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Ni berrinche ni amenaza a la democracia, sino defensa legítima del mandato popular

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F. Murcia
20 de abril de 2026 - 05:00 a. m.
"¿Acaso la independencia del Banco de la República implica la sumisión absoluta del Ejecutivo?": F. Murcia.
"¿Acaso la independencia del Banco de la República implica la sumisión absoluta del Ejecutivo?": F. Murcia.
Foto: Banco de la Rep
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En respuesta al editorial del 5 de abril de 2026, titulado “El Emisor central no debe servir a los caprichos del mandamás”.

Sus afirmaciones son no solo tendenciosas, sino profundamente erróneas. Calificar de “infantil” y “temeraria” la protesta del ministro Germán Ávila —retirarse de una junta donde su voto es sistemáticamente ignorado— es desconocer que el disenso institucional también es democracia. ¿Acaso la independencia del Banco de la República implica la sumisión absoluta del Ejecutivo? La Constitución no creó un emisor intocable; creó un sistema de pesos y contrapesos donde el ministro de Hacienda tiene asiento precisamente para representar la política económica del gobierno elegido por las urnas.

Usted habla de “falta de respeto institucional”, pero el verdadero irrespeto es pretender que un ministro deba callar y aplaudir decisiones que, según datos del propio Banco, mantienen la inflación en 5,29 % —sí, alta—, pero a costa de estrangular el crecimiento. La tasa del 11,25 % es la más alta desde 2024 y, mientras el emisor acumula utilidades récord, la economía real se contrae. Eso no es “estabilidad”; es ortodoxia inflexible.

Su paralelo con Donald Trump es grotesco. Trump atacó la independencia del banco central estadounidense por capricho personal; Petro critica una política que en 2025 ya mostraba un freno a la inversión y al empleo. ¿O acaso ignoró que la Junta Directiva del Banco ha estado compuesta mayoritariamente por miembros nominados por gobiernos anteriores? La “independencia” que usted defiende es, en los hechos, una continuidad de la mesa de poder financiero que resiste cualquier giro redistributivo.

Y su amenaza implícita —“queremos evitar ser Argentina”— es un chantaje argumentativo. Argentina no cayó en crisis por disentir de su banco central, sino por décadas de populismo fiscal irresponsable que Petro no ha practicado: Colombia mantiene la regla fiscal, paga su deuda y no emite moneda inorgánica. Lo que el gobierno reclama es una discusión técnica seria sobre la tasa de interés, no un cheque en blanco a la ortodoxia.

Lo más grave de su comentario es que revela su propia intolerancia al disenso. Acusa al Ejecutivo de no tolerar opiniones contrarias, pero usted mismo descalifica como “berrinche” o “dogma” cualquier crítica al Banco. La democracia no es pleitesía a los tecnócratas del emisor. Es debatir, incluso con firmeza, si una tasa que asfixia a las pymes y castiga el consumo popular es realmente la única vía contra la inflación.

El ministro Ávila y el presidente Petro no han violado ninguna norma. Han ejercido su derecho a discrepar. Si eso le parece peligroso para la democracia, quizá confunde democracia con unanimidad forzada. Bajar la cabeza no es un error; es sumisión. Y a eso no están obligados quienes fueron elegidos para gobernar, no para obedecer a una junta autoproclamada árbitro absoluto de la economía.

Por F. Murcia

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