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Perú, esperanzador

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Helbert Augusto Galindo Hurtado
06 de julio de 2026 - 05:00 a. m.
"La situación de Perú es más compleja y diversa, y no puede ser tratada con hipersimplificaciones que impidan la comprensión de la realidad": Helbert Augusto Galindo Hurtado.
"La situación de Perú es más compleja y diversa, y no puede ser tratada con hipersimplificaciones que impidan la comprensión de la realidad": Helbert Augusto Galindo Hurtado.
Foto: EFE - Sebastián Blanco Salazar
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En respuesta al editorial del 1 de julio de 2026, titulado “Perú, desesperado, vira a la derecha. ¿Durará?”.

Hace el editorialista una serie de afirmaciones que no se condicen con el contexto real y toma como propias posturas de la oposición alejadas de la realidad, que buscan torpedear los procesos de elecciones democráticas.

En primer lugar, Perú no toma un giro a la derecha con desespero. El pueblo peruano toma la decisión de votar por Keiko Fujimori y por su partido político, Fuerza Popular, en el cuarto intento por llegar al poder. Es significativo el hecho de contar con un partido político y que sea este el ganador. La presencia de una organización estructurada en el debate político, con propuestas de gobierno y cuadros directivos, marca una diferencia no menor en el contexto latinoamericano. Obsérvese el comportamiento regional, marcado por outsiders o por amalgamas de intereses que, en realidad, son meras empresas electorales que buscan el poder. Aquí ganó no solo una candidata, sino una organización, y ese aspecto es necesario enaltecerlo.

En cuanto a la diferencia en votos y al cuestionamiento del resultado en el extranjero, afirmando que ese hecho otorgó la victoria a Keiko, es necesario indicar que es el mismo argumento descalificador empleado por el candidato perdedor, que incluso lleva el tema a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Claramente, el triunfo obedece a la sumatoria de votos y no al resultado en una jurisdicción. Esa es la regla electoral que rige en Perú. Como también sería absurdo afirmar que ganó porque aumentó su caudal en Cusco y pasó del 15 % al 22 %, entre primera y segunda vuelta, o que obtuvo más votos en una u otra circunscripción electoral. Lo que cuenta es la suma total, no la parcial por regiones. Es, por demás, estigmatizante que se señalen los votos de los peruanos en el extranjero en una categoría conceptual distinta de la de los otros ciudadanos. La ley no establece diferencia, y el hecho de residir en el extranjero no comporta pérdida de derechos. Tampoco ganar por pocos votos resta legitimidad. Se debe recordar que, en la pasada elección, en la que ganó Pedro Castillo sobre la misma Keiko Fujimori, el margen fue de apenas 45 mil votos.

Toma fuerza la frase recurrente de la inestabilidad peruana porque cambia de presidente. Aquí hay que decirlo con letras mayúsculas: todos los cambios se han llevado a cabo conforme a lo establecido en la Constitución y la ley, validados incluso por su propio Tribunal Constitucional. Se reconoce así la potestad del Congreso para proceder. En unos casos, la destitución corre por cuenta de comportamientos abiertamente ilegales, como en el caso de Pedro Castillo, que intentó un golpe de Estado, con cierre del Congreso y de las cortes y la sumisión por la fuerza de la fiscal general. En otro caso, como el de José Jerí, este se reunió furtivamente y disfrazado con un contratista del Estado en problemas. Lo obvio, en ambos casos, es la vacancia. Se entiende la aversión si se compara el arreglo institucional de Colombia, marcado por un excesivo presidencialismo, en donde el mandatario puede hacer y decir cualquier cosa sin ser disciplinado. La diferencia es grande. En Perú, el mal comportamiento de un presidente lleva a su destitución.

Como se ve, la situación de Perú es más compleja y diversa, y no puede ser tratada con hipersimplificaciones que impidan la comprensión de la realidad y formen una opinión distorsionada.

Por Helbert Augusto Galindo Hurtado

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