La victoria más grande que ha alcanzado Claudia López fue la Alcaldía de Bogotá. En 2019, con un discurso que inició con una dedicatoria a las niñas, las mujeres y “las familias hechas a pulso”, recibió la victoria en la contienda por la jefatura de la capital colombiana. Hoy busca un resultado similar, pero a nivel nacional. Es una de las cuatro mujeres candidatas a la Presidencia y su meta es reunir al centro que, a la fecha, no ha podido poner presidente ni consolidarse para tener una apuesta común el próximo 31 de mayo.
Hace siete años, logró reunir 1’097.728 apoyos, venciendo a figuras como el hoy alcalde Carlos Fernando Galán. Todos venían, de una u otra forma, apadrinados, pero consolidó una votación que la dejó como la primera mujer —y la primera “de orientación sexual diversa”, como ella misma lo dijo en ese momento— en llegar a la jefatura de la capital colombiana por voto popular. El contraste es alto con el resultado de las consultas interpartidistas del pasado 8 de marzo.
La Consulta de las Soluciones, que muchos vieron como un mecanismo “hecho a su medida”, tuvo un respaldo menor que el esperado. Ella, la ganadora, obtuvo menos apoyos de los que tuvo cuando se lanzó a la Alcaldía (574.670), pero es de las únicas que ha tenido una votación similar en las urnas y por ello es que insiste que su búsqueda por la Presidencia —acompañada por Leonardo Huerta, su único contendor en la consulta, como fórmula vicepresidencial— no es gratuita, y su experiencia la respalda.
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“Yo no vengo aquí de primípara”, le dijo a El Espectador cuando lanzó su campaña.
Lo cierto es que su vida ha estado atravesada por la política. Quienes la conocen la describen como una persona aguda, brillante y espontánea. Son cualidades que comenzó a demostrar desde que tenía 19 años y tuvo la que sería, quizás, su primera victoria en las urnas.
Fue el movimiento de la Séptima Papeleta por el cual el país escuchó por primera vez el nombre de Claudia López, nacida en 1970 de una madre que era profesora. Aunque creció queriendo ser médica, e incluso obtuvo una beca para irse a vivir a Polonia, la caída del muro de Berlín la llevó a quedarse en Colombia y convertirse en líder estudiantil en Bogotá.
En 1989, junto con figuras hoy conocidas como la directora de la Misión de Observación Electoral —de la que López hizo parte después como miembro fundadora—, Alejandra Barrios; el exministro del Interior Fernando Carrillo; la abogada Catalina Botero; el exconcejal Fabio Villa; y el escritor Óscar Guardiola-Rivera, formó un movimiento estudiantil que decantaría en la Constitución de 1991. A esa edad, apareció en noticieros impulsando la votación en ese mecanismo.
Su salto a la política no ocurrió inmediatamente. Antes de eso, fue directora del Departamento Administrativo de Juntas de Acción Comunal en Bogotá, alcaldesa local de la localidad de Santafé y trabajó en el Ministerio de Vivienda. Fue en 2004 cuando puso el ojo sobre el Congreso y comenzó a denunciar las alianzas de la llamada “parapolítica”. En ese punto, afirmó que era legítimo hacer un proceso de paz con los “paras”, pero criticó cómo el expresidente Álvaro Uribe lo estaba haciendo.
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De allí salieron dos de sus libros: La ruta de expansión paramilitar y los cambios en el mapa político de Antioquia (2007), así como Y refundaron la Patria: de cómo mafiosos y políticos reconfiguraron el Estado colombiano (2010). Por sus investigaciones recibió amenazas y tuvo que salir del país en varias de esas ocasiones; el mismo expresidente Ernesto Samper la denunció por su columna en El Tiempo “La reinserción Uribista: del 8.000 al 64.000”, acusándola de los delitos de injuria y calumnia. Para 2011, el Juzgado 23 municipal de Bogotá la absolvió y, más tarde, el Tribunal Superior de Bogotá ratificaría la decisión.
