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Sergio Fajardo y una carrera política que siempre ha tenido en la mira la Casa de Nariño

Ni de derecha ni de izquierda, este profesor busca, por tercera vez en su carrera, ser el presidente de Colombia en una apuesta en la que se jugaría su última carta. Esta es la historia de una de las figuras recurrentes en el escenario presidencial y que espera irrumpir en una pelea marcada entre petrismo y uribismo.

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Johan Sebastián Pérez Pinilla
22 de abril de 2026 - 11:02 a. m.
El exalcalde y exgobernador, Sergio Fajardo, busca la Presidencia luego de tres aspiraciones presidenciales.
El exalcalde y exgobernador, Sergio Fajardo, busca la Presidencia luego de tres aspiraciones presidenciales.
Foto: El Espectador
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Sergio Fajardo Valderrama jugará el próximo 31 de mayo una de sus últimas cartas -por no decir la última- para llegar a la Casa de Nariño en un anhelo recurrente desde 2010, pero que 16 años después no se ha podido materializar y que ha quedado inmerso en una puja entre la izquierda y la derecha, el petrismo y el uribismo.

Este profesor cumplirá en junio sus 70 años; es un antioqueño de pura cepa y lleva activo en la política casi un cuarto de su vida. Es hijo de María Elena Valderrama, una mujer muy reputada en Antioquia y reconocida, entre otras, por su ferviente fe católica y su decencia; y del reconocido arquitecto Raúl Fajardo, quien dejó huella en el desarrollo urbano de Medellín.

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Su formación no pasó de agache y fue siempre en los más reputados centros educativos de esa ciudad. Sin embargo, en cuanto a educación superior se refiere, Fajardo se decantó por la matemática, carrera que cursó en la Universidad de Los Andes y en la que posteriormente se especializó en la Universidad de Wisconsin. Desde allí empezó a forjar su perfil político que para la época ya trataba de proponer soluciones a problemas bases de la sociedad colombiana.

Enseguida Fajardo entró a la academia y se convirtió en profesor e investigador de la Universidad de Los Andes. También asumió ese rol en la Universidad Nacional de Colombia, que a futuro tendría un rol clave en su carrera política. Para los años 90, ya con un nombre ese sector, Fajardo integró varias comisiones que colaboraron con administraciones locales y regionales de Antioquia. La más importante fue la comisión facilitadora de la paz que instaló el entonces gobernador Álvaro Uribe y que tuvo luz verde desde el gobierno central que para esos años estaba en manos de Ernesto Samper.

Ese proceso le permitió tener una mayor cercanía con las poblaciones vulnerables antioqueñas, especialmente las víctimas de la violencia. Pero de forma paralela forjó lazos con sectores empresariales y conoció la entraña de grupos guerrilleros para entender sus dinámicas y procesos, que le permitieron, de paso, establecer el origen de los conflictos y problemas que aquejaban -algunas de ellas aún latentes- a esas poblaciones. Desde esa comisión entregó un pliego de propuestas de las cuales, algunas fueron acogidas.

Las observaciones de esa comisión profundizaron el interés por el sector educativo al que ya proponía como un motor del cambio social. Por lo mismo, esa fue la primer bandera que elevó en los inicios de su carrera con los que buscó la alcaldía de Medellín y que aún le acompañan, pero en una intención presidencial. Además, Fajardo Valderrama también hizo una incursión en medios de comunicación como Caracol Radio, Telemedellín, Teleantioquia y El Colombiano, siendo subdirector de este último.

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La combinación de esas disciplinas la abrió paso al sector público y antes de culminar el siglo XX fundó su movimiento Compromiso Ciudadano. Al año siguiente el interés mutó a una intención por llegar a la alcaldía y le posicionó en el tarjetón de la capital antioqueña. La disputa era con los apellidos Pérez y Gaviria, aún dominantes en el departamento y debía hacer frente a los tradicionales partidos Conservador y Liberal, respectivamente. Fue esa tradición la que puso a Luis Pérez en esa dignidad, pero que no opacaron la campaña del profesor. Su saldo en esa primera incursión fue superior a los 60.000 votos y marcó un cambio de paradigma en la política antioqueña.

En 2003, rodeado de ya de varios sectores empresariales y académicos, Fajardo emprendió nuevamente esa campaña de la que salió victorioso y por la que llegó a esa oficina unos meses después en 2004. Su votación fue histórica. Más de 210.000 votos le dieron la victoria de la que aún señala, consiguió sin acuerdos políticos y con propuestas concretas.

