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11 May 2022 - 2:00 a. m.

John Milton Rodríguez, el pastor que quiere ser presidente de Colombia

A sus 53 años, se reafirma como “provida” y “defensor de la familia”. Dice que ser cristiano no lo habilita para ser un buen político, pues “el cristianismo es una convicción en el corazón de cada persona”.

Margarita Solano Abadía / Especial para El Espectador

Rodríguez es senador por Colombia Justa Libres y líder de la iglesia Misión Paz a las Naciones.  / Gustavo Torrijos
Rodríguez es senador por Colombia Justa Libres y líder de la iglesia Misión Paz a las Naciones. / Gustavo Torrijos
Foto: GUSTAVO TORRIJOS

Lo llaman “senador”, en la clase política colombiana; “John Milton”, algunas personas de su círculo cercano; “Candidato”, su equipo de campaña, con el que recorre los departamentos del país promocionando su candidatura a la Presidencia. Pero cuando lo llaman “pastor” es cuando se siente más cómodo, como más le gusta que lo nombren, pues dice que es el llamado que tiene del Señor “hasta que él lo llame a su presencia”.

Sentado en un restaurante de Santa Marta, con una guayabera de manga larga y audífonos blancos del mismo color, recuerda que no siempre fue cristiano porque su padre, antes de morir en un trágico accidente de tránsito, le repetía que Dios no existía, que era una burla, que era el mejor invento de los hombres. Que su progenitor rechazara a Dios tenía un motivo oscuro. Antes de que John Milton naciera, su papá era seminarista. Quiso ser sacerdote católico, pero intentaron abusar de él y la historia del prometedor cura dio un giro de 180 grados. A John Milton le tocó un papá ateo, que rechazaba la religión católica y abrazaba el comunismo.

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Tenía seis años y medio, era el mayor de cuatro hermanos y ya era huérfano de padre. El niño mayor de la familia Rodríguez tenía pensamientos muy difusos sobre la religión y no recuerda tener ningún propósito en su infancia. ¿Bombero? No quería ser. ¿Policía? Tampoco. ¿Superhéroe? Menos. Sin propósitos ni sueños infantiles, John Milton llegó a la mayoría de edad conservando un secreto suicida.

“Si yo a los 21 años no tengo claro que quiero hacer con mi vida, hay que acabar con ella porque no tiene sentido”. El pensamiento suicida de un adolescente sin propósitos lo calmó Norman Vincent Peale, pastor de Nueva York (Estados Unidos) y autor de un libro exitoso y duramente criticado por científicos estadounidenses en los años 80 titulado: El poder del pensamiento positivo.

Peale había creado una clínica para pacientes religiosos psiquiátricos sin tener credenciales profesionales para hacerlo y sus técnicas fueron cuestionadas por expertos de la salud mental por considerarlas peligrosas y fraudulentas. John Milton evaporó sus deseos suicidas estirando la oreja detrás de su recámara para escuchar El poder del pensamiento positivo. En su humilde morada, ubicada en un barrio de invasión llamado La Reforma, en la comuna 20 de Cali, el joven se puso tres metas.

“Quiero ser un empresario, quiero ser un profesional y quiero casarme joven”. John Milton fue consiguiendo sus tres querencias de atrás para adelante. A los 19 años se casó con Norma Stella Ruiz, con quien procreó a cuatro hijos: Giselle, Diana, Kelly y John Esteban.

Después vino el decidir entre ser economista, abogado o ingeniero; ganó el último. Se graduó de Ingeniería Industrial en la Universidad Autónoma de Occidente, hizo un diplomado en Finanzas y es magíster en Gestión Pública de los Andes, de Bogotá. También es doctor honoris causa en Psicología Familiar de la Universidad Amazing Grace, de Estados Unidos.

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“A los treinta años, Dios me hizo un llamado para ser pastor”, le dice a El Espectador y agrega que así inició la Iglesia Misión Paz a las Naciones. También tuvo su era de empresario. Hoy dirige una iglesia protestante que arrancó con cuatro personas y que ahora alberga a 25.000 fieles en un terreno de trece hectáreas, donde se desarrollan catorce programas sociales y realiza una entrega anual de un millón de raciones de alimentos a los grupos más vulnerables de Cali.

En 2011, John Milton Rodríguez dio otro paso empresarial y social importante: fundó la Corporación Universitaria para el Desarrollo Empresarial y Social (CUDES), espacio académico que ofrece carreras de calidad con becas a todos sus estudiantes, según su estrato socioeconómico, para beneficiar mayoritariamente a los jóvenes de los estratos 1 y 2 del Valle del Cauca.

Pero fue en 2018, durante una entrevista radiofónica, cuando agregó una cuarta meta a las tres cumplidas: ser presidente de Colombia.

Ser el primero

Al pastor John Milton Rodríguez le gusta el término “meritocracia” y quizá por eso siempre aspiró a ser el primero. En los colegios Los Ángeles del Norte y Coomeva, donde cursó la primaria, y en el Pío XXII, donde hizo el bachillerato, ocupó siempre los primeros lugares por su desempeño académico. Lo volvió a hacer cuando hizo una carrera técnica industrial en la nocturna, mientras trabajaba de día lavando carros o empacando mercados en Súper Ley en Cali.

