15 Jan 2021 - 2:00 a. m.

“Es una fantasía, es ‘fake news’”: biógrafo de Virgilio Barco sobre responsabilidad en exterminio de la UP

Así respondió el historiador Malcolm Deas a la columna de Alberto Donadio que responsabiliza al expresidente del genocidio contra la UP. Entrevista.
Virgilio Barco gobernó a Colombia entre 1986 y 1990.
Virgilio Barco gobernó a Colombia entre 1986 y 1990.

El pasado fin de semana, el periodista Alberto Donadio removió las arenas de la historia reciente del país al publicar una columna en la que aseguró que, tras una investigación periodística, encontró elementos suficientes para decir que el presidente Virgilio Barco, siguiendo consejos del espía Israelí Rafi Eitan, fue el responsable de la máquina homicida que ejecutó el genocidio de la Unión Patriótica (UP). Los señalamientos llevaron a poner en duda un relato de más de treinta años que fijaba como únicos responsables del exterminio a los paramilitares, muchas veces aliados con agentes del Estado.

En contexto: ¿Qué tuvo que ver Virgilio Barco con el exterminio de la Unión Patriótica?

Las respuestas a la revelación fueron contradictorias. Por los lados de la UP y la izquierda, varios dieron por ciertas las acusaciones y hasta dieron cuenta de las posibles omisiones que se habrían dado en la administración Barco, que terminaron favoreciendo el homicidio de cientos de miembros del partido nacido de las negociaciones con las Farc en el gobierno de Belisario Betancur. Por otro lado, antiguos miembros del gabinete de Barco salieron en defensa del exmandatario. En una senda similar, el biógrafo del expresidente, Malcolm Deas, rechazó lo dicho por Donadio. En diálogo con El Espectador, el historiador cuestionó la publicación periodística y dio sus razones para decir que fuera el presidente entre 1986 y 1990 fue uno de los grandes defensores de la UP.

¿Qué opina de la investigación de Alberto Donadio que vincula al expresidente Barco con el genocidio de la UP?

Es una fantasía. Tengo muchas razones para pensar que es así. No me parece buen periodismo publicar una columna con un tema tan grave basado en evidencia tan tenue: un solo informante anónimo. Uno piensa que eso no está a la altura de un periodismo responsable. Además, hay mucha evidencia en contra de lo que Donadio asevera.

Durante toda su investigación biográfica, ¿le dieron alguna información que sugiriera lo que señaló Donadio en su columna?

No, nunca hubo una evidencia que apoye esa tesis y en cambio hubo mucha evidencia en contra. Lo puedo resumir brevemente en que yo indagué en dos archivos: el de Virgilio Barco y el de César Gaviria, como ministro de Gobierno. Ahí uno encuentra que Barco tuvo unas políticas de paz muy claras. Él nombró gente muy capaz para esos temas, como lo fueron Rafael Pardo, Jesús Bejarano y todo un equipo de lujo. Además, con la política de paz que heredó del gobierno de Belisario Betancur, puso orden en la casa, bajo el lema de “Pulso firme, mano tendida”.

Otra cosa que dejan ver los archivos de Barco y Gaviria es que tuvieron mucho afán por averiguar qué estaba pasando. Hubo un esfuerzo muy grande para saber quiénes eran los responsables. Es fantasioso pensar que alguien del talante de Barco iba a hacer eso, que secretamente estaba ordenando la masacre. Es bobo e incoherente.

De acuerdo con su investigación, ¿cuál fue el papel que jugaron Virgilio Barco y su gobierno ante la UP?

Entre sus políticas, precisamente con la UP, Barco miró el mapa electoral y ordenó a los gobernadores poner alcaldes de este partido en los municipios donde habían tenido mayoría. Sería ilógico que por un lado hiciera esto y por el otro conspirara con Rafi Eitan para su exterminio. Es inverosímil. Además del nombramiento de alcaldes, también estuvo el reconocimiento de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y el nombramiento de Horacio Serpa como encargado especial de la seguridad de la UP. Barco también buscó aclarar quiénes estaban matando a la UP.

Pero hay que tener claro que para ese momento la Unión Patriótica era un imposible en las circunstancias de la coyuntura de Colombia. Ellos era un brazo político de una guerrilla armada y activa. Obviamente, los enemigos de las Farc iban a cobrar en el cuerpo de la UP lo que no pudieron con los guerrilleros. Es una lógica terrible, pero es una lógica. Barco era consiente de eso y en sus notas personales él lo dice, tanto que después le pide al partido que se desmarque de las Farc. Y así lo hacen con Bernardo Jaramillo.

