Por: Luis Guillermo Ordóñez
Golpe de cabeza

Siempre serán campeones

Los atentados terroristas y carros bomba en Colombia parecían cosa del pasado, pero el jueves, en la Escuela de Cadetes General Santander la violencia volvió a recordarnos que somos un país en guerra.

Un conflicto armado de muchas décadas, en el que el deporte ha sido el mayor pretexto para unir a la nación gracias a las hazañas internacionales de nuestros atletas, lo que no implica que ellos o sus familias no sean directamente afectados por esa lucha irracional por dinero, poder o tierras, de la que no hemos podido salir.

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Nueve de las víctimas, muchachos llenos de talento e ilusiones, eran deportistas. Desde muy niños comenzaron en el alto rendimiento en las ligas de atletismo, taekwondo, voleibol y fútbol de los departamentos de Valle, Antioquia, Tolima, Córdoba, Santander y Meta.

Pero salieron de sus regiones porque se dieron cuenta de que difícilmente vivirían del deporte. En Colombia apenas en el fútbol, el ciclismo y en casos contados de otras disciplinas se puede hablar de profesionalismo.

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Sin embargo, la actividad física sí les sirve a muchos de ellos como trampolín para proyectarse en otras actividades. Esos nueve estudiantes que aspiraban a convertirse en oficiales y hacer una carrera en la Policía estaban becados por representar a la institución y a las Fuerzas Armadas, que les brindaban todas las facilidades para continuar entrenando. De otra manera no hubieran podido pagar y seguir sus estudios.

Los lanzadores Cristian Camilo Maquillón y Alfonso Mosquera Murillo; el semifondista Alan Paul Bayona; los voleibolistas Juan Felipe Manjarrez, Jonathan Efraín Suescún y Fernando Alonso Iriarte; el taekwondista Óscar Javier Saavedra y los futbolistas Diego Alejandro Molina y Steven Prada tenían como espejo al marchista nariñense Luis Fernando López, intendente de la Policía y campeón mundial, quien pasó por esas mismas aulas en las que ellos se preparaban.

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Pero sus nombres ya no saldrán en los titulares de las secciones deportivas. En el mejor momento de sus vidas, con 22 años en promedio, la absurda violencia se los llevó. Los esgrimistas Carlos Osorio, Annie Rivas y Andrés Fuentes también resultaron heridos en el atentado, pero por fortuna tendrán una segunda oportunidad para pelear por sus sueños, que eran los mismos de sus compañeros caídos, quienes para el país deportivo siempre serán campeones.

 

 

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