Germán Vargas Lleras pasó casi toda su vida metido en la política. Fue el nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo y falleció siendo, todavía, el líder de uno de los partidos de más férrea oposición al gobierno del presidente Gustavo Petro: Cambio Radical. Sobrevivió a dos atentados planeados y ejecutados por las extintas Farc y ocupó algunos de los cargos más altos en la política nacional: fue vicepresidente, ministro del Interior y presidente del Senado, en el que estuvo de 1994 a 2008.
Este 8 de mayo murió en el Centro de Tratamiento e Investigación sobre Cáncer Luis Carlos Sarmiento Angulo, en Bogotá, tras varios meses de tratamientos médicos que lo sacaron del tablero político y de los titulares. Su última aparición fue en un video el pasado 4 marzo, con el que buscó impulsar la votación a la bancada de Cambio Radical, cuya presencia en el Congreso decreció en este llamado a urnas, pasando de 11 curules en 2022 a siete. En noviembre de 2025, viajó a Colombia, por primera vez en mucho tiempo, para dirigir la reunión de la colectividad en torno a las listas que se presentarían para el Legislativo y ahí estuvo junto a otras dos figuras clave de la agrupación: Fuad Char, el patriarca de la casa Char, y Germán Córdoba, el director del partido.
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En ambos momentos, su presencia generó especulaciones sobre la posibilidad de que se lanzara a la carrera presidencial, pero su estado de salud cerró esa puerta. No sería, en todo caso, la primera vez que buscaría una victoria para llegar a la Casa de Nariño: ya lo había hecho en 2010 y 2018.
La primera vez que buscó dejar una huella en la carrera presidencial obtuvo 1’471.377 votos. Estuvo por detrás del vencedor en segunda vuelta, Juan Manuel Santos (6’758.539), y también de Antanas Mockus (3’120.716). Su votación, en todo caso, le dio un puesto casi que fijo en la administración del “ungido” de Álvaro Uribe: como líder de Cambio Radical, el 28 de julio fue anunciado como el ministro del Interior y de Justicia del electo presidente. Más tarde, en 2012, asumió la cartera de Vivienda.
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Desde allí asumió un liderazgo clave en la política de vivienda del gobierno Santos. Su conocido proyecto de 100.000 viviendas gratuitas fue una de las insignias de su gestión en la cartera y en 2014 se había ganado la confianza de Santos para convertirse en su fórmula vicepresidencial para la reelección. Con una victoria a mano, tomó las riendas de ese despacho y lo cambió para dejar a un lado temas en los que tradicionalmente se había enfocado, como minorías, y asumió la tarea del manejo de la infraestructura a nivel nacional.
Su participación en la vida pública, en las “relaciones públicas”, como él mismo lo dijo en su momento, disminuyó en ese cargo. De acuerdo con él, habría sido “incómodo” que él bajo el cargo de vicepresidente estuviera “involucrándose de manera descoordinada en todo los asuntos del Estado y muchas veces emitiendo opiniones contrarias a las del propio presidente”.
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“Usted no me habrá visto hablar ni de salud ni de trabajo ni de los problemas de la política colombiana ni de ninguna otra cartera. Yo estoy concentrado en infraestructura, en agua, en vivienda. ¿Usted se imagina al vicepresidente, como ha ocurrido en el pasado, comentando las alzas de salario mínimo, los problemas de salud, involucrándose en los asuntos de todas las carteras de Gobierno? Difícil”, dijo en una entrevista con Los Informantes.
Parte de ese silencio lo mantendría con las negociaciones del gobierno Santos con las hoy extintas Farc. En ese punto, argumentaba que no se pronunciaría hasta que estas avanzaran, y eso llevó a una tensión inminente en la Casa de Nariño. El entonces presidente, incluso, declaró que si alguien de su gabinete no apoyaba el proceso de paz, no podía estar en su administración. Fue visto como un llamado al orden a la bancada de Cambio Radical, que en ese punto tampoco apoyó la reglamentación de la justicia transicional.
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Las declaraciones que siguieron ese choque —de un lado Vargas Lleras diciendo que era “respetuoso del fuero presidencial” y su partido asegurando que no negociaría sus principios— pusieron sobre la mesa la posibilidad de un remezón ministerial. Eso nunca pasó y tanto él como sus aliados en el gabinete se quedaron en sus cargos; eso sí, temporalmente.
En todo caso, renunció el 21 de marzo de 2017 para lanzarse como candidato presidencial, pero las elecciones de 2018 fueron su mayor derrota política. A pesar de haber ocupado uno de los más altos puestos del Estado y contar con el respaldo de Cambio Radical, el Partido Conservador y el Partido de la U —que le dio su guiño tras una declaración en apoyo al proceso de paz—, fue cuarto en la votación con 1’407.441 apoyos, menos que en 2010 y menor que las votaciones de esas colectividades al Congreso.
“Han sido 30 años de haberle servido a este país. No me queda más que motivos de agradecimiento, a lo largo de todos estos años siempre le serví a Colombia con toda mi capacidad de trabajo. No me arrepiento de nada de lo que hice en pro y en bien de todos los colombianos”, dijo en ese momento.
