Empieza el editorial del 24 de agosto, titulado " Otra vez violencia en el fútbol", diciendo que “es desgastante tener que escribir un editorial sobre este tema de manera periódica. Una vez más, las canchas del fútbol colombiano se convirtieron en el espacio para una batalla campal entre hinchadas de dos equipos”. Y, del mismo modo, podría decirse que es desgastante tener que polemizar, buscar soluciones y proponer, de manera periódica, para solucionar la situación. Sin embargo, creo que la solución está en tener autoridad y no en ser políticos. Cuando digo autoridad, me refiero a ser capaces de enfrentar a los grandes poderes y no doblegarse a sus exigencias. No es aumentar penas, no es penalizar a todo el que sea sorprendido agrediendo a otro. Las leyes ya están hechas. Es tener claro cuál es el papel del gobernante, en estos casos, de los alcaldes.
Empiezo por recordar que el fútbol es un negocio privado, que tiene muchas manchas y del que no sabemos a ciencia cierta cuál es el cumplimiento de todas las normas (legales, tributarias, etc.). La prueba está en que la Dimayor y la Federación se han negado a reconocer lo planteado por la asociación de futbolistas, Acolfutpro. Lo legal no ayuda a los intereses de los dueños de los clubes. Al espectáculo, tal vez lo mejoraría. Pero, y no hay que buscar muy lejos ejemplos, existe un tráfico de personas, llámense, por ejemplo, jugadores a prueba, y se compran y venden como mercancía. ¿Quién, de las autoridades que ha tenido posibilidades de hacerlo, se ha confrontado con esto?
El espectáculo es privado, paga un arriendo irrisorio porque, de lo contrario, perjudica el negocio; los clubes piden y les dan (¿acaso la selección paga impuestos en Barranquilla?); exigen seguridad porque a ellos les es muy costosa y, como en este caso del sábado entre Santa Fe y América, la responsabilidad es de los policías; el control de acceso, del que hablaré a continuación, debe prestarlo la Policía. Todo, los demás. Los clubes, solo la taquilla.
Un control de acceso, hoy en día, es muy fácil de lograr. Empezar por la carnetización de los hinchas, a cargo de los clubes, para tener un doble registro de ingreso. Doble porque se puede hacer con un lector de cédula el ingreso. Máquinas de rayos X y/o detectoras de metales (cada día más precisas) en los accesos. Control sobre la boletería expedida (como en las aerolíneas, hay sobreventa). Control a los expendios internos (por donde ingresan muchos de los elementos prohibidos). Y otra gran cantidad de medidas que reducirían los inconvenientes.
Pero vuelvo a la pregunta: ¿quién está interesado en que esto pase? Un negocio privado, lucrativo, subsidiado por el Estado, que genera pasiones, ¿por qué dañarlo?
Realmente, la solución es autoridad, pero de verdad. No leyes. ¿Y cómo exigirlas cuando el que dirige eso, en un arrebato de “usted no sabe quién soy yo”, agrede a quienes controlan el ingreso en un estadio fuera del país? Con ese ejemplo, ¡siquiera en el Campín no hay ductos de aire acondicionado!
Alberto Marroquín
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