Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Transmilenio: diésel, lo más caro

Hay que hacer bien las cuentas al definir la licitación para la compra de los buses nuevos de Transmilenio. El bus diésel, que puede ser el más barato por unidad, es el más costoso tanto para la ciudad como para los usuarios de Transmilenio. En una contabilidad bien hecha, se deben incluir los altos costos económicos asociados a los nocivos efectos que tienen las emisiones de los buses diésel sobre la salud de los usuarios. Como lo ha señalado el Departamento Nacional de Planeación, el costo de la contaminación atmosférica en Bogotá es cercana al 2,5 % del PIB de la ciudad y genera el 10 % de las muertes. La administración de la ciudad tiene la obligación de hacer bien las cuentas.

En 2016, Atmospheric Environment publicó una investigación realizada por las universidades de Cincinnati, Los Andes y La Salle, que generó importantes alarmas respecto a la pésima calidad del aire que respiramos los usuarios de Transmilenio en Bogotá, ya que la perversa combinación de la mala calidad del combustible, la altitud de Bogotá y el diseño de algunas estaciones genera gran contaminación.

La gravedad de la situación fue tema de los recientes artículos publicados por El Espectador: “¿Qué aire se respira en Transmilenio?” (marzo 22/2018) y “Transmilenio: ¿perjudicial para la salud?” (marzo 26/2018). Este último cuestiona, con muy buenos argumentos, los prepliegos de la licitación actual que no exige al menos una parte de buses a gas o eléctricos.

El uso del bus diésel se está prohibiendo en muchas ciudades europeas y será suspendido completamente en el mediano plazo. En Madrid y Barcelona, donde el diésel es Euro VI, las nuevas adquisiciones de buses para transporte público exigen motores a gas o eléctricos. En Alemania se están invirtiendo más de US$1.000 millones para la migración de diésel a motores eléctricos en los buses, y varios tribunales están estudiando la posibilidad de prohibir la circulación de motores diésel en las ciudades alemanas con altos niveles de contaminación. Sobra decir que en varios puntos de nuestras ciudades colombianas los niveles de contaminación son hasta ocho veces mayores que los más altos de Alemania.

Con las medidas que está tomando el gobierno Chino, en breve, Pekín tendrá una calidad del aire mucho mejor que la de Bogotá o Medellín. En 2019, el 80 % de la flota de buses y el 100 % de las motocicletas tendrán motor eléctrico. En Pekín, ya está prohibida la venta de motocicletas con motor de combustión fósil para circular en la ciudad. Para no irnos tan lejos, en Ciudad de México también se está disminuyendo el uso de buses diésel y migrando a eléctricos y de gas. Es inaceptable que la licitación que define el futuro para los próximos diez años en Bogotá fomente el uso del diésel. Adicionalmente, en nuestro caso, si los buses son Euro VI pero utilizan diésel Euro IV, se descomponen rápidamente y agravarán el problema. ¡Planifiquemos e iniciemos la migración a gas y eléctricos! Para los ciudadanos resulta menos costoso; es salud y vida. ¡Acabemos con la ancestral costumbre de comprar lo que es basura en otras latitudes!

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Coca ≠ cocaína

Árboles urbanos y calentamiento global

Parques nacionales y producción sostenible

Sol y viento para el nuevo Gobierno