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24 Jun 2021 - 12:48 a. m.

Íngrid Betancourt a exFarc: “Yo necesito ver los ojos aguados de ustedes”

En una sentida declaración ante la Comisión de la Verdad, la excandidata presidencial reclamó que, a nombre del pueblo, “las Farc se convirtieron en verdugos, convencidos de que su causa era justa y los autorizaba a cualquier criminalidad”. Pidió que no se vuelva a pensar en Colombia “que una idea vale más que una vida”.
La excandidata expresó su sorpresa por lo ocurrido durante el evento, pues mientras “de este lado” están todos llorando, del otro lado, en referencia a los exlíderes guerrilleros, 'no ha habido una sola lágrima'.
La excandidata expresó su sorpresa por lo ocurrido durante el evento, pues mientras “de este lado” están todos llorando, del otro lado, en referencia a los exlíderes guerrilleros, 'no ha habido una sola lágrima'.
Foto: Agencia EFE

Con la voz entrecortada, en medio de sentidas pausas y a punto de quebrarse en lágrimas, este miércoles la excandidata presidencial Íngrid Betancourt compareció a la Comisión de la Verdad –una instancia creada a expensas del Acuerdo de Paz–, donde tuvo un conmovedor, pero vehemente cara a cara con quienes fueran los máximos jefes de las Farc, responsables de que permaneciera 6 años y medio secuestrada.

Betancourt, que se convirtió en una de las víctimas más visibles de los horrores de la guerra en Colombia, protagonizó una sentida declaración en la que retrató las complejidades del secuestro, encaró uno a uno a los exjefes guerrilleros, criticó el actuar de lo que fueron las Farc y reclamó reparación, advirtiendo que hoy es un tabú. “Reparar a las víctimas es un tabú en Colombia. ¿cómo van a reparar? ¿dónde están los recursos del narcotráfico?”, dijo.

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La excandidata presidencial, quien en 2008 recuperó la libertad, admitió que el ejercicio de comparecer a la Comisión para que los miembros de las exFarc admitan y reconozcan el crimen del secuestro exige “valor a cada uno”, sin desconocer el “dolor irreparable” que han causado. “No es una formalidad jurídica o política relacionada con el Acuerdo de Paz, sino ante todo un ejercicio espiritual, que nos obliga a mirarnos desde adentro, para tomar posición ante el mundo que anticipamos para nuestros hijos y que soñamos como meta para Colombia”.

Reconociendo también la dificultad “de mirarnos los unos a los otros a la cara, con el dolor de oírnos y con el pudor de nuestras emociones”, Íngrid Betancourt destacó la decisión compartida de contribuir a romper el círculo vicioso de la violencia. Al referirse a los miembros de la exguerrilla, quienes actuaron como señores de la guerra, la política colombo-francesa señaló enfáticamente que “la guerra es un fracaso, que solo ha servido para que nada cambie, y para seguir postergando el futuro de nuestra juventud”.

En ese sentido, admitió que nunca hubiera imaginado que un día tendría la posibilidad de un dialogo humano con sus antiguos captores. Sin embargo, declaró que la violencia nunca ha sido ni será la solución, por lo que destacó que se puedan escuchar, “tratando de liberarnos de las cadenas del rencor y de la venganza, del orgullo y del miedo… si hemos podido escucharnos y hablarnos con todo lo que nos cuesta, entonces podemos decir que el amor es más grande. Que hay esperanza. Y si hay esperanza, hay futuro”.

“Quienes padecimos las acciones y las omisiones de los antiguos integrantes de las Farc sabemos que la reconciliación es una palabra que pesa mucho, y que el camino que llega hasta ella, más allá de cualquier perdón por parte de nosotros, sus víctimas, pasa por una búsqueda de redención por parte de quienes fueron nuestros victimarios”, sostuvo, manifestando que dicha redención no es más que el proceso de rehumanización al cual la paz los ha citado.

