Las huellas del abuso
A propósito del editorial del 22 de abril, titulado “La pederastia en la Iglesia exige verdad y reparación”. El daño que no se ve en las víctimas que sufren es mucho más profundo e impactante de lo que se estima. Preguntémonos: ¿cómo se modifica la neurogénesis y la plasticidad en un niño o adolescente abusado? ¿Cómo cambian y se modifican las estructuras cerebrales en un niño o adolescente que ha sido abusado?
El abuso remodela la sinaptogénesis; en otras palabras, las capacidades ejecutivas, perceptivas, sensoriales y de procesamiento se desincronizan debido al dolor y al sufrimiento del ser-persona sometido a vejámenes.
El ser-persona abusado, especialmente cuando el abuso proviene de alguien que representa la fe espiritual, como un sacerdote, ve trastocada su dimensión trascendente, así como sus valores y creencias, lo que modifica ostensiblemente su corteza prefrontal e hipocampal.
Los sacerdotes pederastas, junto con los jerarcas que los protegen, destruyen no solo una vida, sino también un espíritu; por ende, sufre toda la sociedad.
Emel Jiménez Ochoa
Periodismo sin credibilidad
Tras leer el editorial del 24 de abril, titulado “Federico Gutiérrez censura y esconde la piedra”. Petro decepcionó, de eso no hay duda, y el llamado “gobierno del cambio” no fue tal. En medio de corrupción, escándalos y desorden, empieza su etapa final. Pero no fue lo único que no estuvo a la altura: el periodismo de los grandes medios de comunicación mostró una faceta perversa de parcialidad y prepotencia que rayó en el descaro.
Hubo dos casos que merecen analizarse. La periodista Vanessa de la Torre, en las últimas semanas, protagonizó episodios muy cuestionables. En el caso del presunto acoso sexual de José Alfredo Vargas y Ricardo Urrego, no dudó en defenderlos, dejando de lado a la presunta víctima. También fue protagonista de un video en el que aparece en una fiesta con miembros del Centro Democrático y personas influyentes. Y esta semana realizó una entrevista a María Fernanda Cabal en la que la trató como una heroína.
Lo insólito es que Vanessa de la Torre realizó estas actuaciones sin mostrar prudencia alguna, casi de forma desafiante. El periodismo de los grandes medios en Colombia se ha convertido, prácticamente, en un actor político que interviene abiertamente, apoyando a figuras de poder.
La pregunta es: ¿esto es periodismo o servilismo? ¿Se está recibiendo una información veraz y objetiva?
Roberto Alberto Vanegas Pérez
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