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Demonizaron la edad

Cartas de los lectores

23 de diciembre de 2020 - 10:00 p. m.

Soy lectora de El Espectador desde mi temprana adolescencia, tengo 30. Mi continuidad como público se debe a la imparcialidad que les es posible tener a sus publicaciones. Antes que nada, reconozco lo que se ha hecho en términos de defensa de los derechos de la mujer y el trabajo frente a la inclusión y acción de la juventud en sus recientes formatos digitales, como La Pulla, por ejemplo.

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Me encontré con un artículo titulado “Las arrugas, un enemigo silencioso”, que no falló en causarme molestia. En él las arrugas, que son un resultado natural de vivir, se consideran un enemigo. Contribuciones a la demonización del envejecimiento y de la vida son partículas que se adhieren a la bola de nieve que ha aplastado históricamente la temporalidad de vivir siendo una mujer. ¿Por qué temporalidad? ¿Y del ser mujer? Porque cuando se le pone una fecha de vencimiento al cuerpo femenino (generalmente, los 33 años), la mujer en el imaginario colectivo pierde su esencia luego de pasar esta “recta final”. Queda reducida a cenizas sociales. Lo crean o no, no hace falta investigar mucho.

Artículos sin calidad literaria o investigativa que no aporten al crecimiento del conocimiento, tal como este, demonizan la naturaleza, le estampan un sello de “se vence” a la mujer y, por supuesto, se suman a los cientos de razones que tienen hombres de 36, 55, 60 o 65 cuando justifican que nunca saldrían con una mujer mayor de 30 años.

Artículos como este hacen que una mujer se vea al espejo por la mañana y tenga plena seguridad de que algo anda mal con ella. Con su cara, con su cuerpo.

Artículos como este hacen que una mujer joven compre compulsivamente productos que no pueden detener lo inevitable. La normalidad.

Entiendo que El Espectador contiene publicaciones de entretenimiento vago, dirigidas al saber vacío. Ese no es el mismo público que lee en detalle sus notas de cultura, noticias y política. Precisamente es por eso que me tomo la libertad de escribir mi descontento y decepción. Tengo la certeza de que dicho contenido podría estar bien posicionado en sinsentidos como la revista TVyNovelas, justo al lado de un anuncio promocionando una faja en la que se ha enmorcillado a una modelo bellísima que jamás usaría un producto como ese.

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Si bien al final hay un párrafo mediocremente escrito y citado en el que dice que lo importante es amarse a sí mismo, el daño ya está hecho con el título y con el 85 % de su contenido.

Por favor, no enciendan más el estigma que estamos tratando de apagar desde hace siglos.

Daniela Aranguren

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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