Eso sí, su mandato recibió los vestigios de la Operación Orión que tuvo lugar en Medellín durante 2002. En ese operativo desaparecieron personas como parte del plan que el gobierno de Álvaro Uribe habría coordinado, presuntamente, con grupos al margen de la ley para controlar la expansión de organizaciones guerrilleras en sectores marginales de varias capitales. Muchas de ellas, según señalaron testigos de los hechos, fueron ejecutadas en La Escombrera, sector en el que aún siguen las búsquedas de víctimas y por las que de forma reciente señalaron al candidato presidencial. Fajardo, sin embargo, desestimó esas vinculaciones y aseguró que en su gobierno se trabajó siempre en materia social.

Su mandato contó con una alta aprobación. Los cuatro años al frente de esa alcaldía tuvieron una recepción positiva por la ciudadanía, pues culminó con más de un 80 % de aprobación. Entre otros, el proyecto del Metrocable fue entregado en su administración, hecho que valió para tener una mayor favorabilidad. Es más, su gestión que culminó en 2007 cerró con la mayor aprobación de esa ciudad en décadas.

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Ese impulso y esos resultados en su gestión le valieron para acercarse a un movimiento político que ya tomaba forma con Antanas Mockus como uno de sus principales abanderados: la denominada “Ola Verde”. Cabe señalar que ese acercamiento también se motivó por una derrota en las urnas en una lista que buscó impulsar tanto al Senado como a la Cámara. En esa línea, y viendo el crecimiento de Mockus, aterrizó en esa ola verde. Fue de las pocas veces que dio el brazo a torcer en acuerdos de este tipo.

Allí el acuerdo le dejó como fórmula vicepresidencial en un proceso del que también participaron los exalcaldes de Bogotá Enrique Peñalosa y Lucho Garzón. La campaña parecía repuntar y ser la principal fuerza de contención a la extensión del uribismo en el poder que entonces era representado por Juan Manuel Santos. Sin embargo, un accidente dejó fuera de todo escenario a Fajardo.

Mientras entrenaba en Rionegro con su bicicleta, una de sus pasiones, sufrió una caída que le provocó una fractura de cadera. El resultado de ese accidente a 20 días de las elecciones de ese año le marginó de todo escenario político y obligaron a que la campaña le supliera en cada salida con una figura de cartón. En primera vuelta, aunque derrotaron a Germán Vargas, Juan Manuel Santos les duplicó en votos. En la segunda esa diferencia se triplicó y Santos llegó al poder con más de 9 millones de sufragios. Mockus y Fajardo se estancaron en los 3 millones.

Un año después, ya recuperado de su fractura, se presentó a las regionales para buscar la gobernación de Antioquia. La campaña se centró en despliegues en las calles y extensas jornadas de volanteo que finalmente rindieron sus frutos. En 2012 asumió ese cargo y los resultados fueron positivos. Aunque tuvo controversias por la gestión de Hidroituango y EPM -que han tenido todos los exmandatarios de esa región- su favorabilidad volvió a estar por encima del 60 %. El caso refería a un posible detrimento patrimonial en ese proyecto, pero culminó sin sanciones contra el candidato. El despliegue de estrategias en educación y seguridad le valieron para que su nombre sonara como una posible ficha presidencial para los comicios de 2018.

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Y en efecto Fajardo se presentó a esas elecciones. Las encuestas lo posicionaron como uno de los grandes opcionados para hacerse con las llaves de la Casa de Nariño. En ese momento, tras dos mandatos de Santos y en medios de varios escándalos de corrupción, los tres nombres que disputaron cabeza a cabeza la distinción presidencial fueron Iván Duque con el respaldo del Centro Democrático, Gustavo Petro y Fajardo. 250.000 votos le dejaron fuera de la segunda vuelta.

Su llave fue Claudia López y la principal bandera de la campaña fue la lucha contra la corrupción. En medio de toda esa carrera presidencial siempre se rumoró una posible alianza con Humberto de la Calle, también candidato ese año con el legado del proceso de La Habana a cuestas. No obstante, varios puntos les distanciaron y finalmente pasaron factura. De la Calle, un fuerte promotor del proceso de paz, reprochó muchas salidas de Fajardo en medios y finalmente se fue solo. 396.151 votos obtuvo el exvicepresidente, los mismos que hubiesen bastado para que el exalcalde pasara a la segunda vuelta. Después de eso se distanció de Claudia López al punto que hoy apenas si se hablan.

Cuando se consolidaba como la tercera fuerza electoral en el país, aunque no tenía un partido político consolidado, y en medio de las preguntas sobre un posible apoyo a Duque o Petro, Fajardo no respondió. Una semana antes de las elecciones que se celebraron el 17 de junio el exgobernador escribió en su cuenta de twitter: “Un sueño de muchos años que por fin realizo este fin de semana: ir a ver las ballenas en el Pacífico. Lejos del mundanal ruido. En la selva”.