En medio de eso conoció a la hoy senadora Angélica Lozano, quien es su esposa desde 2019, y fue, en ese tiempo, parte vital de su carrera política. El partido al que ambas pertenecieron, Alianza Verde, recorre parte de esa historia. En 2010, antes de que Lozano se convirtiera en la directora de la campaña de Antanas Mockus, al que reconocen como una figura de vital importancia en su trasegar político y ambas llaman “el profe”, ya López hacía parte de una posible lista de candidatos presidenciales de ese partido. Eso nunca se concretó, pero, como cuenta la misma senadora, sí trabajaron juntas en varias ocasiones cuando la congresista estaba en el Concejo de Bogotá.
“Ella ya estaba yendo y viniendo de Chicago, estaba empezando su doctorado. Vino en campaña y nos tomamos una foto para apoyarme, en mi campaña del Concejo”, le contó a El Espectador Lozano, quien además señala que fue el impulso de la misma López la que la llevó a lanzarse al Concejo.
En Semana Santa de 2012 sellaron su relación, en medio de los viajes para el posgrado en Chicago y la vida política en Colombia. La senadora todavía recuerda el preciso momento en el que ocurrió: “Entonces yo le dije, ‘¿quieres ser mi next?’. Y se quedó callada y me miró y me dijo que no. Y yo como que sudé frío, pero ella rompió el silencio y me dijo, ‘I will be your last’”.
Fue un año después que ambas buscaron llegar al escenario nacional. En 2013, López se inscribió oficialmente, después de haber sido afín a sus ideales por algún tiempo, en la Alianza Verde. Tanto ella como Lozano comenzaron a hacer campaña para el Congreso. La primera logró la votación para el Senado y la segunda se aseguró un puesto en la Cámara de Representantes. Allí sería el punto de inicio de una carrera, al menos oficial, en el escenario político.
En el Congreso fue donde inició, junto a Lozano, su apuesta anticorrupción. La consulta en la que votó la ciudadanía el 26 de agosto de 2018 en Colombia —con una diferencia de 400.000 votos para superar el umbral electoral que la hubiera vuelto jurídicamente vinculante— se construyó tras varios proyectos de ley que no prosperaron en el Congreso, con “tramoyas”, “cinismo” y “sin argumentos”.
El comité ciudadano “Siete veces sí” tuvo un apoyo mayoritario. Allí estuvieron, incluso figuras con las que hoy se disputa a nivel público y en las urnas. En una foto de ese momento se selló el respaldo que los entonces senadores Gustavo Petro —quien desde que asumió la Presidencia la ha acusado de haberlo “traicionado” en diversas ocasiones—, Armando Benedetti (hoy ministro del Interior), Iván Cepeda, Clara López (sus contendores a la Presidencia), y Antonio Sanguino (ministro de Trabajo), así como los representantes David Racero, María José Pizarro (hoy senadora y jefa de debate de Cepeda) y Ángela María Robledo (parte de la junta directiva de Ecopetrol).
Pero esa votación que muchos calificaron como histórica no logró superar el tercio del censo electoral necesario (12’140.342 en ese momento). El resultado fue agridulce, pero hoy lo recuerdan con orgullo. Incluso, consideran como un “absurdo” decir que con ese mismo proyecto impulsaron sus candidaturas a la Alcaldía y al Senado, respectivamente. Y recuerdan la campaña de López a la dirigencia de la capital colombiana como una decisión casi que a última hora y llegó después de ser la fórmula vicepresidencial de Sergio Fajardo a la Presidencia en 2018.
Fue unos meses antes de esa votación cuando Lozano le planteó la idea a López, la respuesta fue un “no”, tenían otras cosas en mente, tener hijos, que la entonces exsenadora terminara su posgrado. Pero su pareja insistió: “Hagamos una cosa. Usted sigue allá haciendo su tesis, pero nosotros aquí montamos la campaña. Si usted al final decide que sí, pues ya tenemos algo montado”.
Tras una votación que la catapultó al Palacio de Liévano, su plan de Gobierno tuvo cinco metas: tener un plan de seguridad contundente, aumentar las oportunidades de empleo y educación, disminuir el trancón, reverdecer a la ciudad y mejorar la calidad de vida. Varias de esas metas estuvieron en segundo plano por la pandemia de covid-19 que tuvo que asumir desde los primeros meses de su administración. En ese año, mantuvo un alto índice de aprobación, pues no bajó del 70 %, pero eso fue cambiando con el paso de su administración y para diciembre de 2023 tenía una desaprobación del 54 % (según la encuesta Invamer de esa fecha).
