Por: Cartas de los lectores

Sobre los “ambientalistas extremos”

En varias reuniones del Colectivo Regional de Apoyo a “Vía Campesina” hemos encontrado necesario discutir acerca de los conceptos ambientalistas que Ramiro Bejarano ha expresado en la serie de columnas publicadas en El Espectador bajo el título “Ambientalistas extremos I-VII”.

(Le puede interesar leer las columnas de Ramiro Bejarano: "Ambientalistas extremos", "Ambientalistas extremos II", "Ambientalistas extremos III", "Ambientalistas extremos IV", "Ambientalistas extremos V", "Ambientalistas extremos VI" y "Ambientalistas extremos VII").

Tanto Bejarano como otros comentaristas de prensa han invalidado, como extremistas y fundamentalistas, las reflexiones, actitudes y movilizaciones sociales que han intentado impedir prácticas sociales, económicas y gubernamentales que, para nosotros, son calificables como ambiental y socialmente destructivas. Esta última calificación no es extrema ni es fundamentalista por muy variadas razones así:

1. Todo uso del territorio, para que pueda ser considerado racional o adecuado debería proyectarse y realizarse sólo cuando las mediciones de los beneficios sociales, culturales, económicos, ambientales, etc., sean superiores a los costos y por lo tanto su impacto se pueda considerar positivo para la sociedad.

De su serie de columnas se desprende que toda inversión, por el hecho de movilizar capital financiero, organizacional, intelectual, etc., es, per se, positiva, y que toda acción que se le oponga es ambientalmente extremista y genera inseguridad jurídica para los inversionistas.

Pues resulta que no es así, por cuanto todos los indicadores de deterioro ambiental y desvalorización de la riqueza real, que puede ser la riqueza natural, están al alza en el planeta (por ejemplo, ver Costanza, R., d'Arge, R., De Groot, R., Farber, S., Grasso, M., Hannon, B., ... & Raskin, R. G. (1997). The value of the world's ecosystem services and natural capital. Nature, 387(6630), 253-260. Y Costanza, R., de Groot, R., Sutton, P., van der Ploeg, S., Anderson, S. J., Kubiszewski, I., ... & Turner, R. K. (2014). Changes in the global value of ecosystem services. Global environmental change, 26, 152-158.) y en el país. Para tratar de alcanzar nuestro objetivo pedagógico y político, le rogamos se responda las siguientes preguntas:

¿Crece la calidad del aire en el mundo, en el país, o en nuestras ciudades? ¿Crece la calidad del agua en el mundo, en al país, o en nuestras ciudades? Y el suelo, señor periodista formador de opinión, el suelo que somos, y que produce el alimento que nos mantiene, ¿no es verdad que está en deterioro creciente? Y todos los demás ecosistemas naturales, fuente de todos los bienes y servicios ambientales de que depende toda la humanidad, ¿crecen o disminuyen? Y la selva tropical, tan determinante de los equilibrios planetarios, ¿crece o disminuye? ¿Y las diversidades? La biótica, la cultural, la genética, etc., ¿crecen o disminuyen?

2. Todo uso del territorio es local, pero los impactos de ese uso son potencialmente globales. De lo anterior se desprende que la objeción social, económica, política, cultural, ambiental, etc., a un uso territorial determinado debe partir, desde luego, de las movilizaciones ciudadanas en las localidades en las que se pretenda dicho uso.

De esta manera, en términos de seguridad jurídica para la vida, nada es tan importante en Colombia hoy en día como el respeto a la Constitución, en cuanto esta hace de la territorialidad municipal el escenario principal de la gestión del territorio y la sociedad. Habrá que hacer ajustes, sin duda, pero la norma de oro para la acción ambiental seguirá siendo “Pensar Global y Actuar Local”.

En la columna “Ambientalistas Extremos VII”, se queja, además, de la imposición que unas pocas personas de la localidad le hacen a la mayoría nacional. El asunto de la democracia no es para nosotros un asunto de número de votantes, sino la expresión crítica libre de todos los ciudadanos que tengan opinión acerca de cada asunto. En cuanto se refiere a la gestión del territorio, pensamos, las decisiones y la acción deberán estar en manos de quienes viven el territorio.

Estamos en desacuerdo, por lo tanto, con los contenidos de política pública que se deducen de esa serie de columnas y con el Proyecto de Ley específico que cursa en el Congreso para reglamentar las consultas y centralizar y tecnocratizar cada vez más la gestión del territorio y la sociedad.

Guillermo Yépez J. Coordinador, Colectivo Regional de Apoyo a “Vía Campesina”.

Envíe sus cartas a [email protected].

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