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Miguel Uribe Londoño quiere llegar a la Presidencia como una tercera alternativa de la derecha en Colombia y buscando hacer frente a Paloma Valencia, la ungida del Centro Democrático, partido del que fue expulsado. Su meta principal es llevar las banderas de su hijo, el asesinado senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, a la Casa de Nariño con una apuesta en seguridad y crecimiento económico.
Dos tragedias han marcado una vida que se ha desarrollado entre la política y los negocios. Este paisa de pura cepa es hijo de Rodolfo Uribe Echavarría, empresario y exgobernador de Antioquia, y de Olga Elena Londoño. Su infancia se desarrollo entre números y banquetes políticos a los que asistía en las altas esferas de la sociedad antioqueña de los años 60 y 70 junto con sus siete hermanos.
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Su formación académica se dio, precisamente, en el mundo de los números. Siendo muy joven inició sus estudios en economía en la Universidad de Miami, donde pudo forjar un fuerte capital social del que aún goza. También cursó derecho en la Universidad de Los Andes y complementó sus estudios en administración, contabilidad financiera, análisis de crédito y estudios estratégicos.
La relaciones de su familia y la posición de su padre como gobernador de Antioquia entre 1978 y 1980 le dieron un impulso para que hiciera parte del gabinete del entonces presidente Julio César Turbay Ayala. Puntualmente en esa administración fue Secretario Económico de la Presidencia y fue durante esa labor que contrajo matrimonio con Diana Turbay, hija del presidente.
Al cierre de ese mandato, toda la familia Uribe Turbay se radicó de lleno en Bogotá, esto por los compromisos laborales de la pareja. De un lado, Diana ya ejercía como periodista mientras que Miguel Uribe sería nombrado como director de Proantioquia en Bogotá. Esa designación se produjo en 1982 y se extendió hasta 1984 con resultados positivos. Dos años después, rodeado de un círculo conservador sólido y acercándose a los bloques liderados por Álvaro Gómez Hurtado, tuvo su primera incursión en la política y se lanzó al Concejo de Bogotá. Su objetivo no tuvo frutos y lo repitió una vez más en 1988, esta vez con un ala diferente del Partido Conservador. Tampoco logró ser elegido.
En medio de ese paso a la política y fruto de la relación con Diana Turbay nació, en enero de 1986, su hijo Miguel Uribe.
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Para 1990 intentó un tercer asalto a la política y logró, con esas mismas banderas, llega al Senado, aunque su periodo apenas duró un año, pues el mismo se clausuró por la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, proceso el que estuvo cercano en las filas de Gómez Hurtado.
No obstante, ese mismo año la primera gran tragedia de su vida le golpearía. Meses después de las elecciones su esposa, Diana Turbay, sería secuestrada a finales de agosto por el grupo Los Extraditables encabezado por el capo Pablo Escobar. Aunque en un inicio se pensó que la retención era por parte de grupos guerrilleros del ELN bajo el pretexto de una entrevista con el cura Manuel Pérez Martínez, entonces comandante de ese grupo, el propio Uribe señaló que esa tesis se descartó de forma oportuna.
De acuerdo a su versión sobre la foto en la que aparece con Álvaro Leyva y los guerrilleros Alfonso Cano y Raúl Reyes, una autorización del entonces presidente César Gaviria le permitió viajar por el país y ponerse en contacto con los cabecillas de estas organizaciones para esclarecer los hechos del secuestro de su esposa. En las Farc le aseguraron los dos líderes que no tenían nada que ver con el secuestro, según cuenta, y agregó que tras insistir por varios días pudo establecer una cita con Pérez. Este le diría en la reunión que su grupo armado tampoco tenía nada que ver con los hechos.
“Se insistía mucho en que Diana había sido secuestrada por guerrilleros. Yo decidí hablar con las Farc y conseguí que me recibieron. Con autorización del gobierno, Álvaro Leyva y yo viajamos al Meta. Nos esperaban Alfonso Cano y Raúl Reyes y ese es el origen de esa foto”, dijo. Meses después, ya en 1991, con un Miguel Uribe Turbay de tan solo cinco años, en un operativo para el rescate de Diana Turbay, la periodista fue asesinada.
