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Por medio de la presente, deseo expresar mi profunda preocupación y rechazo formal frente al contenido y el tono de la columna de opinión titulada “El idiota y el genocida: Trump, Netanyahu y la guerra que Washington terminó librando”, publicada recientemente en su medio.
Si bien soy un defensor de la libertad de prensa y del derecho a la opinión crítica, considero que este texto cruza fronteras éticas que ponen en riesgo la función social del periodismo por las siguientes razones:
1. Uso de lenguaje deshumanizante
El autor utiliza sistemáticamente epítetos como “idiota”, “psicópata genocida”, “ogro torpe” y “criminal sanguinario”. Este tipo de adjetivación no contribuye al debate de ideas, sino que deshumaniza a las figuras públicas mencionadas. El periodismo de opinión debería elevar el juicio crítico, no reducirse al insulto personal que degrada la dignidad humana, principio que debería ser transversal a cualquier publicación de El Espectador.
2. Riesgo de incitación a la hostilidad
Al calificar a mandatarios extranjeros como “monstruos” o “criminales” en un contexto de alta sensibilidad geopolítica, el artículo deja de ser un análisis para convertirse en un relato que puede ser interpretado como una justificación para la violencia. En un mundo hiperconectado, presentar a líderes como “amenazas apocalípticas” puede alimentar discursos de odio en audiencias radicalizadas, movilizando sentimientos que trascienden la crítica política hacia la hostilidad física o el fanatismo, de hecho quiero recordarles que por este mismo tipo de lenguaje, tuvimos problemas de nuestro presidente actual con el presidente de los Estados Unidos, lo que nos ha costado pérdidas millonarias, aranceles y casi un conflicto internacional donde claramente el perdedor siempre vamos a ser nosotros, el lenguaje lo es todo y puede ser usado para bien o para mal.
3. Falta de rigor en el juicio de valor
Aunque la columna se ampara en la subjetividad del autor, tildar de “genocidio” o “terrorismo” acciones que aún están bajo escrutinio de organismos internacionales, sin el debido matiz jurídico, desinforma al lector bajo el manto de la opinión. Esto erosiona la credibilidad de su periódico como un espacio de información veraz y equilibrada.
4. Responsabilidad social en el contexto colombiano
Colombia es un país que ha sufrido décadas de violencia alimentada por la polarización y el lenguaje incendiario. Permitir que desde las páginas de un diario de referencia se valide el insulto y la estigmatización extrema como forma de análisis político contradice la necesidad de construir una cultura de paz y respeto por la diferencia, es doloroso ver este lenguaje en un diario que casi desaparece precisamente por el impacto de las palabras.
A Guillermo Cano lo asesinaron y a su sede le pusieron una bomba porque sus escritos tenían el poder de movilizar al país contra el crimen. Ustedes vivieron en carne propia cómo el lenguaje puede marcar a una persona como ‘objetivo’. Por eso, ver que hoy permiten insultos como ‘psicópata’ o ‘idiota’ para referirse a líderes mundiales es alarmante: deshumanizar al otro es el primer paso para justificar la violencia, y no quiero decir que Trump u otro presidente sean objetivos del colombiano de a pie por leer una nota de este tipo, sino que los objetivos se vuelven otras personas que tal vez piensen alienados o no alineados a los pensamientos políticos del momento y una ola de violencia se alimente por estas cosas.
Un periódico que ha sido mártir de la intolerancia debería ser el principal guardián del respeto y la altura en el debate público
Petición: Solicito respetuosamente que esta queja sea evaluada por la Defensoría y que se analice si el artículo cumple con el Manual de Estilo y el Código de Ética de El Espectador. Asimismo, agradecería una respuesta pública o una nota aclaratoria sobre los límites del lenguaje en las columnas de opinión de su diario.
Cordialmente,
Rafael A. Parra.
R del D: Muy valiosa reflexión, Rafael, y por eso procedemos a publicarla en su integridad para animar el debate y la reflexión de nuestros colaboradores. Frente a la pregunta puntual, empero, debo decir que ese texto no incumple con los límites, mínimos, que se exigen a las contribuciones de opinión, que para ser absolutamente libres requieren el menor límte posible. El insulto hace parte de la libertad de expresión, y los colaboradores de opinón son libres de usarlos. Otra cosa sería la incitación directa al uso de la violencia o discursos de odio específicos y cosas por el estilo. Eso, sobra decirlo, no quiere decir que promovamos o sean de nuestro gusto ese tipo de lenguajes, pero eso también es parte de la libertad que tienen los colaboradores de opinión en este periódico, no de ahora, siempre ha sido así.
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