El país de las maravillas

¿Nada que hacer?

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Salvo el confinamiento anticipado, se ha hecho todo mal en esta pandemia. Desde lo político y normativo hasta lo comunicativo y pedagógico. Tal vez eso explique el caos, como el día sin IVA, cuyos efectos no desaparecerán, así el Gobierno y el comercio se lo achaquen alegremente a la población.

La primera equivocación fue comunicar desde el miedo y la amenaza, con cálculos veleidosos, afectando el subconsciente. La primera reacción fue de obediencia, pero el “incumplimiento” de proyecciones de contagio y muerte generó, subliminalmente, descreimiento, sensación de engaño y rebeldía manifiestos en contradicciones inexplicables de consumismo, riesgo o agresividad contra médicos o científicos.

La segunda fue apostar por plazos cortos sin justificaciones claras o soluciones, que minaron la confianza social.

La repetición mecánica y la acumulación de contenidos insulsos terminaron por distanciar a la gente, encerrada en burbujas de prejuicios, exaltados con imágenes de lo que pasa en otros países, sin contexto de tiempo, chocando con la percepción ciudadana de su propio entorno, acentuando la desconfianza y dando lugar, vía posverdad, a la anomia, la conspiracionitis y las reacciones instintivas.

No habría nada que hacer si seguimos reducidos a la propaganda gubernamental. Mucho, si la idea es comunicar con pedagogía, cultura ciudadana, valores comunes y comportamientos colectivos ejemplarizantes, didácticas lúdicas y entretenidas, zanahoria y garrote coherentes, y autoridad legitimada y apegada al derecho.

Hacen falta más imágenes y menos palabras; más arte y música, y menos retórica; más sencillez y menos populismo; más presente y menos distopías; más héroes duraderos y menos manipulación; menos selección natural individual y más solidaridad como especie; menos reflejos condicionados con cifras y más espacios reflexivos con contexto.

Hay que invertir la proporción: menos pantalla y más calle para el Gobierno, y más pantallas y más casa para los ciudadanos. Menos paternalismo sin fondo y más acciones participativas y de reconocimiento mutuo. Si el Gobierno no puede, medios y academia tienen la palabra.

@marioemorales y www.mariomorales.info

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