El Dorado en San Agustín

Entre las muchas cosas que tenemos de qué enorgullecernos en Colombia, San Agustín ocupa un lugar prioritario. Debería ser un sitio de visita obligada, no solo por lo que representa como Patrimonio de la Humanidad, sino por la belleza del paisaje y su imponencia al estar enclavado en el Macizo Colombiano. Su grandeza y potencial turístico podrían tener un mayor aprovechamiento si las autoridades a nivel nacional, regional y local pusieran mayor atención a las vías de acceso. Es un buen momento para hacerlo.

Tras los Acuerdos de Paz con las Farc, y en una zona donde dicha guerrilla había tenido activa presencia, era natural que el turismo se incrementara exponencialmente. Y así ha sido. Según datos conocidos, San Agustín tuvo 105.861 visitantes en 2017, de los cuales 18.857 fueron extranjeros. Para 2018 aumentaron a 134.773 visitantes, de los cuales 32.000 fueron extranjeros. Las cifras hablan por sí solas. El presidente Iván Duque, dentro de su propuesta de la economía naranja, sabe bien que la llamada industria sin chimeneas, es decir, el turismo, es uno de los motores del bienestar económico. No solo permite que uno de los mayores tesoros que tiene el país sea admirado por colombianos y turistas de otros países, sino que trae mejoras perceptibles para los habitantes de la región. Es una de esas situaciones en las que, si las cosas se manejan con el cuidado y la planificación requeridos, todas las partes terminan beneficiándose de una u otra forma. Ese es el reto.

San Agustín tiene el potencial para ser, en Colombia, lo que Machu Picchu es al Perú, Chichen Itzá a México o Tiahuanaco a Bolivia. Su valor arqueológico está representado por la grandeza y el misterio que envuelven a la cultura que allí habitó, y cuyo origen data del siglo XIII a.C. Dicha zona es un lugar sagrado en el cual fueron enterradas personalidades que serían resguardadas a perpetuidad por chamanes o guerreros que vigilan la entrada a las tumbas. La Fuente de Lavapatas, el Tablón o la Chaquira, y su observatorio astronómico, el Purutal, Pradera, Quinchana, el Alto de los Ídolos, etc., son lugares que ameritan una visita atenta.

A finales de los 90 San Agustín no llegaba a diez hoteles u hostales. Hoy son cerca de 70. Sin embargo, hay problemas de infraestructura que no ayudan a que el turismo aumente de manera ordenada. La principal dificultad son las vías de acceso. La mayoría de los visitantes vienen por tierra desde Bogotá o desde el occidente del país. La vía de doble calzada desde la capital llega hasta El Espinal, en el Tolima. Mientras se continúa con su construcción, hay tramos entre Neiva y Pitalito que están en muy malas condiciones. De un lado, los derrumbes que hay en el sector de Pericongo, entre Altamira y Timaná, y que dificultan el tráfico fluido hacia el occidente. Otro derrumbe reciente en la vía entre Gigante y Garzón, que había sido entregada hace poco, y que tiene al Huila en una situación de colapso vial.

Adicionalmente, el tramo que hay entre Pitalito y San Agustín se encuentra lleno de huecos. Unos 2.500, según los habitantes de la zona, para un viaje que toma 20 minutos y por el cual tienen que transitar tanto los visitantes nacionales como extranjeros. Y, por último, el circuito interno que pasa por Isnos y que conduce, entre otros lugares, al estrecho del río Magdalena, varias cascadas y lagunas, así como otros lugares arqueológicos, tampoco está a la altura de lo que debería ser una región con alto potencial turístico.

En esta época de elecciones departamentales y municipales, los candidatos que aspiran a ocupar cargos públicos en dicha zona deberían comprometerse formalmente, con rendición de cuentas cuando lleguen a las respectivas posiciones, a sumar esfuerzos con las autoridades a nivel nacional para hacer de esta región del país un modelo turístico. Ejemplos como los mencionados en Perú, Bolivia y México no son difíciles de seguir para encontrar el Dorado en San Agustín.

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