Publicidad

¿A dónde irá realmente la educación del próximo Gobierno?: respuesta al maestro De Zubiría

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Cartas de los lectores
02 de julio de 2026 - 05:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Leí con atención la columna del maestro Julián de Zubiría (en adelante JDZ) sobre la educación en el próximo gobierno del presidente electo Abelardo de la Espriella. Dado el respeto que le profeso al maestro, debo con franqueza indicar que su texto está escrito más en tono de oposición que académico. Empieza con una falacia ad hominem: descalifica al nuevo presidente por no haber estudiado ni escrito sobre educación, con el objeto de reducir su credibilidad. Deduce el rumbo del país de las simpatías internacionales del mismo, no del análisis de programa de gobierno.

Vayamos al programa. La tesis del maestro JDZ es que el nuevo gobierno privilegiará lo privado y debilitará lo público, pero eso no es cierto; por lo menos de la lectura juiciosa de sus propuestas no es posible concluirlo. Lo que hay es un plan para construir mil colegios con conectividad, universalizar la primera infancia y conectar a internet a 700 escuelas rurales. Podría tenerse reparos respecto de su financiación, y yo mismo los tengo, pero llamar a eso “debilitamiento de lo público” es describir el programa por el infundado temor del maestro más que por lo que dice.

De acuerdo con el Laboratorio de Economía de la Educación de la Javeriana, con cifras del SIMAT, entre 2015 y 2025 el país perdió 920.728 estudiantes de básica y media, y el 81 % de esa pérdida fue del sector oficial. Pese a ello, JDZ pronostica un debilitamiento de lo público sin advertir que la crisis que describe ya empezó en el Gobierno Petro, y cuya causa no es la educación privada, que también pierde matrícula, sino la deserción, la falta de pertinencia y el descuido de la ruralidad. El debate de fondo sigue siendo el mismo, entre lo público y lo privado, y el maestro lo plantea como si hubiera que escoger entre defender la educación pública o entregarla al negocio del privado, una falacia más denominada falso dilema. La UNESCO ha reiterado la necesidad de que los actores estatales y no estatales en educación sean vistos como un solo sistema, esto es, el sistema mixto, que la misma Constitución de 1991 quiso.

Donde sí le pido rigor es en la de dar por cierto, sin probarlo, que apoyar lo privado se hará a costa de lo público. Termino con la frase que más parece preocupar al maestro: “Meter a Dios en las aulas”. Una lectura inicial de la afirmación del presidente electo parece más a catequesis, pero señala algo más profundo. Kant demostró que la razón no puede demostrar ni refutar la existencia de Dios, igual que no puede demostrar si el universo es finito o infinito. Sin embargo, en la escuela enseñamos el infinito en los números y el tiempo, y dejamos de hablar de Dios como ejercicio de pensamiento. Meter a Dios al aula no vulnera la laicidad, no es adoctrinar, es abrir los horizontes del pensamiento, no limitarlo, es recuperar una de las preguntas más fértiles del pensamiento humano.

Andrés Felipe Bedoya Cárdenas, secretario de Educación del Tolima.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.