A propósito del editorial del 8 de agosto, titulado “Las prioridades del nuevo presidente”. “Ser el presidente de todos los colombianos” nunca será una promesa: es un mandato constitucional, al igual que el ejercicio y la existencia de la “oposición”, que es un elemento fundante de la democracia como peso al contrapeso para garantizar frenos y controles.
Respecto de la percepción en seguridad, la propuesta del nuevo gobierno parte de un diagnóstico errado que, sin mencionar su línea base, coloca en la existencia de más de 27.000 actores armados ilegales. Este número es el producto de estadísticas acumulativas de todas las formas de lucha y de violencias. El relato coloca la línea base muy alta para que el ejercicio del monopolio de las armas, a cargo del Estado, a partir de un número singular de operaciones, resuelva la cifra y se presente como un logro o como una “victoria temprana”, sin necesidad de diálogos de paz.
En mi condición de ciudadano de la mal llamada “Colombia profunda” y que, por razón de mis ocupaciones, debo movilizarme por amplios territorios, doy fe de no toparme con ninguno de esos 27.000 fusiles que dicen estar en manos de insurgentes, y esto viene pasando hace años. Por lo cual, es posible afirmar que los campamentos, las cuadrillas y los grupos terroristas no existen como sí ocurría antes del proceso de paz de 2016. Se usó el discurso del miedo, el cual caló en las ciudades demográficamente más pobladas y, con apoyo de la desinformación, logran el cometido de elegirse ondeando una bandera de la guerra que es más mediática que real.
El discurso de la descentralización es confundido con el concepto de lo que realmente va a ocurrir, y es una desconcentración con delegación en las regiones y municipios. La puesta en escena de dicha propuesta es un nuevo sofisma de distracción para cautivar incautos, tanto en candidaturas regionales como en masa de votantes, frente a las próximas elecciones regionales de 2027, y así evitar las derrotas comunes que reciben quienes llegan al Gobierno nacional prometiendo milagros y, luego de transcurrido el primer año de gobernanza, son calificados en las urnas por su falta de compenetración con la realidad de lo local. Esta propuesta de descentralizar funciona con incremento sostenido de transferencias económicas, pues la transferencia de las responsabilidades se actualizó desde 1991.
La correspondencia de la “batalla cultural”, orientada al sincretismo religioso por la puesta en escena de oradores, predicadores y clérigos de diversas religiones, envía un mensaje que busca unificar desde la fe hacia una “patria milagro”. Sin embargo, es menester aclarar que el origen de los milagros es dual y su duración es temporal o para siempre; los temporales son de la esencia del Ku Klux Klan; los milagros para siempre son de la esencia de Dios y “de Dios nadie se burla”.
Las prioridades del nuevo presidente no fueron esbozadas en su discurso de posesión, ya que lo primero y fundamental que debe hacer es defender ante los tribunales la elección, que a mi parecer seguirá en entredicho.
Antonio José López García
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com