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Él es Iván Cepeda, la víctima, el senador y el abanderado del petrismo para las elecciones

Iván Cepeda es el hijo de un senador asesinado, un defensor implacable de los acuerdos de paz, adversario de Álvaro Uribe y el símbolo de la continuidad de un proyecto político que prometió cambio y hoy está a punto de cumplir cuatro años cargados de cuestionamientos. Esta es la historia y el recorrido de uno de los favoritos para llegar a la Casa de Nariño.

David Efrén Ortega

25 de abril de 2026 - 08:05 a. m.
Perfil de Iván Cepeda, candidato presidencial 2026.
Foto: El Espectador
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Cuando pasaba en un bus por la Avenida Las Américas y a la altura del barrio Mandalay se chocó con la escena de su padre baleado y tendido sobre los asientos de su carro, Iván Cepeda Castro se convenció de que su propósito esencial sería buscar justicia. Ese martes, 9 de agosto de 1994, apareció un instinto que trazó su camino político, el mismo que lo tiene hoy, a los 63 años, en el tarjetón de la primera vuelta presidencial como el abanderado de una izquierda que quiere cuatro años más en el poder.

Para el momento del asesinato de su padre, Cepeda, de 31 años, ya había sido activista y parte de la Juventud Comunista Colombiana (JUCO). La militancia de sus padres en el Partido Comunista y los exilios en Checoslovaquia y Cuba, al igual que los estudios de filosofía en Bulgaria, habían forjado sus ideas. Sin embargo, hasta entonces se inclinaba por la vida académica y la investigación; fue la tragedia la que lo volcó a los discursos, las denuncias y movilizaciones.

El mismo día de la muerte de su padre, con una voz nerviosa y con la escena del crimen a sus espaldas, Cepeda le habló por primera vez al país. “Me acabo de bajar del ejecutivo y acabo de ver el carro; yo pensé que era un accidente automovilístico y entonces acabo de ver esta cosa tan terrible, así que yo le pido al país, le pido al presidente [Ernesto] Samper, a quienes tienen que ver con la justicia en Colombia, que hagan algo en contra de esta ofensiva contra los dirigentes de izquierda y que no quede este crimen impune, como el de tantos hombres justos y valientes que han peleado en este país”.

Al día siguiente de la muerte de su padre, creó la Fundación Manuel Cepeda, en honor a él y con el objetivo de investigar el magnicidio. “Quienes han asesinado a mi padre son aquellos que también han asesinado a 2.500 hombres que, como él, han dicho la verdad en Colombia”, aseguró entonces en un pronunciamiento frente al Capitolio Nacional. Durante los primeros años fue evidente su obsesión por el caso: buscó testigos, señaló a militares y paramilitares y participó en la fundación del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice).

Manuel Cepeda, padre del candidato Iván Cepeda.

Esa actividad lo convirtió en foco de amenazas que lo llevaron a un nuevo exilio en Francia, desde el 2000 y hasta 2003. Tras su regreso, en 2004 volvió al panorama nacional cuando en julio apareció en el Congreso, junto a su familia y con una fotografía de su padre, para protestar por la llegada al Salón Elíptico de los jefes paramilitares Salvatore Mancuso, Ramón Isaza y Ernesto Báez. “Vamos a hacer escuchar nuestra voz para exigir justicia, verdad y reparación frente a los crímenes que han cometido los grupos paramilitares en compañía del Estado”, dijo Cepeda ese día.

Durante aquella sesión también habló el entonces representante a la Cámara Gustavo Petro, hoy el presidente que encarna un proyecto de cambio empañado por peleas, baja ejecución y varios casos de corrupción, y a quien Cepeda busca suceder. “Estaban golpeando a una hija de una víctima porque trataba de sacar el retrato de su padre, para que fuera una voz silenciosa, la del senador Cepeda Vargas, una voz silenciosa que pudiera gritar en la barra, sin la televisión; nosotros también estamos presentes”, cuestionó Petro, quien más adelante se destacaría por sus debates sobre la parapolítica.

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En marzo de 2008, Cepeda lideró la marcha “Homenaje a las víctimas del paramilitarismo, la parapolítica y los crímenes de Estado”, que, según reportes de prensa de la época, movilizó a más de un millón de personas en todo el país, lo que le valió más visibilidad y fuertes críticas del gobierno de Álvaro Uribe Vélez. José Obdulio Gaviria, entonces asesor del presidente, tildó la marcha como “convocada por las Farc”.

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Ya para ese momento, Cepeda se había establecido como un férreo opositor de Uribe Vélez, quien por esos días empezaba a alentar la propuesta de una tercera reelección. En noviembre de ese mismo año, lanzó, junto a Jorge Rojas, “A las puertas del Ubérrimo”, un libro de poco más de 150 páginas que en su portada tenía a un Uribe de saco y corbata montando a caballo y en la contracara la promesa de una investigación sobre los lazos de los paras con empresarios y políticos en Córdoba.

Con ese recorrido y la popularidad que había ganado en la izquierda, Cepeda dejó de escribir una columna que tenía en El Espectador y saltó a la política electoral. En 2009 lanzó una candidatura al Congreso que al año siguiente le aseguró una curul en la Cámara de Representantes; llegó al Legislativo con 47 años y 35.000 respaldos ciudadanos. Su bandera fue la de los debates de control político, contra el Gobierno, los paramilitares, el despojo de tierras, entre otros temas.

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Iván Cepeda durante una audiencia del caso Álvaro Uribe.
Foto: Óscar Pérez

Fue en 2011 que el congresista cargó duramente contra el expresidente Álvaro Uribe y lo señaló, con testimonios de los exparas Pablo Hernán Sierra y Juan Guillermo Monsalve, de un supuesto vínculo con el Bloque Metro de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Ese episodio sería la génesis de una rivalidad que marcaría las carreras de ambos políticos y desataría decisiones inéditas de la justicia.

