Necesitamos fútbol en paz

Los equipos, la Dimayor y las hinchadas han empezado a hablar sobre lo que debe hacerse para vivir el fútbol con tranquilidad, pero los hechos recientes demuestran que falta mucho trecho. Hoy ese compromiso debe recibir un nuevo impulso.

Los hinchas de Millonarios son unos de los sancionados por la violencia, pero este mal se ve en todos los estadios del país. / Andrés Torres

El sueño de disfrutar del fútbol en paz parece estar lejano. Pese a los esfuerzos que se han realizado, los hechos que presenciamos el fin de semana pasado entre varias hinchadas envían una advertencia clara a las familias colombianas: el deporte rey todavía no es un espectáculo pacífico.

La Comisión Disciplinaria de la Dimayor decidió sancionar al Atlético Nacional con una multa de $5’515.632 y el cierre por dos fechas de la tribuna sur del estadio Atanasio Girardot cuando ese equipo juegue. La motivación fue la pelea que varios de sus hinchas iniciaron contra personas que apoyaban al Atlético Bucaramanga. Además, Millonarios recibió una multa de $8’273.448 y se estableció cerrar durante cuatro partidos las tribunas norte y sur del estadio El Campín por la actuación de algunos de sus hinchas en Manizales en un partido contra el Once Caldas.

Lo anterior, por cierto, no incluye lo que se decida de las investigaciones por los hechos que ocurrieron cuando Nacional y Millonarios se enfrentaron en Bogotá hace semana y media.

Más allá de las apelaciones de los equipos y de las responsabilidades que se adjudiquen sobre los hechos, lo lamentable es que todo esto demuestra que la violencia sigue haciendo presencia en los estadios del país.

Esta semana El Espectador publicó una carta de una hincha de origen paisa que asistió con unos amigos, fanáticos de Millonarios, a ver el encuentro entre los verdes y los azules. En ella relata cómo, por su acento y por estar en el espacio del equipo capitalino, recibió abusos verbales por parte de la hinchada, a tal punto que la Policía tuvo que intervenir. “El policía me dijo que no podía volver a hablar dentro del estadio”, escribe la aficionada. ¿Ese es el ambiente que queremos que sea ley en los espectáculos deportivos en Colombia?

La situación no se limita, por supuesto, a las barras capitalinas y paisas. Las experiencias de abuso en los estadios se repiten tristemente en todo el país. El conflicto del diario vivir colombiano termina trasladándose a esos espacios que, en cambio, deberían ser momentos de goce en conjunto, de encontrarse con la diferencia, de aprender a perder y ganar sin causarles daño a los demás.

En El Espectador llevamos varios años impulsando la campaña #FútbolEnPaz, un compromiso que cada hincha del deporte debería asumir y en el cual se promete, entre otras cosas, “no agredir físicamente a los hinchas de otros equipos ni a los del mío propio”, “no alentar actos de violencia con palabras de odio, ofensas ni descalificativos” y “respetar a todo aquel que luzca una camiseta de fútbol. Nadie debe morir por vestir los colores de un equipo”.

Desde entonces, los equipos, la Dimayor y las hinchadas han empezado a hablar sobre lo que debe hacerse para vivir el fútbol con tranquilidad, pero los hechos recientes demuestran que falta mucho trecho. Hoy ese compromiso debe recibir un nuevo impulso.

Todas las personas tienen derecho a disfrutar del fútbol. Desde las más apasionadas hasta las familias que ven en el estadio un buen plan para compartir juntos. El requisito esencial es que no haya violencia de ningún tipo. Sigamos trabajando para lograrlo.

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2016-04-08T15:18:42-05:00

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