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Sobre debates presidenciales y la salud en Colombia

Cartas de los lectores

24 de abril de 2026 - 12:00 a. m.

Un debate presidencial desde “El Espectador”

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Recibo con total agrado su propuesta de hacer debates entre los candidatos a gobernar en reemplazo del actual mandatario, Gustavo Petro Urrego. Es sano, y no voy a redundar sobre todas las razones válidas que se expresan en su editorial del domingo 12 de abril, titulado “La ausencia en los debates le hace daño a la democracia”.

Sin embargo, creo que faltó la propuesta de un diario respetado y respetable como El Espectador, para que lidere y lleve a cabo la convocatoria, contacte a los candidatos, proponga y logre el consenso en cuanto a reglas claras, objetividad y neutralidad en la conducción de un ejercicio tan importante para la democracia, y cuya moderación no sería mejor que con don Fidel Cano Correa, periodista respetable y con suficiente credibilidad en todos los sectores, prenda de garantía también para evitar “moderaciones” penosas, como la reciente de El Tiempo, evidentemente partidistas, ideologizadas y, como en otros casos, con rechazo hacia ciertos candidatos, incluso desde lo personal, normalmente y como coincidencia de otro espectro político evidente.

Es necesario, de manera no negociable, que se establezcan normas absolutamente claras en cuanto al respeto a la persona de los candidatos. Es bien sabido que, por ejemplo, Iván Cepeda, como lo ha manifestado y pedido, no asiste estrictamente por esa razón; se los dijo claro a Juan Roberto Vargas y María Alejandra Villamizar, postura que algunos compartimos. Pues, como lo vemos también como estrategia, solo se ataca a una corriente, a un presidente o a un candidato, generando odios, miedos infundados y acusaciones evidentemente calumniosas, sacadas de contexto, distorsionadas o adicionadas sin mayor sustento ni reparo. Y lo peor: de lo que más se adolece es de la falta de propuestas que el país sí urge conocer.

Jackson Camacho Hernández

La salud de la salud

Tras leer el editorial del 19 de abril, titulado “La salud de los colombianos no parece ser la prioridad”. La salud es un bien vital, intransferible e impostergable; es unidad con el ser-persona. Por ello, es un acto inmoral y un hecho punible cuando quienes velan por su tutela la convierten, por conveniencias, en un asunto de intercambio y consumo político.

El presidente Gustavo Petro, su ministro Guillermo Alfonso Jaramillo y el nuevo superintendente, con el abordaje político, ahondarán las consecuencias en la prestación del servicio de salud, ya calamitosa, aumentando muertes y cronicidades patológicas.

Abogar por reflexión y bondad en corazones revanchistas y resentidos es tarea ardua. Quien o quienes ven la vida como enemiga y el amor como debilidad tienen el escudo de la inclemencia y el cinismo. ¿Qué hacer?

Emel Jiménez Ochoa

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