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Ministro y presidente, ¿dónde quedó la Colombia humana?

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18 de febrero de 2026 - 05:16 a. m.
Desde finales del año pasado la Nueva EPS no había cumplido con el medicamento que necesitaba Kevin para vivir tranquilo. Esa entidad hoy está a cargo del Gobierno Nacional.
Desde finales del año pasado la Nueva EPS no había cumplido con el medicamento que necesitaba Kevin para vivir tranquilo. Esa entidad hoy está a cargo del Gobierno Nacional.
Foto: Juan Diego Cano
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Para ser un Gobierno que prometió convertir a Colombia en “potencia mundial de la vida”, al presidente Gustavo Petro y al ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, se les perdió la humanidad al referirse a la muerte de un niño de siete años. Kevin Acosta, quien tenía hemofilia, falleció hace unos días después de un accidente en bicicleta y dos meses en los que la Nueva EPS no le proporcionó los medicamentos que necesitaba para llevar una vida normal. En un consejo de ministros televisado, tanto el mandatario como el jefe de la cartera de salud insinuaron que la culpa sería la falta de prevención de la madre, Katherine Pico. Más allá de la ofensa contra la familia de la víctima, esto muestra un problema que caracterizó el debate sobre la salud durante los años Petro: terquedad, arrogancia, hostilidad y falta de reflexión sobre las propias responsabilidades.

Jaramillo, quien es médico, dijo que “Kevin llegó a un hospital público en Huila después de un accidente desafortunado porque montó en bicicleta. A un hemofílico hay que restringirle ese tipo de situaciones. Es entendible que los niños que sufren de hemofilia tienen que estar restringidos en muchas de las actividades que pueden generarles un trauma violento y por supuesto un tema hemorrágico grave”. El presidente Petro fue más allá, no sin dejar ver algo de condescendencia: “¿Quiénes son las instituciones que deben prevenir? En primer lugar, obviamente, la familia. Si se educa más, se está en mejores condiciones de prevenir. Si a un niño hemofílico no se le deja subir a la bicicleta pues tiene menos riesgos, es un tema de prevención, pero hay que saber. Si el médico o el sistema de salud no enseña, pues las mamás no nacen aprendidas, menos en niveles educativos muy deficitarios”. En síntesis, el mandatario insinúa que la madre de Kevin, por no estar bien educada, le permitió hacer una actividad que debía prohibirle.

Quienes necesitan investigar un poco sobre la hemofilia antes de pronunciar declaraciones estigmatizantes son el presidente y su ministro. Como contó El Espectador después de consultar a múltiples expertos, la medicación moderna permite vidas largas y plenas a las personas con hemofilia. La Federación Internacional de Hemofilia publica una guía en la que recomienda fomentar “deportes sin contacto, tales como natación, caminata (...) ciclismo, remo, navegación”, entre otros. La misma madre del niño le respondió al presidente en entrevista con Blu Radio: “El hecho de que sea hemofílico no significa que él no pudiera hacer actividades... no lo podía tener atado a una cadena o amarrado o bajo llave”. También lanzó una afirmación que debería causar reflexiones en la Casa de Nariño: “el niño murió por falta de un medicamento”.

En efecto, desde finales del año pasado la Nueva EPS no había cumplido con el medicamento que necesitaba Kevin para vivir tranquilo. Esa entidad hoy está a cargo del Gobierno Nacional, que la propuso como eje del sistema de salud que desea para los colombianos. Los obstáculos burocráticos no merecieron comentario del presidente ni de su ministro, a pesar de que estamos viendo una tragedia que pudo prevenirse.

Esto resume los problemas del debate sobre la reforma a la salud. Un ministro atrincherado en su terquedad, un presidente que habla con ligereza, poco reconocimiento de errores, hostilidad contra quienes los critican y hasta culpas transferidas a los pacientes que han pedido tratos más dignos. Dirán en la Casa de Nariño que, si les permitieran hacer los cambios que proponen, esto no ocurriría. Ese es el nivel del debate al que sometieron al país, mientras hay personas que sufren en el día a día y esperan mucha más responsabilidad de parte de sus líderes políticos.

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