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17 Jul 2021 - 2:00 a. m.

Elecciones 2022: en sus marcas… ¿listos?

La campaña presidencial para 2022 empieza a sentirse. Hay más candidatos que nunca. ¿Qué necesitan para sobrevivir? El primer paso será la depuración de nombres.

Rodrigo Pardo* /Especial para El Espectador

En 10 meses, el 29 de mayo de 2022, se celebrará la primera vuelta de las elecciones para elegir presidente y vicepresidente.
En 10 meses, el 29 de mayo de 2022, se celebrará la primera vuelta de las elecciones para elegir presidente y vicepresidente.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Esta semana estuvo movida en materia de campañas presidenciales. Todas lo son, se podría decir, sobre todo después de la abolición de la reelección presidencial, pues la brevedad de los mandatos presidenciales conduce a que la campaña para escoger al sucesor del regente comience tan pronto como se instala su gobierno. Esas volvieron a ser las reglas de juego después de las reelecciones de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos. El país regresó al régimen de campaña permanente que regía antes.

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Y revivieron, también, otras de las costumbres que existían antes de 2002. Una de ellas le daba una posición preferente, en cada campaña, a quien había sido derrotado en la competencia anterior. Varios de los que llegaron a la Casa de Nariño, antes de Uribe y Santos, habían participado antes en una campaña y habían perdido. Ahora parecería que ese régimen volvió, pues en la primera línea aparecen los que disputaron con Iván Duque la presidencia y fueron derrotados por él. Es decir, en la competencia no solo se selecciona al próximo mandatario, sino a los siguientes protagonistas del juego político.

Las encuestas (con diferencias entre ellas) indican que Gustavo Petro y Sergio Fajardo están peleando los primeros lugares. Petro llegó a segunda vuelta en la última elección y el exalcalde de Medellín estuvo a punto de hacerlo. Los dos punteros han tenido altibajos. Más duros los de Fajardo, que en los últimos meses ha venido cayendo de manera coincidente con un proceso que le lleva la Fiscalía por supuestas irregularidades en un contrato suscrito durante su alcaldía. Pero está en la lucha. También confirmando la regla que dice que los excandidatos son futuros candidatos, aparece Ángela María Robledo, compañera de fórmula de Petro hace cuatro años.

Esa norma no escrita -que los derrotados en la última elección arrancan con favoritismo en la siguiente- abarca nombres de aspirantes que no despegaron en 2018, pero que ya hicieron el curso para la edición 2022. Ni a Germán Vargas ni a Humberto de la Calle se les ven hoy las ganas de hace cuatro años y, paradójicamente, hoy tienen una posición mucho más sólida y les va mejor en las encuestas. ¿Volverán a la carrera?

Y hay nombres que no participaron la vez pasada, pero que, por el camino de una trayectoria respetable en el sector público, se ganaron un puesto -de los de adelante- en la fila: Juan Fernando Cristo, Juan Carlos Echeverry, Jorge Enrique Robledo y Juan Manuel Galán. Aunque todos tienen camino recorrido y amplio reconocimiento, la compleja situación del momento los tiene dudando sobre si presentarse a nombre de un partido con trayectoria, o una fuerza nueva, o una coalición. Tienen más clara la intención que la forma de ir por ella.

Y los verdes. Son la fuerza de moda, después de avances significativos en las últimas elecciones, y se benefician por una cada vez menos atractiva imagen de los partidos tradicionales. Con figuras de arraigo local -Carlos Andrés Amaya, Camilo Romero, Antonio Sanguino, Jorge Londoño, Iván Marulanda y Sandra Ortiz- tienen oportunidades para afianzarse como la nueva fuerza de la política y continuar en un ascenso que impresionó, sobre todo, desde hace cuatro años. ¿Lograrán mantener la tendencia para desplazar a los partidos tradicionales?

Hay otros fenómenos llamativos. Como el de los exalcaldes Enrique Peñalosa (Bogotá), Federico Gutiérrez (Medellín) y Álex Char (Barranquilla). La de ellos es una alianza -o acercamiento- curiosa, pues todos llegaron al gobierno de sus ciudades por vías diferentes, con discursos, filiaciones partidistas y propuestas distintas. Compartieron los años de administración, cada uno en lo suyo, y salieron a la vez con prestigio y con ganas de seguir. La pregunta es cómo coordinar tres campañas distintas, sin partidos ni reconocimiento por fuera de sus lugares de origen. Pero están en la pelea y se les notan las ganas.

Y otra gran pregunta: el uribismo. Varios de los miembros de la bancada -María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Paola Holguín, María del Rosario Guerra- y de fuera del Congreso -Rafael Nieto- tienen ganas declaradas. Pero el hecho de haber sido grandes electores en las últimas contiendas contrasta con nuevas realidades que los afecta negativamente. La imagen del expresidente, por ejemplo, está en su punto más bajo en años. Hasta se ha planteado la posibilidad de algún tipo de alianza electoral con otras fuerzas. Habrá que esperar para conocer la estrategia que adopte un líder -Uribe- y su partido, que si algo ha demostrado es su habilidad para reinventarse y encontrar nuevos rumbos. ¿Con qué saldrá esta vez? La resurrección política de Óscar Iván Zuluaga fue una buena noticia, para él -en busca de reivindicación- y para la colectividad, necesitada de un camino y de un buen candidato. No se sabe aún cuál va a ser el método para seleccionar formalmente al abanderado.

La suerte de los partidos tradicionales también está en juego. Aunque mantienen un impacto regional, ninguno de los dos tiene un candidato competitivo para la presidencia. El expresidente César Gaviria ha aparecido poco, como si estuviera estudiando la situación. En el conservatismo hay precandidatos con trayectoria -Juan Carlos Echeverry, Mauricio Cárdenas, David Barguil, Efraín Cepeda-.

¿Será que los partidos tradicionales se olvidaron del juego en el nivel presidencial? ¿Está cerrado el juego de alianzas? ¿Se unirán rojos y azules, cada uno por su lado, a algún otro colectivo? ¿Sorprenderán con algún nombre? ¿O con algún sistema para encontrar un abanderado con capacidad de competir? En cualquier caso, tendrán que convencer a la opinión pública de que son capaces de cambiar su posición de los últimos años, en la que han sido protagonistas en la batalla por el Congreso, pero han estado ausentes de la competencia por la presidencia. ¿O seguirán igual?

Y, como siempre, la pregunta clave: ¿sobre qué será esta elección? Todo indica que no será sobre el conflicto interno, como han sido la mayoría en el pasado. Y la economía, tan golpeada por la pandemia del coronavirus, a pesar de sus problemas ha perdido terreno en las encuestas. Tampoco hay partidos con capacidad demostrada para arrastrar mayorías por simple simpatía y afiliación. Y el único líder con arrastre propio -Gustavo Petro- polariza al electorado: los que lo admiran y los que le temen.

El primer paso de la competencia suele ser una depuración de nombres. Hay demasiados competidores en la arena. La primera será inmediata y no será sencilla. Pero lo que falta hasta la primera vuelta, el 29 de mayo del año próximo, promete ser incluso más difícil y competido de lo que han sido las elecciones en el pasado.

* Exministro y periodista.

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