomar acciones contundentes.

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