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Las notas personales de Barco también dejan ver que estaba muy frustrado porque el aparato de investigación era muy débil y no daba resultados concretos con los asesinatos de la UP. Además, era muy débil la capacidad de protección que tenían, y esto es algo que todavía sigue. El Gobierno colombiano, infortunadamente, no tiene la capacidad de proteger gente en varias zonas apartadas. El presidente recibía delegaciones de la UP y del Partido Comunista y ellos pedían más protección, a veces de manera insultante —pero era con toda razón—, y Barco mandaba escoltas; pero hay que decir que los escoltas no eran los más entrenados y no se podían ofrecer a todo el mundo.

En su investigación, ¿algún momento salió el nombre de Rafi Eitan y su supuesta relación con el gobierno Barco? ¿Era posible que esta relación se manejara por fuera del radar de la oficialidad y los medios?

En Colombia no es un país donde haya muchos secretos; hay mucha oscuridad, pero eso no es lo mismo. Eso de que hubo una reunión secreta donde todo se arregló con el israelí es ilógico. Como si los colombianos no tuvieran plena capacidad de matarse entre ellos sin ayuda extranjera. Yo no he encontrado nada de Rafi Eitan en el archivo presidencial, aunque hay que decir que un archivo presidencial es muy grande.

Además, Donadio solo menciona dos contratos relacionados con Eitan: uno que nunca se firmó y otro con Ecopetrol. Ese último, yo no dudo que se haya hecho con Ecopetrol porque en ese entonces los elenos (guerrilleros del Eln) estaban volando el oleoducto. No es necesariamente siniestro que Barco haya hablado con Eitan, con la CIA y otros expertos en seguridad dada la situación tan grave que había en el país. Eso no lleva a creer en la fantasía de Donadio de que allí se planeó la masacre de la UP.

En mis investigaciones personales nunca encontré rastro de Eitan, pero la gente cree en teorías de conspiración y asumen que eso es una prueba de que existió una conspiración, porque no hay rastro en el archivo. Ellos dicen que es supersecreto y concluyen que hubo una conspiración. Ese es un tipo de lógica perversa que en ciertas mentes es muy común. Es bobada, pero para muchos, la falta de evidencia se toma como evidencia. Es un desastre.

Sentencias dan a entender que hubo participación de agentes del Estado en el genocidio de la UP. Según los datos recabados, ¿hubo conocimiento de Virgilio Barco de estos hechos?

Hubo un grado de connivencia de los militares y de la Policía; pero es fantasioso decir que eso obedeció a un plan maestro planeado por el presidente. Es innegable que hubo grados de connivencia. Yo tengo una buena opinión de las Fuerzas Armadas colombianas, pero eso no implica que no hubo complicidad de algunos oficiales y unidades. Yo sí creo que Barco sospechaba que algunas estaban involucradas, lo que pasa es que hay límites en las circunstancias de lo que podía hacer el presidente. La gente cuestiona por qué no se cambió la cúpula o se destituyó a los responsables, pero no saben que la libertad para escoger la cúpula es limitada. Además, se pensaba que denunciar oficiales era una táctica de la UP y de las Farc, y se cuestionaban hasta qué grado era prudente seguir las denuncias con destituciones. Eso era un tema delicado.

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Además, Barco después me comentó que uno de sus planes era nombrar el primer ministro de Defensa civil, rompiendo con la tradición de que fuera militar. El presidente sabía que era muy difícil que un ministro militar hiciera las reformas necesarias en el Ejército. La razón de esto es que entre los militares hay muchas lealtades, inhibiciones y una tendencia a ser muy conservadores. Además, en Colombia hay una tradición de que el Ejército no es deliberante, entonces se necesitaba una voz y para eso era necesario un ministro civil. Además, Barco y luego Gaviria trataron de mejorar el conocimiento civil del Ejército. Eso trajo una excelente colaboración entre civiles y militares.

En el gobierno Barco fue el inicio y auge de algunas agrupaciones paramilitares, que al final fueron los principales señalados del genocidio de la UP. ¿Cuáles fueron las acciones del presidente en su contra?

Barco quitó la legalidad de las Autodefensas, que eso venía desde los años 60. Aunque hay que recordar que el fenómeno no fue tan estudiado y debatido en su época. Fue esta administración la que comenzó a averiguar sobre estos grupos y se dieron los primeros informes del número de organizaciones paramilitares que había en el país.

Eso fue una sorpresa muy grande. En el archivo de Barco encuentro, y eso lo pongo en mi libro, que él hace un análisis de la situación con estos grupos en la zona esmeraldera y es consciente del dominio de Gonzalo Rodríguez Gacha en Cundinamarca. Es impactante la relativa debilidad del Gobierno para pelear en contra de todo eso. No tenían los instrumentos necesarios y hay que decir que no se iban a crear de la noche a la mañana. Eso tomó tiempo.