Tres años después de esas elecciones catalogó ese hecho como un error. Pero, además, tras los comicios se marginó del escenario político y a pesar de las solicitudes de su electorado, Fajardo no ejerció oposición a la administración Duque. Es más, en medio del estallido social del 2021 reprochó los motivos de esas manifestaciones e incluso pidió a la ciudadanía “salir a marchar en otro momento”. Según dijo, eso se motivaba por los picos de pandemia del covid-19.

Para esa fecha ya se sabía que Fajardo sería candidato presidencial y se proyectaba en las encuestas como esa figura que sucedería a Duque. Sin embargo, en todo momento intentó consolidar una coalición de centro que, una vez más, con los años catalogó como un error. Y es que para esos comicios ya había marcado distancia con Claudia López, quien ya ejercía como alcaldesa de Bogotá. De otro lado, toda la ola verde que le acompañó en elecciones anteriores se inclinó por respaldar a Gustavo Petro. Lo mismo sucedió con el Polo Democrático donde contaba con varias bases electorales.

Aún así participó de la denominada coalición de Centro Esperanza. Ese proceso también tuvo numerosos baches, pues la división de esa alianza dejó ver las marcadas diferencias que posteriormente se materializaron en las urnas. Fajardo compitió por el aval con Juan Manuel Galán, Alejandro Gaviria, Jorge Robledo y Carlos Amaya. Aunque venció con 723.000 votos, quedó en evidencia su debacle electoral pues perdió cerca de 3,4 millones de votos en cuestión de tres años.

En primera vuelta el escenario no fue diferente; solo obtuvo 885.000 votos siendo cuarto en la elección; Gustavo Petro lideró con 8,5 millones de votos, Rodolfo Hernández irrumpió con 5,9; mientras que Federico Gutiérrez, con todo la maquinaria de la derecha, obtuvo 5 millones. Para rematar, tampoco se declinó en apoyar una figura entre Petro o Hernández.

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Y con ese panorama Fajardo llega al escenario electoral del 2026. Sin haber hecho una oposición frontal a la administración Petro, fuera del escenario político por casi tres años, sin un partido sólido que le respalde y con el centro dividido con nombres como Claudia López o Luis Gilberto Murillo en caminos separados, Fajardo vuelve a buscar la Presidencia en la que dice, sería su última vez con ese objetivo.

Para estas mismas elecciones ya se negó a aliarse con López, pues señaló que en un cálculo político, no obtendría una votación considerable en las consultas. También le puso la cruz a nombres como Abelardo de la Espriella, mientras que en los sectores tradicionales es Fajardo la figura con quien no quieren salir al baile. Partidos sin candidato como Cambio Radical, La U, el Liberal o Conservador contemplan a Paloma Valencia como una alternativa por encima de Fajardo.

Y aunque este habla de dar un giro al escenario electoral y salir de la disputa Petro-Uribe, ya ni las encuestas le valoran como una figura que pueda estar en la segunda vuelta contra Iván Cepeda, quien lidera todas las mediciones y cuenta con el aparato estatal a sus espaldas para impulsar su campaña.

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Johan Sebastián Pérez Pinilla

Por Johan Sebastián Pérez Pinilla

Comunicador Social y periodista con énfasis político y deportivo. Cuento con más de cinco años de experiencia en medios digitales y tradicionales. Durante el último año me he dedicado a la reportería en el espectro político, especialmente en el Congreso de la República alrededor del análisis de la coyuntura nacional.SebastianPP21jsperez@elespectador.com
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Noticioso(6975)Hace 1 hora
Fajardo ha hastiado a su electorado con su ego ilimitado y su falta de sentido común y estratégico, que lo han llevado a suicidarse electoralmente cada 4 años, con decisiones absurdas que él pretende vendernos como "brillantez" y "excesiva transparencia". Tuvo la oportunidad de ser Presidente y la dilapidó de nuevo, porque nunca aprendió a hacer buenas campañas ni a buscar alianzas estratégicas. Mucho ego, pocos votos
PEDRO CASTIBLANCO REYES(85266)Hace 1 hora
el eterno sobrino politico de lina moreno de uribe, el candidato que ante la situacion de la nacion, siempre huye a ver ballenas, un sujeto que al igual a ingrid "tumbacatres" solo se aparecen cada cuatro años a cobrar reposicion de votos, sergio se nos vuela a Necloqui e Ingrid a su dorado exilio Paris, ola laaaaaaaaaa
Camilo Rodríguez(27872)Hace 1 hora
Tiene más futuro mi abuelo qepd
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