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Algo sorprendido, leí la columna “La corrupción como tema de campaña”, del lector Enrique Uribe Botero. A la vez que concuerdo con el doctor Uribe en cuanto al grado inusitado de corrupción que vemos hoy en Colombia, también debo decir que todo el que haga uso de buena memoria —más que de la razón—, sabe que desde que Colombia es Colombia, la corrupción es el tema típico de cada discusión de política del país. Igual, suele ser el asunto genérico en las agendas académicas políticas del grueso de países en Occidente, de México a Italia; de Canadá a Argentina.
Al parecer, lo que las personas honestas de este mundo llamamos “corrupción” es para demasiados ciudadanos de ese mismo mundo, un know-how, un método político, y seguramente, un estilo de vida. Por eso, más que denunciar ese lugar trillado que obviamente las personas honestas no entendemos del todo, necesitamos propuestas de largo plazo ante esa práctica.
Digan lo que digan las encuestas, mi apuesta en primera vuelta va entonces por Sergio Fajardo, pues como lo constatamos los asistentes al lanzamiento de su propuesta educativa en la Universidad Minuto de Dios, el candidato de Dignidad y Compromiso ha formulado un esquema programático en el que la educación servirá para prevenir la corrupción en cada joven colombiano, en lugar de castigar a quien la ejerce pues la normalizó en su entorno cercano.
Desde el partido de Jennifer Pedraza y Jorge Enrique Robledo, corregiremos con educación esa estructura de precariedades que conducen a la aceptación social de la corrupción, más que castigarla como si se tratara de un aspecto coyuntural. Basándonos por eso en esquemas como los de las bioeconomías del pajareo y el cacao, educaremos a jóvenes capaces de salir adelante en la vida, sin ventajismos. Con Fajardo a la cabeza, conformaremos el país de los ciudadanos del futuro: un país educado, y capaz de ganarse el pan sin trampas.
Ricardo Andrés Manrique Granados.
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