Video: Íngrid Betancourt y su reclamo a los exFarc por la crueldad del secuestro

“Es cierto que todos queremos la paz. Pero la paz necesita un cambio profundo de nuestra relación con el otro. Porque la paz es ante todo una relación humana. Por eso, hoy hemos hecho el esfuerzo de reencontrar lo profundamente humano en el fondo de nuestros corazones, y de transformarlo en una palabra que sana. Nuestro reto ha sido, pues, encontrar una forma nueva de hablarnos para inaugurar otro tipo de relación entre nosotros, acorde con nuestra decisión de paz”, explicó.

En este momento de su intervención, Betancourt dejó de lado lo que había escrito y, desde el alma, les expresó uno a uno a los exjefes guerrilleros su impresión por lo dicho previamente por estos. En esa línea, sostuvo que oyó con emoción el relato de sus “hermanos de dolor”, asegurando que los vio llorar y lloró con ellos. No obstante, expresó su sorpresa, pues mientras “de este lado” están todos llorando, que del otro lado, en referencia a los exlíderes guerrilleros, “no haya habido una sola lágrima”.

Al primero que encaró fue a Abelardo Caicedo, conocido en la guerra con el alias de Solís Almeida, quien en su intervención defendió el Acuerdo de Paz. Ante ello, Betancourt dijo que las víctimas también “queremos que a la paz le vaya bien”, pero cuestionó que hubiera querido oírlo a él, como comandante, “si en algún momento secuestró a alguien, si dio la orden de que amarraran a alguien”.

Luego se refirió a Pedro Trujillo, un excombatiente que hoy figura como consejero político del partido Comunes en Santander. “Usted dijo que teníamos que mirar atrás y que usted miraba atrás y veía con orgullo su lucha por los pobres, y con vergüenza las conductas que se habían tenido durante la guerra. Yo necesito que usted exprese qué siente con esa vergüenza. ¿Es una vergüenza social? Porque la sociedad colombiana le está reclamando por lo que hicieron. ¿O es la vergüenza del alma? Usted dijo que no habían sido conscientes de lo que hicieron”.

Por otro lado, confesó que le pasó una “cosa muy curiosa” cuando, previo a su secuestro, se reunió con Guillermo Cortés, un periodista conocido como La Chiva Cortés y que fue secuestrado en el año 2000, quien le comentó su experiencia en poder de las Farc. “Yo lo oía y oía, y no entendía. Yo sé que Colombia nos oye y nos oye, y no nos entiende. Cuando estuve secuestrada cuántas veces volví a pensar en esa conversación. Hoy tenemos que hacer que Colombia entienda y debemos encontrar las palabras justas para que el país vea, imagine, oiga, lo que nos sucedió a todos”.

Al hoy senador Carlos Antonio Losada le reconoció que se haya referido a la “generosidad de las víctimas”, pero sostuvo que esperaba oírlo desde su corazón y no desde una orilla política: “Este es un encuentro de corazones, este no es un encuentro político. Aquí estamos seres humanos, no está el Estado. Estamos los colombianos, mirándonos, al desnudo, en el drama que hemos compartido”.

En imágenes: Así fue el cara a cara de exFarc con sus víctimas

Por otro lado, recordó lo dicho por Pastor Alape, quien dejó entrever que en su infancia sufrió de la ausencia de su padre. Ante ello, preguntó: “Después de todo lo que ha pasado, ¿puede usted sentir la ausencia que le causó a nuestros hijos? ¿de padres y madres que les fueron arrebatados? Usted dijo que Gilberto Echeverry era un aliado para la paz. Entonces eso quiere decir, ¿sabía que era su par? Usted habló de la ceguera y sordera que produce la guerra. Pero ya no estamos en la guerra. Ya tenemos que volver a ver y a oír. Usted habló del valor de la palabra, del horror, la violencia de las palabras. Yo le quiero hablar de la sanación de las palabras”.