En bachillerato probó el sabor de la pobreza extrema. Una fuerte crisis económica familiar llevó a los Rodríguez a buscar instituciones educativas que fueran acordes con la nueva realidad. Pero John Milton siguió conquistando los primeros puestos académicos. En ese entonces comenzó a ganar concursos de contabilidad, costos, presupuestos y finanzas, que lo enrutaron en la universidad para graduarse y obtener uno de los mejores promedios como ingeniero industrial. “Ser bueno en lo que hacía sí lo tenía claro”.

Hace 16 años, comenzó su activismo social y en 2017 le pidieron que liderara el proceso político del partido Colombia Justa Libres, en representación de organizaciones cristianas, educadores y algunas víctimas del conflicto armado. Encabezando la lista al Senado, John Milton Rodríguez se convirtió en congresista y ahora sueña con ser el primero en la carrera presidencial de 2022, aunque, por primera vez, su nombre no aparece al inicio de las preferencias.

¿Qué le promete un pastor a Colombia?

Para el pastor John Milton Rodríguez, el desarrollo de la familia es fundamental. Por eso cree en el respeto de la autonomía de cada una de las doce millones de familias colombianas en la formación de sus hijos y que el Estado las acompañe en momentos de crisis. Propone “centros de atención familiar presenciales y virtuales”, con terapeutas, sociólogos y académicos, para que acompañen a los miembros de la familia en momentos de dificultad, como depresión, violencia intrafamiliar o drogadicción, entre otros males.

El desarrollo social es su segunda apuesta. Educación, salud y atención a grupos vulnerables. Trabajo en equipo para atender temas educativos, capacidades institucionales con colegios privados y públicos para brindar infraestructura que permitan que todos los niños y jóvenes tengan acceso.

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En materia de salud, propone que todos los colombianos sean atendidos en el área de emergencias con solo presentar su cédula de ciudadanía. Que cuando el médico general requiera un especialista se le asigne de manera inmediata, sin esperar cuatro o cinco meses para que suceda, como pasa hoy.

En el área económica, el pastor propone “regiones prósperas” para atender de forma regional el tema del desempleo y superar los efectos pospandémicos, que tienen sin trabajo al 12 % de los colombianos. De igual forma, plantea echar para atrás el impuesto del cuatro por mil.

En prevención social de la violencia, Rodríguez sugiere regresar a los barrios para que aparezca el concepto del buen vecino y se impulsen actividades lúdicas, de solidaridad, de la mano de organizaciones sociales para recuperar la sana convivencia. Cuando se le pregunta por la paz, responde que trabajará para que la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) les cumpla a las víctimas y que los desmovilizados tengan la oportunidad de resocializarse en Colombia con garantías. “Trabajaré para que ningún terrorista de la cúpula guerrillera vuelva a estar en el Congreso”, recalca.

Y se despide poniendo una palabra para definir otra.

¿Dios?: mi prioridad.

¿CUDES?: pasión.

¿Gustavo Petro?: peligro.

¿Sergio Fajardo?: tibieza.

¿Colombia?: mi causa.

¿Juventud?: oportunidad.

¿Violencia?: pasado (corrige), enemigo.

¿Izquierda, derecha o centro?: Colombia.

¿Aborto?: provida.

¿América o Deportivo Cali?: el mejor equipo, Deportivo Cali.

La codicia por el voto cristiano

Dicen por ahí que la relación entre la Policía y la religión huele mal. A John Milton Rodríguez no le huele a nada y reconoce que ser cristiano no lo habilita para ser un buen político, “porque el cristianismo es una convicción en el corazón de cada persona”. Sin embargo, algo les huele bien a varios candidatos a la Presidencia, que reconocen en el voto cristiano una de las joyas de la corona.

En la última década, los creyentes en Cristo en el mundo casi se cuadruplican. Según las estadísticas del centro Pew Research Center en Washington, en 2050 serán aproximadamente 2.900 millones de fieles. Si las religiones cristianas —que incluyen a los católicos, protestantes, evangélicos, pentecostales, adventistas y testigos de Jehová— ubicaran a todos sus fieles en un país serían el más poblado del mundo, desplazando a China.

Según el reporte de Cristianismo Global, citado por El Colombiano, el 85 % de la población colombiana es cristiana y eso explica por qué sus votos podrían ser decisivos para las elecciones que se avecinan. Se calcula que en el país hay cerca de nueve millones de cristianos, alrededor de 12.000 iglesias y que por lo menos cuatro millones y medio de ellos podrían participar en la primera vuelta presidencial del 29 de mayo.

John Milton termina de almorzar en un hotel de Santa Marta. Luce sereno. Entonces le vuelvo a preguntar: ¿cómo le gusta que lo llamen? ¿Senador? ¿John Milton? ¿Candidato? ¿Pastor? “Soy pastor, me gusta que me llamen pastor”.

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