¿Qué tan cierto es que el gobierno Barco fue en cuerpo ajeno, dada la enfermedad que lo aquejaba?

Francamente, ese es uno de los mitos de ese gobierno. No es totalmente falso, pero es un tema que abordo con mucho cuidado en mi libro. Barco reconoció que no estaba en sus mejores condiciones. No era el hombre enérgico del tiempo de su alcaldía, pero no es cierta la idea de que estaba sufriendo de alzhéimer hasta el grado de hacerlo incapaz de mandar. Lo que he visto en el archivo y lo que me han dicho sus colaboradores no permite dar esa conclusión.

Es cierto que sufrió de alzhéimer al final de su vida, y eso no aparece de la noche a la mañana. Pero es un cuento de sus detractores que él era una persona patética e incapaz. Barco mandó hasta el fin de su presidencia. La idea de que Germán Montoya mandaba no es cierta. Montoya fue un secretario de la Presidencia, era muy eficaz en el manejo de la oficina, pero no era un hombre de decisiones políticas. Él le fue leal en un 100 % a Barco.

¿La enfermedad del presidente Barco dio pie a la inestabilidad por la violencia que hubo durante su gobierno?

Yo no creo que sea así, porque él enfrentó la violencia de una forma muy lúcida y frentera. No creo que la calidad de su gobierno sufriera por algún síntoma de su enfermedad. Por ejemplo, Barco sigue con la extradición y es alguien que sigue con los planes de constituyente. Su lucidez llega al grado de mandar a Gaviria a la campaña presidencial de Galán. Una persona que menciona el alzhéimer de Barco es Guillermo Perry y aun así muestra que el presidente sabía de todas las actividades en las que estaba metido su ministro. Yo conocí a Barco en su presidencia y nunca noté que tuviera alguna incapacidad mental.

Durante el gobierno de Barco se dieron los homicidios de Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Luis Carlos Galán y Carlos Pizarro, ¿se le salió el país de las manos?

Obviamente, la violencia del narcotráfico era una amenaza muy grande. Fue una arremetida feroz. Las técnicas de violencia de Pablo Escobar eran inmisericordes; pero decir que el país se le salió de las manos es impreciso. Claro que Barco no pudo proteger a los candidatos, pero es que era imposible controlar a los políticos en campaña, cuando ellos tenían la necesidad de encontrarse con la gente de forma física.

Más allá de su enfermedad, el azote del narcotráfico y la oleada de violencia de distintos actores, ¿cuál es el legado de Virgilio Barco?

Me parece muy vergonzoso la forma como tratan el tema de su enfermedad. No estudian la evidencia y los logros. El logro más importante que hizo lo resumió Gustavo Vasco —que era muy amigo de Barco—, y es que mantuvo la integridad y la independencia del Gobierno frente al narcotráfico. Él es el ejemplo de un presidente que no cedió, es un ejemplo moral. Hubo mucha gente que pidió que se hiciera un pacto con el narcotráfico y Pablo Escobar, y él no estuvo dispuesto; pero sí estuvo dispuesto fue a hacer la paz con la guerrilla y tuvo éxito con el M-19 y otros grupos pequeños. No tuvo éxito con las Farc o los elenos, pero siempre trató.

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Además, hay que destacarle que unificó al Partido Liberal y dejó al presidente César Gaviria como continuista de su obra. Insisto en que es muy nefasto que el país piense que todo el mundo es un villano o un idiota. Eso está mal y por eso me parece que el artículo de Donadio es una irresponsabilidad. Es fake news.

¿Por qué dedicarse a ser el biógrafo de Virgilio Barco?

Como lo digo en mi libro, una de las razones es que, en su coctel de despedida, él me preguntó cuál iba a ser el veredicto de la historia de su mandato. Yo le dije que no se preocupara porque los historiadores son pocos confiables. El mensaje que quería dejar es que uno no debe creer en algo por lo que dice fulano —Donadío o yo— si no hay evidencia. Por eso lo que yo estoy proveyendo es evidencias de lo que digo. Me metí en el archivo y hablé con sus colaboradores. En segundo lugar, su viuda me pidió escribir sobre él.

Yo en su momento tenía reservas, pero dije que sí, aunque tuve dos condiciones importantes: que no me pagaran —no recibí ningún pago, porque uno no puede escribir libremente si lo hacen— y que no hubiera fecha de entrega. Fue un reto, porque Barco fue un hombre muy serio. Él no fue un hombre solemne, pero tampoco fue un hombre frívolo. Uno ve que todas las tareas que emprendió estuvieron marcadas por la seriedad. El reto era hacer inteligible a un hombre que no tenía dotes de hacerse popular.

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