Un ejemplo de lo que ningún ciudadano debe padecer

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¿Qué hacen los policías, empoderados por la pandemia y el estado de emergencia, cuando nadie los ve? Esa fue la pregunta que pudo responder un periodista de El Espectador en carne propia la semana pasada. Lo que vio, y el trato del que fue objeto, es descorazonador, deja en muy mala posición a la Policía de Bogotá y, en general, a la Policía Nacional. Esperamos que vengan las sanciones disciplinarias que corresponden, así como un compromiso de cara a la ciudadanía de que esas situaciones no estén pasando en otros lugares y sean normales.

El periodista de El Espectador estaba en la carrera 15 con calle 100 de Bogotá cuando vio que dos patrulleros paraban una camioneta, conducida por una mujer. Se quedó observando, en todo su derecho, y vio cómo ella les entregaba un paquete a los policías antes de continuar su camino. Más adelante los patrulleros dirían que se trataba de una amiga, luego que era una policía encubierta, y se declararon ofendidos ante la insinuación de que hubo un soborno involucrado. Sin embargo, la imagen es muy conocida por los ciudadanos, quienes pueden sacar las conclusiones que deseen.

Al verse expuestos, los patrulleros le pidieron los papeles al periodista, quien no cargaba la cédula. Sin embargo, mostró su carné de periodista, donde estaba su número de cédula. Pero los policías no estaban interesados en identificarlo, solo querían atemorizarlo. Ahí comenzaron una serie de eventos insólitos que incluyeron una amenaza con un taser, inmovilización con el uso de esposas, traslado a un CAI, ofensas verbales y trabas a que se comunicara con su familia para que le trajeran la cédula olvidada. Una historia de terror que no tenía por qué haber ocurrido así. Al final, su familia pudo llevárselo, bajo la promesa de no interponer una queja disciplinaria.

Nada de lo ocurrido tiene presentación. Lo que hicieron los patrulleros que trabajan en el CAI del parque El Japón es ejemplo de todo lo que la Policía no debería hacer. Como parece necesario, pues situaciones como esta deberían generar cambios institucionales, hacemos una lista de hechos preocupantes, que a estas alturas deberían ser obvios:

Los policías no deben solicitar ni aceptar sobornos. Los policías no deben temerle a la vigilancia ciudadana. Los policías no deben tratar así a quienes los cuestionan. Los policías no pueden inventarse normativas inexistentes para engañar a los ciudadanos. Los policías no pueden amenazar con usar un taser para silenciar a las personas. Los policías no pueden negar identificarse. Los policías no pueden insultar a quienes tienen retenidos y violentar su dignidad. Los policías no pueden aterrorizar a los ciudadanos para que no los denuncien. Los policías no pueden deshonrar el uniforme y a los colombianos. Los policías no pueden ver como enemigos a quienes deben proteger. Los policías no pueden quedar en la impunidad. Y podríamos seguir, pero el caso está claro.

Solicitamos a la alcaldesa de Bogotá, al director de la Policía de Bogotá y al director de la Policía Nacional que les expliquen al periodista, a este periódico y al país quiénes fueron los responsables, qué medidas de sanción se tomarán y cómo garantizarán que esto no le ocurra a ningún colombiano.

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