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17 Jun 2022 - 5:00 a. m.

La memoria convertida en fuente de conflicto

El incidente de desacato abierto por la JEP al director del CNMH deja la pregunta de si el paramilitarismo va a contarse de manera apropiada. / Fotografía de referencia: Mauricio Alvarado.
El incidente de desacato abierto por la JEP al director del CNMH deja la pregunta de si el paramilitarismo va a contarse de manera apropiada. / Fotografía de referencia: Mauricio Alvarado.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Vaya paradoja: el Museo Nacional de la Memoria, construido por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), sigue siendo un foco de conflicto. La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), preocupada una vez más por el actuar del director del Centro, Darío Acevedo Carmona, le abrió incidente de desacato. Para la Sección de Ausencia de Reconocimiento del tribunal de paz, Acevedo puede estar incumpliendo la prohibición de no modificar el guion del museo. La pregunta es si el paramilitarismo va a contarse de manera apropiada en el importante museo. La raíz del problema es la designación de Acevedo por el presidente Iván Duque en un cargo al que solo ha traído escándalo tras escándalo.

En Colombia+20 de El Espectador publicamos hace un par de semanas la investigación sobre un documento con las bases del plan y el guion museológico de ese proyecto. Lo que encontramos fue preocupante: un plan sin mayor rigor técnico, sin autonomía de la injerencia del director y con una exclusión llamativa de los paramilitares en la historia. Por ejemplo, sobre lo sucedido entre los años 1990 y 2000, el documento dice que se trató de “una crisis de seguridad ante el auge de poderosas mafias que atacaron al Estado y la presencia de guerrillas que se resistieron a una negociación realista y que, además, se involucraron en el negocio del narcotráfico”. También se refiere a la seguridad democrática del gobierno de Álvaro Uribe Vélez como “una política de fortalecimiento de la autoridad” y señala únicamente las victorias de esta política, sin mencionar todos los abusos de poder que se presentaron.

La discusión sobre el museo viene de antes. Tres de sus directores renunciaron. El Consejo Internacional de Museos en Colombia (ICOM), en una carta, le advirtió a Acevedo que “las faltas al código de deontología ICOM pueden significar la suspensión o pérdida de la membresía del Museo de Memoria Histórica como miembro institucional de ICOM”. En otra misiva, 20 integrantes de la dirección técnica del Museo de Memoria escribieron: “Frente a los constantes cambios de director técnico en los últimos tres años, el equipo técnico se ha visto abocado a trabajar en un escenario de inestabilidad e incertidumbre (...) La falta de continuidad en los procesos de la Dirección Técnica deviene en la fragilidad del proyecto que busca construir un Museo de la Memoria para las víctimas del conflicto armado interno, poniendo en riesgo su consolidación y legitimidad social”. Por donde se le mire, un desastre.

Ahora la JEP ha tenido que intervenir. En respuesta, Acevedo dijo que “no hay un sustento probado de que el Centro Nacional de Memoria Histórica, en la construcción de su Guion Museológico, producto de la investigación directa con las víctimas en los territorios, ignora, olvida o rehuye la existencia de alguno de los perpetradores de violencia durante el conflicto armado ―incluyendo el fenómeno paramilitar―”. También mencionó que con las pruebas que le aportó al tribunal espera que se evidencie “el fenómeno paramilitar en Colombia”. Sobre eso, el tribunal de paz tendrá la última palabra.

Nos queda, sin embargo, el lamento de un nuevo escándalo en el Centro Nacional de Memoria Histórica, otrora institución respetada y reconocida en el mundo por su labor. Es un golpe a la reconciliación del país que esto ocurra.

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