El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Sobre el cuatrienio de Petro, la posesión de De la Espriella y el nuevo mandato

Cartas de los lectores

19 de agosto de 2026 - 12:00 a. m.

Esperanza tras el cuatrienio de Petro

PUBLICIDAD

El editorial del 6 de agosto, titulado “El nefasto cierre de un presidente que decepcionó”, se ajusta a la realidad de este nefasto cuatrienio. Además de los casos de corrupción, tenemos el debilitamiento de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional. Uno de los tantos problemas de este Gobierno es el de la inseguridad. Tengo la esperanza de que, con este nuevo Gobierno, nuestro país mejore.

Jorge Garzón Hernández

Ante el nuevo mandato

Saludo su editorial del viernes 7 de agosto, en el que busca establecer las líneas del periódico “ante el nuevo mandato”. Pero creo que se queda corto al fijar su posición frente al talante claramente reaccionario de muchas de las propuestas de Abelardo de la Espriella, como quedó claro en su alocución de posesión. Pareciera como si El Espectador estuviera sufriendo el síndrome de la novia enamorada que acepta ir al altar con su pareja, quien ha mostrado rasgos machistas y maltratadores, con la esperanza de que “va a cambiar”, cuando se sabe que no lo hará.

Álvaro Zerda Sarmiento

Posesión y folclor

La posesión del presidente electo Abelardo de la Espriella dejó varios aspectos para analizar: una ceremonia en un auditorio donde el presidente del Congreso y el secretario se veían extraños, fuera de lugar, sacados de su recinto natural, el Capitolio Nacional; los invitados, con estricto traje de corbata oscuro, en medio de los 32 grados de temperatura de Cali, donde la lucha contra el calor se volvió prioritaria; y la alfombra roja, que hizo parecer la ceremonia de posesión una mala copia de la ceremonia de los Óscar.

La presencia religiosa, con un rabino, un pastor y el arzobispo de Cartagena, quien, eso sí, dio un discurso muy centrado; en fin, fue una muestra del folclore de Abelardo. La posesión del cargo fue lo de menos: la parafernalia y la pompa, aminoradas por el asfixiante calor, reemplazaron la importancia de la ceremonia civil. Y Abelardo, para rematar, hizo un acto digno del mago Fabriani: desapareció en mitad del acto y apareció en el Batallón Pichincha. Prestidigitador resultó el hombre.

Rodolfo Alberto Vanegas Pérez

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.