Acto seguido, con la voz entrecortada, evocó uno de los momentos de su secuestro cuando robó un machete de uno de sus guardias para poder escapar. “Me volé. Y a los días me recapturaron y me castigaron. Y llegó el muchacho enfurecido a decirme: ‘Íngrid, yo había confiado en usted. Yo había dejado ese machete ahí confiando en usted. Y usted me lo robó’. Y yo lo miré y le dije: ‘Usted confío en mí, ¿y yo acaso puedo confiar en usted? El día en que a usted le den la orden de matarme, ¿usted qué va a hacer? ¿Yo podré confiar en usted? ¿o usted me va a matar?’. El muchacho se fue con los ojos aguados y yo necesito ver los ojos aguados de ustedes (Farc)”.

También agradeció a Emiro Ropero, conocido en la guerra como Rubén Zamora, destacando que haya hecho el esfuerzo por ponerse en sus zapatos y “tratar de imaginar lo que puede ser el sufrimiento del que está encadenado y secuestrado, porque sé que puede ser abstracto, aun para nuestros verdugos”. Confesó además que todavía no ha podido hacer el duelo por la muerte de su padre, Gabriel Betancourt, quien falleció un mes después de que hubiera sido privada de la libertad.

“Los seres humanos vivimos de lo físico y de lo espiritual, y nosotros necesitamos sentir que, a pesar de la muerte, podemos honorar a las personas que hemos amado. Que podemos ir a decirles que estamos ahí, que las amamos. Los huesos son probablemente solo huesos, pero para quien ama es lo que queda de la persona amada. Es un deber de la Nación encontrar a los abuelitos Ángulo. Es un deber. Y no puede haber postergación”, agregó, en referencia a la pareja de esposos, Gerardo Angulo y Carmenza Castañeda, secuestrados en el año 2.000.

Adicionalmente, se refirió a lo dicho por Rodolfo Restrepo Ruiz, conocido en la insurgencia como Víctor Tirado, quien dijo entender el dolor de las víctimas y los leyó como seres humanos, entendiendo además la estigmatización que han vivido las víctimas en Colombia. Ante ello, dijo que “volver del cautiverio” implica ser señalado y hay voces que los acusan como responsables a ellos por lo sucedido.

“A uno lo acusan de haber dado origen al drama que nos tocó vivir. No solo llega uno quebrado por los años de secuestro, sino que tiene uno que llegar a defender su buen nombre. A restablecer la verdad. Por eso Rodolfo Restrepo le agradezco que haya pensado en eso, porque realmente han sido momentos donde hemos sentido incomprensión por todos lados. Incomprensión de la sociedad, de nuestros captores, aun incomprensión muchas veces de nuestras propias familias”, manifestó Betancourt.

En esa línea, les aseguró a los exlíderes guerrilleros que, más allá de esa reflexión, lo cierto es que mientras la pesadilla de las víctimas sea solamente de ellas, y ellos no se despierten por la noche con las mismas pesadillas, “estaríamos todavía en la distancia de no poder explicarle a Colombia lo que realmente sucedió. Volver a ser humanos es llorar juntos, algún día tendremos que llorar juntos”. Incluso, se refirió al paro nacional y a los recientes crímenes de jóvenes, declarando que “los muchachos que están en las calles (permanecen allí) porque tienen hambre, porque no tienen trabajo y porque los señalan de terroristas, porque siendo pobres y jóvenes los asimilan a combatientes de las Farc. Y esa es una responsabilidad que ustedes también tienen”.

Finalmente, se refirió a Rodrigo Londoño, Timochenko, a quien agradeció el esfuerzo de reconocer el crimen del secuestro. No obstante, reclamó que “reparar a las víctimas es un tema tabú en Colombia” y le pregunto ¿cómo van a reparar a las víctimas? ¿dónde están los recursos del narcotráfico que ustedes acumularon durante los años de guerra? porque esos recursos son los que tienen que ir a reparar a las víctimas (…) El Estado no puede reparar. Ustedes tienen que reparar y tenemos que buscar una manera de hacerlo”.