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Por ello, Uribe Londoño dejó el escenario público y se dedicó de lleno a su hijo, según ha relatado. Sin embargo, mantuvo su puesto como presidente de la Federación Nacional de Cacaoteros hasta 1997. En esa época, y luego del magnicidio de Álvaro Gómez, dejó las filas conservadoras y de a poco se acercó a la figura de Álvaro Uribe, quien ya era un nombre consolidado en la región tras su paso por la gobernación de Antioquia. En 2002 y 2006 acompañó sus elecciones a la Presidencia aunque siempre desde las afueras de la política
Años después, con Uribe ya en oposición a la administración de Juan Manuel Santos y luego de arrastrar un significativo bloque del partido de La U y la línea gobiernista, Uribe Londoño acompañó la fundación del Centro Democrático, la nueva bancada que llevaría las banderas del uribismo. En paralelo, formaba a su hijo en valores ligados a estas ideologías.
Cuando Uribe Turbay su hijo, incursionó en la política, primero como concejal de Bogotá y luego como Secretario de Gobierno de la alcaldía de Enrique Peñalosa, Uribe Londoño siempre le acompañó en parte de su toma de decisiones y sus eventos. Esto le llevó a conocer de lleno el funcionamiento político de Bogotá y por lo mismo en 2015 se le designó como director de ese partido en la capital. Mientras también alternaba ese acompañamiento con negocios privados, especialmente con figuras del empresariado antioqueño. Además, por estas épocas volvió a las canchas del amor, pues inició una relación con Delia Jaramillo, mujer que desde entonces le acompaña en cada paso que da. Ella fue considerada como una madre para Uribe Turbay y hoy es eje central de esta familia.
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Con el tiempo se consolidó como un aliado del expresidente Álvaro Uribe y tomó mayor relevancia toda vez que su hijo llegó al Senado en 2022 como parte de la oposición a la administración de Gustavo Petro. Para entonces ya era una figura cantante en el seno de ese partido y por lo mismo quiso aspirar a la Presidencia. No obstante, un atentado que sigue siendo materia de investigación durante un evento en Fontibón en junio del 2025 frenó esa carrera y cobró la vida de Miguel Uribe Turbay el 11 de agosto de ese año. Todas las pruebas, según la Fiscalía, apuntan a la Segunda Marquetalia de alías Iván Márquez.
Semanas después de esta segunda pérdida, la familia del senador decidió de forma unánime que sería su padre quien tomara las banderas y siguiera por la senda presidencial en la que estaban Paloma Valencia, María Fernanda Cabal, Paola Holguín y Andrés Guerra. Pero ese proceso para escoger a un candidato único del partido no tuvo éxito. Cambios de reglas y evidentes diferencias personales y políticas generan división en la colectividad.
El primero en bajarse fue Andrés Guerra. Este, entre líneas, culpó a Uribe Turbay de sacudir el seno uribista. Luego, ya con la carrera en marcha y a días de que ese partido iniciara sus procesos internos, una carta lo cambia todo. El expresidente Álvaro Uribe Vélez decide expulsar de la contienda, y de paso, del partido que ayudó a fundar, a Miguel Uribe Londoño. En su escrito el exmandatario aduce que Londoño ofreció respaldo a la candidatura de Abelardo de la Espriella. Esa versión habría sido otorgada por el propio De la Espriella, aunque negada por Miguel Uribe. Hasta la fecha sigue descartando esa tesis.
¿Por qué? Según afirma, su intención es llevar las banderas de su hijo a la Casa de Nariño, banderas que no entregaría a nadie más. Por lo mismo, y luego de que el Centro Democrático surtiera su proceso, Uribe Londoño tocó las puertas del Partido Demócrata, colectividad que le dio el aval a él y a Luisa Villegas como su fórmula vicepresidencial para que aparecieran en el tarjetón del 31 de mayo en el que se vota la primera vuelta.
Seguridad, crecimiento económica, pero para su caso más importante aún, justicia, son los pilares que guían esta campaña y con la que Uribe Turbay busca llegar al poder. Es la tercera carta en una derecha que ve en De la Espriella y Valencia sus principales faros para ganar las elecciones, pero en el que Londoño se quiere hacer hueco.
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