En medio de hechos fraudulentos del jefe de la FIFA y del reino de un autócrata indecente junto a dos gobernantes democráticos decentes, se desarrolla el Mundial de Fútbol en EE. UU., México y Canadá, donde parece mandar la política sobre el deporte. ¡Señores de El Espectador!, no solamente el fútbol a nivel mundial es un negocio, como lo dicen en su editorial del 6 de julio (“Fraude en la FIFA”): la política también lo es. Donald Trump y Gianni Infantino son sus máximos negociantes. Ellos no solo dinamitan la credibilidad de Estados Unidos y de la FIFA, sino que se aprovechan de ellas para enriquecerse más y más, como cualquier mafioso: las entradas son las más caras de la historia; el italiano ha inflado el campeonato con 48 selecciones y 104 partidos para exprimirlo financieramente y ha contado para ello con la interesada cooperación del presidente procesado.
Esto es asqueroso, pues el fútbol mantiene los altos índices de popularidad pese a todos los abusos que sigue cometiendo su jefe en contra de la gente del fútbol y pese a la injerencia trumpista en sus decisiones. Con la colaboración higiénica de dos países tan dignos como México y Canadá, en suma, para Trump e Infantino el fútbol es antes negocio que deporte: “es una cueva de jeques y millonarios y mafiosos y oportunistas varios que nos necesitan… para que la vaca más sagrada siga dando sus tsunamis de leche” (Caparrós, 2026).
Vaca que es lo más importante de las cosas menos importantes y que Borges ubica como un juego estúpido. También Kipling se burló del fútbol y de las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan. Pero Camus afirmó que todo lo que sabía sobre los hombres lo aprendió del fútbol. Concuerdo con esa afirmación, dado que es la puesta en escena del drama de los seres humanos en este mundo, y lo que él espera de sus directivos y de los presidentes es que la política sea el verdadero arte de gobernar con pulcritud y transparencia para que este apasionado drama humano, codiciado, encuentre deleite y progreso. Porque, pese a Borges y Kipling, el fútbol, como inteligencia en movimiento, es la única religión que no tiene ateos; la única que ha congregado a dos o tres mil millones de personas en un mismo momento. “Es el deporte que más se parece a la vida; no solo enfrentamos a un enemigo, sino a fuerzas irracionales y perversas”.
Sea como sea, cada cuatro años un balón universal rueda. Ahora esta esfera tornasolada está rodando en tres países en medio de enormes tensiones por fraude e injerencia. Tensiones agravadas por el hecho de que USA es la sede principal y de que Trump tiene todo el bárbaro protagonismo, con la colaboración del relajado italiano arrodillado ante el imperio. Definitivamente, ellos son los vampiros de la política y del fútbol.
Dairo Elías González Quiroz.
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