Vacunas sí, pero con estudios completos

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En respuesta al editorial del 22 de noviembre de 2020, titulado “Con el arribo de las vacunas, a frenar la desinformación”.

Estrictamente hablando, este no es un antieditorial, porque no estoy en desacuerdo con el contenido del editorial del domingo 22 de noviembre. De hecho, la campaña contra el movimiento antivacunas debe ser sólida, constante y masiva.

Pero en medio de tantas verdades que escribieron, se les coló una frase potencialmente peligrosa: “Cada una de las empresas que han venido anunciando los resultados de sus pruebas lo hizo después de largos estudios, que cumplieron con estrictas metodologías y respetaron la rigurosidad que exige el método científico. En síntesis, son seguras”.

La verdad es que esto no lo sabemos todavía. Lo suponemos, pero sin la publicación de los resultados de las investigaciones completas y un cierto tiempo de seguimiento a los participantes en los estudios, no podemos saber el verdadero balance de riesgo-beneficio de las vacunas.

El sistema inmunológico es extremadamente complejo y las dos vacunas más adelantadas usan plataformas de vacunación que nunca se han usado en humanos. Lo que sabemos de las vacunas eficaces y seguras, actualmente, es de aquellas hechas con virus vivos atenuados o con segmentos de proteínas del microorganismo que inducen la respuesta inmune. Todas ellas, además, probadas durante años de experimentación y seguimiento de su respuesta en seres humanos. Nada de eso lo tenemos ahora con el COVID-19, ni lo vamos a tener en unos años.

Lo menos que esperamos son los resultados completos de las investigaciones, publicados en revistas científicas que sigan con rigor el proceso editorial. Lamentablemente, aún eso no es suficiente para conocer la verdadera eficacia y seguridad a largo plazo de las vacunas, pero es mejor que simplemente tener comunicados de prensa.

Ni siquiera la aprobación de la FDA es garantía de seguridad, porque ya los hemos visto aprobar sin sustento alguno el uso de hidroxicloroquina, de plasma fresco de convalecientes, de anticuerpos monoclonales que cuentan solo con estudios de fase II (el famoso Regeneron del presidente Trump) y del Remdesivir, sobre el cual los estudios de la OMS han generado suficiente duda acerca de su verdadera eficacia.

En resumen, rotundo sí a las vacunas, sin ninguna duda, pero cuando tengamos estudios que verifiquen cuáles son verdaderamente eficaces, con un riesgo de efectos adversos lo suficientemente aceptable como para que las apliquemos masivamente.

*M.D., M. Sc., Ph. D., FACP.Profesor del Departamento de Medicina Interna, Facultad de Medicina, Universidad de Antioquia.

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