Por: Carolina Botero Cabrera

Nos están derrotando, necesitamos cambiar de estrategia

Cuando miremos un periódico con las noticias del 3 de julio de 2018 veremos en portada que la selección Colombia perdió el partido de octavos de final contra Inglaterra en el Mundial de Rusia. Justo debajo estarán los relatos sobre el asesinato, ese mismo día, de nueve personas en varios sitios del país. Difícil no hacer eco a las palabras de Alberto Salcedo para pensar en la verdadera derrota que estamos viviendo. 

Mientras la selección Colombia se preparaba para su juego el pasado martes, siete cuerpos de campesinos aparecieron en zona rural de Argelia, Cauca. Durante el partido, mataron en su casa a Luis Barrios Machado en Atlántico y, no sé si antes durante o justo después, dispararon y asesinaron a Felicinda Santamaría en Chocó. 

Esta jornada de tragedia sucedió tan solo un par de semanas después de que fuera publicado el informe por la paz de la Oficina Internacional de los Derechos Humanos - Acción Colombia (Oidhaco) y Taula Catalana titulado “Cómo protegemos a quienes defienden los derechos humanos en Colombia”. En este informe se lee que desde que se firmó el Acuerdo de Paz con las Farc disminuyeron la violencia y víctimas del conflicto. Sin embargo, siguen matando a quienes defienden los derechos humanos. 

Desde enero 1º de 2016 al 27 de marzo de 2018, estas organizaciones contaron 282 muertos. La mayoría de estas personas eran líderes comunales en sus regiones; en su gran mayoría los asesinados fueron hombres. A un gran número de estas personas las han matado sicarios (les apuntan con un arma y van en motos). En pocos casos se ha identificado a los responsables, pero en los que se sabe algo se habla principalmente de grupos paramilitares. Vergonzoso, indignante, inaceptable.

El informe sugiere fortalecer las medidas de protección para los líderes sociales. Recomienda, por ejemplo, que se desarrollen enfoques diferenciales para los diferentes grupos poblacionales y pide que las medidas se apliquen en forma consensuada. También propone revisar los mecanismos de protección, pues creen que en ocasiones las medidas colectivas pueden ser más eficientes que las de protección individual. Además, recomienda a la Unión Europea mantener el acompañamiento a la implementación del Acuerdo de Paz. 

Las autoridades nacionales deben tratar este problema no como hechos aislados sino como un problema sistemático, tal y como lo proponen Oidhaco y Taula Catalana. La sistematicidad de esta violencia también puede buscarse en el uso de redes sociales y tecnología en general. Es necesario analizar si estas personas han estado sometidas a seguimientos ilegales o irregulares de sus comunicaciones, independientemente de quién realiza este seguimiento. Por ejemplo, aumentan las denuncias de personas en redes sociales que notan cómo algunos de sus contactos anuncian que están recogiendo los nombres de los “seguidores de Petro” para “boletearlos”. En estas circunstancias, y cuando incluso se habla de “buenos muertos”, no podemos tomarnos a la ligera la posibilidad de que se estén formando listas de personas por razón de sus preferencias políticas expresadas en redes sociales.

A pesar de que cada caso requiere una evaluación concreta, creemos que hay que pensar en incluir en las medidas de protección capacitaciones para proteger las comunicaciones personales y mejorar prácticas en relación con el uso de redes sociales, celulares, correos electrónicos y chats. Todo ello con aproximaciones diferenciales que den cuenta, como sugiere el informe, de las diferentes realidades. Un tema que ha sido desconocido hasta hoy en las políticas de seguridad digital del Estado y que no da más espera. Investigar y reaccionar a la violencia en línea, al uso de las redes sociales y de comunicaciones digitales como un instrumento para perpetrar amenazas es también una tarea urgente.

Además de condenar las muertes, hay que proteger a quienes, agobiados y perseguidos, han conseguido vivir. Proteger a quienes defienden nuestros derechos y a quienes lideran comunidades vulnerables supone no solo que no les maten, sino que obliga también a asegurarnos de que puedan trabajar de forma libre y segura. 

Mientras escribía esta columna mataron a Ana María Cortés en Antioquia (QEPD). Velatón Nacional el 6 de julio a las 6:00 p.m., #VelatónPorLaVida, porque #NoEstánSolos.

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