¿Un acuerdo para qué, exactamente?

Los mensajes que salen de Palacio son confusos, no descartan las peores opciones ante la situación actual del país y además han dejado por fuera a los partidos de oposición. / Foto: Cristian Garavito - El Espectador

Terminaron las primeras reuniones del Gobierno Nacional con varios partidos políticos cercanos a su pensamiento, como resultado del llamado que hizo el presidente Iván Duque para crear un “acuerdo nacional”. Los mensajes que salen de Palacio son confusos, no descartan las peores opciones para la situación actual del país y además han dejado por fuera a los partidos de oposición, un error que puede seguir causando más división.

El presidente Duque se reunió con los jefes del Centro Democrático, Colombia Justa Libres, MIRA, la Alianza Social Independiente (ASI) y los partidos Liberal, de la U, Conservador y Cambio Radical. Al finalizar los encuentros, la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, dijo que se lograron avances en torno a tres temas concretos: el narcotráfico y cómo hacerle frente, cerrar la puerta a la impunidad y mantener la extradición.

Sin embargo, no es muy claro cuál es el acuerdo nacional que se propone. Estos temas son sin duda importantes, pero resulta difícil pensar que se requiera de un gran acuerdo político para que todos quienes estamos en la legalidad podamos buscar los mismos objetivos.

Y aun si fuere necesario, ¿cómo se construye un consenso si los partidos de oposición, que representan a un número no despreciable de votantes y que en las pasadas elecciones presidenciales obtuvieron más de ocho millones de sufragios, no han sido convocados al diálogo? Sin la oposición no hay nación, presidente.

Si bien la ministra Gutiérrez ha dicho que es apenas natural conversar primero con los partidos afines al Gobierno, esa consideración meramente política deja entrever que no se está buscando un pacto que sane las heridas nacionales, sino más bien uno que otorgue gobernabilidad puntual a la administración. Eso sería un grave error. Al hablar de paz, ¿no debe estar el partido FARC en el centro de todos los diálogos? Y al buscar unidad de propósitos, ¿se va a dejar por fuera a las voces disidentes?

Como dijo con claridad el senador del Partido Liberal Luis Fernando Velasco: “Colombia está muy crecidita y muy madura como para creer que los acuerdos nacionales se dan sin las nuevas fuerzas políticas. No se puede sacar un acuerdo que tenga que ver con los pactos de La Habana que firmó el Estado con las Farc sin contar con el hoy partido en el que se convirtieron”.

Preocupan, además, los testimonios que han salido de las reuniones en torno al posible uso de la conmoción interior si el pacto nacional no se consigue, o si las decisiones de los tribunales de justicia siguen siendo vistos con malos ojos por el partido de gobierno. Así es imposible construir un consenso que respete la institucionalidad.

Necesitamos un acuerdo, de eso no tenemos duda. Sobre la mesa hay propuestas razonables, como la ley interpretativa que permite blindar los Acuerdos de Paz sin estar reviviendo debates ya cerrados por la Corte Constitucional. La pregunta por los acuerdos de paz y cómo logramos que la implementación se vea como una política de Estado inamovible sigue vigente. Para eso, el liderazgo del presidente Duque y su equipo tiene que procurar incluir a todo el país, con transparencia y claridad. De lo contrario, la polarización va a seguir siendo la norma.

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