En este punto nuevamente retomó las palabras que inicialmente había escrito y recordó que han pasado más de 13 años desde la última vez que estuvo en presencia de algún miembro de las Farc. Pese a ello, admitió que las emociones siguen siendo fuertes y reclamó que las víctimas, e incluso los mismos guerrilleros, terminaron sacrificadas en el altar de una ideología que “pretendía detentar el secreto del bienestar humano”.

“Fuimos todos, ellos y nosotros, deformados por la deshumanización a la que esta ideologización dio origen. A nombre del pueblo, las Farc se convirtieron en los verdugos del pueblo, convencidos de que su causa era justa y los autorizaba a cualquier criminalidad. No fueron los únicos verdugos. Otros, con otras ideologías, y a nombre del mismo pueblo, hicieron lo propio, inundando a Colombia en un baño de sangre”, alegó, insistiendo que, pese a la locura colectiva, hoy se pueden poner de acuerdo en que “el fin no justifica los medios”.

“Hemos también comprendido los peligros de mirar el mundo a través del lente reduccionista de las ideologías. Estas nos llevan a asumir posiciones fundamentalistas, que nos aíslan y nos impiden ampliar nuestro análisis, al desechar de plano otros puntos de vista. Ser conscientes de estas deformaciones del análisis es ya de hecho un instrumento invaluable para abrir nuestras mentes y nuestros corazones a los principios básicos de la fraternidad, sin la cual no hay ni igualdad, ni libertad, y tampoco hay paz. Que nunca más podamos pensar en Colombia que una idea vale más que una vida humana”, agregó.

Agradeció también al país por acordar un pacto de paz, reconociendo que es “ciertamente imperfecto e incompleto”, pero que emerge como “el único instrumento que tenemos para salir de la barbarie”. Advirtió que no todo está olvidado y que su comparecencia a la Comisión de la Verdad no es un ejercicio para hacer borrón y cuenta nueva, o tabula rasa, sino para recordar.

“No es porque este acto se da que podemos decir que pasamos por encima de todos los sufrimientos: del de Andrés Felipe Pérez, el niño que murió de cáncer esperando a su papa, Norberto Pérez, porque ustedes, comandantes de las Farc en ese momento, no quisieron liberarlo a pesar del clamor nacional, y luego lo ejecutaron cuando intentó escapar; o a Peña, que lo sacaron del campo de concentración donde yo estaba, el campo de concentración de Sombra, y lo mataron como a un perro, y no sabemos todavía dónde está su cuerpo; o a Julián Guevara, que murió sufriendo en cautiverio porque no le dieron atención médica”, sostuvo.

Íngrid Betancourt fue enfática en que no olvidarán lo que pasó y que sobre la verdad colectiva deben construir una Colombia sin guerra. “Es a partir de estos recuerdos, vivencias y testimonios que podemos entender lo que nos pasó para evitar que se repita. Y esta es la historia que se tiene contar, que tiene que hacer parte de nuestra narrativa nacional, que deben conocer y estudiar nuestros niños en las escuelas, para que ellos entiendan que, a pesar de todo esto, pudo hacerse un Acuerdo de Paz, que pudimos mirarnos a la cara y salir de esta espiral de violencia”.

Nuevamente haciendo alusión a las protestas, declaró que el acto de estar en la Comisión para hablar de la verdad servirá también “para que nuestros jóvenes, que se están manifestando y aquellos policías que, llevados por el miedo y las ideologías de guerra, los mataron por terroristas, entiendan la diferencia y no vuelvan a empezar. Para que nuestros políticos, nuestros dirigentes, nuestros líderes religiosos, nuestros dirigentes gremiales, académicos e intelectuales, nuestros periodistas, se aproximen a lo que nos sucedió como país con el respeto y la restricción indispensables para que esto no vuelva a suceder”.

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