La mayor parte de su vida la dedicó a la política. Nació el 19 de febrero de 1962 y tenía solo cuatro años cuando su abuelo, Carlos Lleras Restrepo, ascendió a la Presidencia. En ese momento, ya hablaba de la posibilidad de, algún día, ocupar el mismo cargo. Creció en lo que se llamó una “cuna de oro política”, en medio de reuniones políticas y los reflectores por ser el nieto del jefe del Estado colombiano, con lazos de sangre que lo unían al también expresidente Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras de la Fuente, exembajador de Colombia en Estados Unidos y exconstituyente de Salvación Nacional.
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Su primer cargo en la vida pública fue de concejal en Bojacá, Cundinamarca, con tan solo 19 años. En uno de los fortines del “llerismo”, de tradición liberal, llegó como parte del Nuevo Liberalismo, el movimiento de Luis Carlos Galán, a quien conoció con tan solo 18 años en la casa de su abuelo, en el barrio Quinta Camacho. De allí ascendió al Concejo de Bogotá en 1990, y luego, después de ser reelegido, saltó al Senado de la República en 1994.
Su pelea contra los narcotraficantes fue central. En los años 90, cuando Colombia perdía su lucha contra las mafias, la herramienta que eligió para enfrentarla fue la extinción de dominio. Vargas Lleras que central en esa discusión, pues fue el encargado de presentar ante el Congreso las leyes para que el Estado pudiera quitarle los bienes y las riquezas que los narcotraficantes habían conseguido con sus negocios ilícitos, en una guerra a sangre y fuego que cobró la vida de decenas de policías, jueces y periodistas.
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Además, fue uno de los más férreros defensores de que la ley de extradición debía aprobarse sin más demoras. En ese contexto, tuvo que exiliar a su hija, Clemencia, y a su entonces esposa a Estados Unidos.
La paz fue parte clave de su vida como político. En 2002 fue el tercer senador más votado, con un fuerte discurso contra el proceso de paz que adelantó el expresidente Andrés Pastrana con las Farc-EP, algo que lo acercó al entonces candidato Álvaro Uribe Vélez. Ese mismo año, el 13 de diciembre de 2002, fue víctima de un atentado organizado por el hoy extinto grupo criminal, que plantó un librobomba en su oficina del Congreso y le hizo perder tres dedos de su mano derecha.
Tres años después, el 25 de octubre de 2005, cuando salía de las instalaciones de Caracol Radio, estalló un carrobomba que dejó a nueve personas heridas. En ese momento, Vargas Lleras aseguró que “nunca hubo una explicación satisfactoria sobre ese atentado” y afirmó que sospechaba de la responsabilidad del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). Quince años más tarde, a través de una carta dirigida al expresidente Juan Manuel Santos, Rodrigo Londoño, conocido en la guerra con el alias de “Timochenko”, reconoció que fueron las Farc-EP las que planearon y ejecutaron los hechos.
“Reconoceremos ante las instancias de verdad, los dos atentados que las Farc-EP planearon y ejecutaron contra su vicepresidente Germán Vargas Lleras, a quien también pediremos perdón con humildad”, se lee en la misiva.
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En ese tiempo, además, fue cuando cambió de colectividad. Primero, logró una curul con los liberales, después con el Movimiento Colombia Siempre, pero en 2003 cimentó su liderazgo en Cambio Radical, de marcada tendencia uribista en ese momento. Sin embargo, esa “luna de miel” con el uribismo acabó en 2009, cuando el entonces presidente trató de reelegirse por tercera vez y Vargas Lleras se distanció de la coalición de gobierno, lo que le valió calificativos de “traidor” por parte de la Casa de Nariño.
Aunque esa relación nunca se recompuso por completo, en los últimos años se establecieron alianzas claves. A pesar de que Cambio Radical tenía una línea cercana al gobierno uribista de Iván Duque, Vargas Lleras fue de los que se negó a que este entrara de lleno a tener participación en el gabinete. Pero sí hubo guiños, con proyectos como los de una reforma a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) que permitiera que a los militares los juzgara una sala especial. Las cercanías ideológicas siempre estuvieron presentes, especialmente en los últimos años, cuando se unieron en la bancada opositora al gobierno de Gustavo Petro.
Y en el gobierno Petro fueron más evidentes. Las bancadas de Cambio Radical y Centro Democrático votaron juntas en oposición a los proyectos del Gobierno y, con las elecciones presidenciales en mente, mantuvieron cierta unidad, pues en asuntos de candidaturas tuvieron diferencias.
En efecto, Cambio Radical se dividió y una parte se fue con Abelardo de la Espriella y otra con Paloma Valencia, mientras que el Centro Democrático se cohesionó en torno a la también senadora. En sus últimas entrevistas, Vargas Lleras dejó manifiesto su deseo de que se consolidara una “fórmula unitaria” para “reemplazar al doctor Petro y a toda su camarilla”.
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“Esto tiene que llegar a un punto donde todo el mundo ponga los más altos intereses del país y ceda en sus aspiraciones políticas personales, en sus egos, sus vanidades, sino estaremos condenados a que el pacto histórico siga gobernando a Colombia, y ya no será por un periodo de cuatro años, sino por probablemente muchos años más”, afirmó.
El fallecimiento de Vargas Lleras deja un agujero en la política colombiana. Los liderazgos de Cambio Radical quedarán acéfalos sin una de las figuras que pasó la mayor parte de su vida consolidando el partido, junto a la familia Char, y que fue, hasta meses antes de su muerte, su apuesta presidencial más fuerte, sin nunca llegar a materializarse.
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