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La profecía autocumplida de la negligencia

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23 de abril de 2026 - 05:00 a. m.
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A propósito del editorial del 16 de abril, titulado “La necesaria eutanasia de los hipopótamos”. Que maten hipopótamos debería importarte más de lo que crees, incluso si estás de acuerdo con que la eliminación es la mejor salida.

Existe una gran discusión sobre la solución, pero la mayoría se queda en la superficie. El punto no es si hay que intervenir o no sobre la población de hipopótamos —en eso hay consenso—; la gran pregunta es: ¿por qué nadie hizo nada a tiempo?

Tenemos un problema real y una supuesta voluntad para resolverlo, pero muy poca acción. Se han propuesto alternativas como la translocación o la esterilización, pero, a pesar de las reiteradas declaraciones que prometían priorizar soluciones no letales, no se ha avanzado en nada tangible.

¿No les parece familiar este ciclo? Se ignora el problema, este crece sin control, la sociedad hace constantes llamados de atención y las instituciones miran hacia otro lado... hasta que la situación se vuelve insostenible. Es entonces cuando surgen las soluciones radicales como una necesidad, en las que alguien termina pagando con sangre.

El problema no es solo si matan hipopótamos o no; es la negligencia de un Estado en el que siempre terminan pagando los más indefensos. Ejemplos no faltan en nuestra historia: estamos llenos de medidas letales que pretenden tapar la inoperancia institucional.

La ridiculización y las amenazas que han sufrido los defensores animalistas durante estos días funcionan como la cortina de humo perfecta: evitan que nos hagamos las preguntas lógicas. ¿Dónde estaban las CAR cuando solo había 20 individuos? ¿Qué ha pasado con el presupuesto de todos estos años destinado al manejo de ecosistemas?

El debate parece reducirse a disparar o morir, pero, tomando las palabras de Niemöller, el peligro real es una inacción estatal que se ha vuelto costumbre; y, si hoy permitimos que se resuelva con la muerte como sistema, el día de mañana nos tocará a nosotros y no quedará nadie para alzar la voz ante la injusticia.

¿Hasta cuándo vamos a seguir pagando los errores del Estado con sangre?

Esteban Acevedo

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