La memoria histórica no es asunto de equilibrismos

Hay un debate en el país sobre cuál es la mejor manera de construir la memoria. La solución no está en deslegitimar el trabajo hecho hasta ahora. / Foto: Archivo

Dos decisiones relacionadas con la construcción de la memoria histórica del país han generado un justo debate recientemente. El dar un espacio en el Museo de la Memoria a los relatos de los militares caídos y la decisión, por parte del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), de tercerizar las investigaciones sobre el conflicto plantean preguntas interesantes sobre cómo vamos a narrar lo ocurrido en Colombia.

En un discurso reciente, Darío Acevedo Carmona, director del CNMH, dijo que “el equipo de dirección del (Centro) es insuficiente para ser visto como el autor de la verdad hallada o al fin revelada”. Por eso firmó un convenio por $5.600 millones con Colciencias para que esta entidad elija 15 proyectos de investigación que provengan de las universidades públicas y privadas del país. Además, Acevedo agregó que “las investigaciones que se tradujeron en resonantes publicaciones, como el Basta ya, título más apropiado para la experiencia de confrontación armada en el marco de dictaduras y de políticas oficiales de terror y exterminio, fueron adelantadas por un pequeño grupo de intelectuales que no representan el amplio espectro de investigadores nacionales”.

Hay dos debates distintos planteados por el director del CNMH. Por un lado, no puede verse con malos ojos que se les permita a centros de investigación especializados en todo el país colaborar en la construcción de la memoria. El uso de Colciencias, además, garantiza la transparencia en el proceso. Quedan, sin embargo, varias preguntas: ¿qué criterios se emplearán para beneficiar a unos grupos sobre otros? ¿Cómo, posteriormente, se hará la armonización de los relatos? ¿Nos quedaremos en historias plurales pero incompletas? ¿Tendrá algo de influencia, por ejemplo, el hecho de que Acevedo ha demostrado en varias ocasiones sus posiciones en contra del reconocimiento del conflicto armado?

El segundo debate va ligado a esa última pregunta y tiene que ver con la descalificación del trabajo previo del CNMH. Que un punto de vista no represente el “amplio espectro” de investigadores no le resta validez ni legitimidad. La verdad sobre lo que ocurrió no es un asunto de equilibrismo sino de rigor. Un rigor que contempla, por supuesto, despejar de ideología la investigación, pero a la vez no caer en el relativismo que contraría la realidad. Las metodologías empleadas por el CNMH en el pasado han sido reconocidas nacional e internacionalmente y sus aportes han ayudado en el proceso de reparación de las víctimas. ¿Por qué ahora salir a argumentar que no hay capacidad de investigación y que lo que se hizo fue insuficiente?

La otra discusión es qué hacer con el Museo de la Memoria. Un artículo de la Ley 1979 de este año establece que deberá disponerse “un espacio físico en el Museo de la Memoria destinado a exponer las historias de los veteranos de la Fuerza Pública exaltando sus acciones”. Estamos de acuerdo con el exdirector del CNMH Gonzalo Sánchez en que esto sería desnaturalizar la misión del museo, que tiene como propósito reparar a las víctimas. Sin negar el heroísmo de las Fuerzas Armadas, hay otros espacios para celebrarlas. Un museo donde también hay casos de violencia perpetrada por miembros del Estado no es lugar propicio para este fin. Como explicó Sánchez, “el Museo de la Memoria no puede convertirse en un Museo de Memoria Histórica Militar. Es un asalto a las largas luchas de las víctimas por la verdad y por el reconocimiento de responsabilidades de todos los actores de la guerra, incluidos los agentes estatales”.

Está vivo el debate por la construcción de la verdad en Colombia, pero lo que está claro es que no podemos retroceder, ni sabotear los procesos que vienen andando. El compromiso con las víctimas está de por medio.

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