Parte de eso se debió a las críticas que recibió por su manejo de las protestas que marcaron su Alcaldía. Tras el asesinato de Javier Ordóñez el 9 de septiembre de 2020, que desató una ola de indignación y de manifestaciones ciudadanas, así como en el paro nacional de 2021, las denuncias por abuso y violencia policial fueron ampliamente reportadas. En ese tiempo, López respondió que nunca dio órdenes de disparar o utilizar armas letales y llamó los hechos de septiembre un “auténtico espectáculo de horror” y una “auténtica masacre”.
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Tres años después de haber dejado la Alcaldía, hay dos proyectos por los que se le recuerda. El primero la creación de las manzanas del cuidado, espacios públicos con servicios gratuitos para las mujeres y sus familias, que respondieron a esa meta de mejorar la calidad de vida de la ciudadanía, especialmente de las personas cuidadoras. El otro fue el metro, que le valió varias de sus peleas con el presidente Petro.
Aunque inicialmente apoyó que fuera subterráneo, López terminó jugándosela por avanzar con el modelo elevado, mientras que el actual primer mandatario insiste, hasta la fecha, en los planos que él mismo propuso cuando estaba en la jefatura de la capital. En ese momento, la alcaldesa aseveró que la Casa de Nariño se le estaba “atravesando” a Bogotá en proyectos de gran calibre. Entre ellos, el primer tramo del metro, que cuenta con una longitud de 23,9 kilómetros, que va desde el patio taller en Bosa hasta la calle 72 con la Avenida Caracas.
Se trata de una pelea que hasta el día de hoy sigue vigente y que no parece querer reducirse en medio de la contienda electoral. López se enfrenta al candidato del oficialismo, Iván Cepeda, pero también a la candidata del partido del expresidente Álvaro Uribe, Paloma Valencia, ambas fuerzas que ella misma ha dicho que han atravesado su trasegar político, en el que ha tenido como objetivo “derrotar al uribismo y al petrismo”.
Para su campaña a la Presidencia busca plantear tres acuerdos: por la seguridad y la gobernabilidad territorial; por la igualdad y la justicia social; y por el desarrollo regional sostenible sin corrupción. Llega, además, sin el apoyo de la estructura política por las que conoció sus grandes victorias en las urnas: renunció a Alianza Verde por el caso del saqueo a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd).
“Me voy porque [el partido] terminó cooptado y controlado por una minoría petrista que no representa ni honra los valores, prácticas y principios que he defendido y practicado en mi vida”, aseguró en su carta de dimisión a la colectividad.
Si bien se intentó una escisión de los verdes, esta terminó colapsando tras no contar con la votación necesaria en el mismo partido. Y es que, como lo contó El Espectador en ese momento, la posibilidad de que la exalcaldesa tuviera una importante participación en ese nuevo partido fue lo que terminó disolviendo las mayorías.
López luego tomaría la decisión de presentar el movimiento “Con Claudia Imparables” ante la Registraduría, dejando a un lado la estructura partidista que pudiera impulsarla en las urnas. Desde ese momento ha buscado integrar al centro político, pero no ha recibido los guiños esperados: Sergio Fajardo, quien la apoyó cuando se lanzó a la Alcaldía, se ha negado en dos ocasiones a acompañarla, incluso bajo la figura de fórmula vicepresidencial, y muchos creen que esto terminaría de atomizar los votos de un sector ideológico sin liderazgos claros.
De acuerdo con la última encuesta Invamer, con fecha de febrero, López sería la tercería en la primera vuelta, con un 11,7 % de la intención de voto, detrás de Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella. La cosa podría cambiar tras el 8 de marzo, la encuesta del Centro Nacional de Consultoría, publicada en marzo, la puso en el cuarto puesto (3,7 % de la intención de voto), por debajo de los punteros y Paloma Valencia.
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