El nombre de Iván Cepeda siguió ganando notoriedad a nivel nacional y en 2014 duplicó y un poco más sus apoyos para saltar al Senado, avalado por el Polo Democrático, con 84.000 votos. A los pocos meses de haberse posesionado en esa corporación, el senador causó revuelo nacional con un debate que, nuevamente, apuntó contra su entonces compañero, el expresidente Uribe, a quien señaló de supuestos vínculos con los paramilitares y favores al Cartel de Medellín cuando fue director de Aeronáutica Civil.

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Fueron 92 minutos que agitaron a todo el país político y coparon las agendas de los medios y las redes sociales, pues en estas últimas se vivía un pulso intenso entre quienes apoyaban etiquetas como #DebateParamilitarismo, #UribeCobarde o #EstoyConUribe. El exmandatario, antes de salir del recinto rodeado por su bancada del Centro Democrático, calificó el debate como un “evento difamatorio promovido por el grupo terrorista de las FARC, sus aliados de siempre, los paramilitares, sus nuevos secuaces” e incluso señaló al presidente Juan Manuel Santos de estar detrás de todo.

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Ya para ese entonces Uribe había denunciado a Cepeda por supuesta manipulación de testigos, pero en 2018 todo cambió: la Corte Suprema de Justicia se abstuvo de investigar al segundo y compulsó copias contra el primero. Ese bumerán generó varios efectos. En 2020, Uribe fue enviado a detención domiciliaria durante 66 días, lo que a su vez generó su renuncia al Congreso y el paso del expediente a la justicia ordinaria. En 2024 fue llamado a juicio y en julio de 2025 fue condenado en primera instancia por soborno y fraude procesal. Ese mismo año, en octubre, el Tribunal Superior de Bogotá revocó la condena.

Más allá del contrapunteo judicial, ese caso disparó aún más las carreras de ambos. Uribe se metió de lleno en la búsqueda de un candidato que encarnara la bandera con el petrismo y el pasado 8 de marzo logró consolidar a Paloma Valencia. Cepeda superó en popularidad a varios alfiles del oficialismo y, tras ganar una consulta interna en octubre pasado y ser respaldado por la votación del Pacto Histórico en las legislativas, hoy es para muchos el candidato a vencer.

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En el transcurso de ese pulso con Uribe, Iván Cepeda se reeligió como senador en 2018, con 77.842 votos, y una vez en 2022, como parte de la lista cerrada del Pacto Histórico. Durante este tiempo también enfrentó un cáncer de colon en fase temprana, del que se recuperó luego de someterse a procedimientos quirúrgicos y a quimioterapias exigentes. En medio de la campaña, el tema de su salud ha sido comidilla de varios sectores, pero, según él explicó, no tiene ningún problema de ese tipo que le impida asumir la presidencia. “Cualquier duda sobre la salud de una persona sembrada con base a una especulación o rumor, genera representaciones falsas sobre la capacidad idónea para ejercer en forma óptima una función en la vida pública”, aseguró en un comunicado reciente.

El candidato Iván Cepeda junto a su formula vicepresidencial, la líder indígena Aida Quilcué.
Foto: EFE - Carlos Ortega

Durante los últimos años también han sido constantes los cuestionamientos a su posible cercanía con las Farc, esto debido a su mención en varios correos del computador de alias Raúl Reyes, jefe guerrillero abatido en 2008. En uno de esos mensajes se habla de la presunta coordinación entre el entonces activista e integrantes del grupo armado para la mencionada marcha de las víctimas del paramilitarismo; sin embargo, Cepeda siempre ha sostenido que se trató de un montaje y la Corte Suprema de Justicia no lo investigó al considerar que las pruebas son ilegales.

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Cepeda, férreo defensor del Acuerdo de Paz de 2016, también es cuestionado por la oposición debido a su rol en la llamada paz total del gobierno Petro, pues de hecho hizo parte de la fallida mesa de diálogos con el ELN. “A mí sí me gustaría que el papá de la paz total nos explique cómo este país tiene 40.000 homicidios. A mí que me explique por qué el secuestro ha crecido en más del 100 %, por qué todos los colombianos están siendo extorsionados”, cuestionó el 17 de marzo Paloma Valencia, una de las principales contendoras de la primera vuelta.

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Con cerca de 32 años de trayectoria, la mitad en el activismo y la otra como congresista, Cepeda buscará este 31 de mayo asegurar un cupo en la segunda o incluso, como apuestan en su campaña, ganar en primera. Detrás de él estará el Pacto Histórico, fuerza mayoritaria en el Congreso, además del guiño e influencia del actual huésped de la Casa de Nariño. A su lado irá Aida Quilcué, senadora y lideresa indígena nasa, quien hace parte de una estructura que lleva 55 años demostrando una gran capacidad de organización política: el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), pero que además aparece como el simbolismo de una mujer caucana indígena que se enfrenta contra Paloma Valencia, también caucana, pero de línea aristócrata.

En las más de 400 páginas de su programa de gobierno, Iván Cepeda ya dejó claro que quiere continuar con los cambios de Petro, que hará algunos ajustes, pero insistirá en impulsar la política social, la reforma agraria, la lucha contra la corrupción como fórmula para el problema fiscal, con una política de seguridad que no se base solo en la fuerza y con una constituyente, la misma que ha prometido el actual presidente, si antes se logran consensos o una suerte de acuerdo nacional.

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Por David Efrén Ortega

Periodista de la Universidad Javeriana. Tiene experiencia en el cubrimiento de política, paz y memoria. Premio CPB en la categoría de Medios Digitales.@davidortegasodortega@elespectador.com
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