El mal año tecnológico del mundo

Si bien la democracia está amenazada (tememos por lo que ocurra en Colombia en el 2018 electoral), la respuesta no puede ser coartar la libertad de expresión, esencial en los espacios digitales. / Bloomberg

El 2017 cierra con pésimas noticias tecnológicas que amenazan con afectar los derechos de todos los ciudadanos del mundo. Además del desmantelamiento de la neutralidad de la red en Estados Unidos, esta semana se publicó un informe contando que las noticias falsas no sólo continuaron, sino que tuvieron más visitas que el año pasado. Además, los gobiernos siguen sin saber cómo responder regulatoriamente a los retos de internet y las redes sociales siguen siendo el espacio propicio para los extremismos dañinos. La libertad de expresión y la democracia están en riesgo y el público general no parece estar al tanto de los riesgos que crecen con el paso del tiempo.

A la neutralidad de la red ya le hemos dedicado varias líneas en este espacio editorial. Sin embargo, nos preocupa el silencio sobre el tema de parte de los candidatos colombianos al Congreso y a la Presidencia de la República. El país necesita un compromiso inequívoco con la neutralidad de la red como pilar de la igualdad y garante de los derechos de los colombianos. Entonces repetimos la pregunta que hicimos en aquel momento: candidatos, ¿prometen proteger la neutralidad de la red si son elegidos? Desde El Espectador nos comprometemos a seguir de cerca el tema en el año electoral que se avecina.

La nueva mala noticia tiene que ver con las noticias falsas. Después del escándalo que hubo en el 2016, cuando se culpó a la difusión de informaciones mentirosas por los resultados inesperados del brexit y de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, hubo un compromiso por combatirlas en el 2017. Ya salió el primer resultado de esa guerra y es desalentador: la estamos perdiendo. Por goleada.

Un informe revelado sobre las 50 noticias falsas más difundidas este año no sólo demostró que la desinformación sigue siendo un negocio rentable, sino que va en aumento. Comparadas con las 50 más vistas del 2016, las de este año recibieron más visitas.

El reto, entonces, sigue vigente. Como lo mencionamos en este espacio después del foro que sobre el tema se hizo en Colombia, los medios tenemos un rol importante en esa lucha. De nuestra parte, la respuesta debe ser seguir construyendo la confianza de la audiencia a través del periodismo riguroso, transparente y en franca conversación con los sesgos y prejuicios que son inevitables en cualquier tarea humana.

Pero eso no es suficiente. Primero, los ciudadanos deben mostrar más compromiso y responsabilidad con su propia reacción a estos temas. Deben darse debates en los hogares sobre qué fuentes son confiables y cuáles se están aprovechando de los fanatismos. Debe haber una conciencia de que, como humanos, somos propensos a querer leer sólo aquello que confirma nuestras creencias y a compartirlo, incluso si es material falso.

Segundo, las empresas privadas no pueden seguir con los pañitos de agua tibia. Facebook, Twitter, Google y compañía son los ambientes de difusión de estas noticias y, pese a que han dicho estar comprometidos con la lucha, no han hallado soluciones para mermar el efecto de la desinformación.

Por supuesto, este es un tema muy complejo y la respuesta no debe ser la censura. Si bien la democracia está amenazada (tememos por lo que ocurra en Colombia en el 2018 electoral), la respuesta no puede ser coartar la libertad de expresión, esencial en los espacios digitales. Hay que supervisar con lupa las respuestas de los gobiernos, que en países de Europa han contestado con el garrote de la censura disfrazada de buenas intenciones.

Fue un año difícil, pero la pelea apenas comienza. Estos temas deberían estar en el centro de la agenda para el 2018.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a [email protected].

 

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