¿Pedagogía para la paz a oscuras?

¿Cuál es el fundamento para que los periodistas colombianos, que no son instrumentos publicitarios, no puedan acudir a ver y contar lo que está haciendo la guerrilla en el territorio nacional?

¿Por qué no se está permitiendo que los periodistas asistan a las jornadas de "pedagogía para la paz"?

Si la etapa del secretismo en torno al proceso de La Habana ya terminó —ese es el objetivo, en principio, de las jornadas de “pedagogía para la paz” que adelantan Gobierno y Farc—, ¿por qué ambas partes siguen creando limitaciones inadecuadas al trabajo de la prensa en el cubrimiento de los diálogos que la guerrilla está adelantando en varias partes de Colombia?

Después del desastre ocurrido en Conejo (La Guajira), donde por culpa de un protocolo ambiguo las Farc terminaron haciendo política con armas, ante la población civil y sin presencia alguna de las fuerzas armadas colombianas, esta semana se conoció un comunicado por parte del Gobierno en el que se anunciaba que las jornadas de pedagogía para la paz adelantadas por la guerrilla en sus campamentos se reanudan. Dentro de los cambios para garantizar que no vuelvan a hacerle conejo al país, está que “el traslado (hacia los campamentos) tendrá acompañamiento del Gobierno Nacional, los países garantes y del CICR; y durante la pedagogía habrá un sistema de comunicación permanente con el Gobierno Nacional”. También quedan expresamente prohibidas las actividades “en los centros poblados, cabeceras municipales y corregimentales”, y convocar eventos con población civil. Hasta ahí todo bien, salvo por la pregunta de por qué esas condiciones no se habían pactado mucho antes.

Sin embargo, el comunicado también dice que “no debe haber ningún tipo de divulgación, tampoco edición de productos audiovisuales con fines de difusión, ni presencia de medios de comunicación regionales, nacionales e internacionales”, sin dar mayor explicación al motivo de esa cerrada de puerta con candado al trabajo periodístico.

Como bien lo ha expresado la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), “esta prohibición, tal cual está redactada, es una violación a la libertad de prensa de conformidad con los estándares que consagran este derecho en Colombia, ya que no cumple con los criterios de legalidad, necesidad y proporcionalidad exigidos para limitar la libertad de expresión”. Así es.

La Oficina del Alto Comisionado para la Paz, en una aclaración que antes bien genera más preguntas, dijo que “el párrafo en cuestión hace referencia es a una limitación a la delegación de las Farc, y aceptada por ellas, de convocar a medios… Es una restricción para ellos. No para los medios”. Extraño.

Si bien es válido que aún las Farc no puedan producir videos de propaganda pues el acuerdo final no se ha firmado, ¿cuál es el fundamento para que los periodistas colombianos, que no son instrumentos publicitarios, no puedan acudir a ver y contar lo que está haciendo la guerrilla en el territorio nacional? Incluso, convocados por las Farc. ¿Qué diferencia tiene una invitación a los campamentos con, digamos, una entrevista en La Habana? ¿O esas también han quedado prohibidas?

Más preocupante aún es que esta prohibición llegue como garantía de que cosas como las que se vieron en Conejo no se repitan. Si el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, dijo que lo que permitió descubrir las irregularidades fue la presencia de los medios, vale preguntarse si quedó cierta incomodidad porque así hubiera sido.

La Flip, por si fuera poco, dice haber recibido denuncias de varios periodistas en las regiones de que han sido bloqueados por las Farc —o personas que se identifican como miembros del grupo guerrillero y están armadas— para acceder a las jornadas de pedagogía para la paz. ¿Por qué? ¿La prohibición del Gobierno implica su aplicación con ejércitos y armas ilegales? De locos.

Tanto el Gobierno como las Farc deben entender que, si este va a ser el año para la paz, es momento de que los colombianos puedan ver, con total transparencia, cómo se está terminando de construir el camino hacia el posconflicto. El rol de una prensa libre en ese proceso de paz es esencial. Sin obstáculos a la información, por favor.

 

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

Temas relacionados

 

últimas noticias

La vida y obra de Alberto Donadio Copello

Se agota la paciencia