1 Feb 2018 - 2:00 a. m.

Las complejidades del Caribe: debate de candidatos al Congreso

En esta región del norte de Colombia persisten los problemas, incluso, heredados de la Colonia. Las dinámicas de violencia, corrupción e inestabilidad política afectan de forma más fuerte a las poblaciones más vulnerables.

-Redacción Política

Uno de los principales problemas de La Guajira es la falta de agua.  / Óscar Pérez - El Espectador
Uno de los principales problemas de La Guajira es la falta de agua. / Óscar Pérez - El Espectador

Si hay algo que define al Caribe es la diversidad. Recorrer el territorio desde el nudo del Paramillo, en el sur del departamento de Córdoba, hasta el desierto de La Guajira, en la región más septentrional del país, es navegar por una serie de elementos tan diferentes que, si bien, ha formado una identidad cultural que ha marcado grandes procesos, también la ha ubicado en una de las regiones más complejas del país. En ella todavía subsisten problemas, incluso, heredados desde la época de la Colonia que continúan afectando la calidad de vida de sus habitantes.

Los hay desde los más básicos, como la garantía de los servicios como acueducto o alcantarillado o energía eléctrica, hasta uno más complejo, como la inequidad en el acceso al desarrollo agropecuario, la presencia y operación de grupos armados organizados o la inestabilidad política, producto de una cultura electoral muy ligada a las casas políticas que han gobernado durante décadas en cada uno de los ocho departamentos que la componen.

Ahora, por supuesto, hay ciudades en donde los problemas se han acentuado. Por ejemplo, en Cartagena, en donde los últimos alcaldes no han podido terminar sus períodos por líos de corrupción y está ad portas de unas elecciones atípicas, la situación de inestabilidad radica en que, palabras menos, no hay mucho de dónde escoger. Los candidatos que se podrían perfilar como los próximos inquilinos al Palacio de la Aduana son los que siempre han aspirado al poder y quienes podrían significar el comienzo de la transformación de las prácticas políticas no tienen la suficiente fuerza y le apuestan a un voto de opinión al que es muy difícil acceder en una ciudad en la que el hambre puede determinar una elección.

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Hay datos. En el informe “La exclusión en los tiempos del auge: el caso de Cartagena”, realizado por Adolfo Meisel Roca y Jhorland Ayala García, se señala que, en 2012, esa ciudad registró “un producto interno bruto (PIB) por habitante equivalente a $15,6 millones, siendo la tercera ciudad capital con el valor más alto, después de Bogotá y Bucaramanga”, sin embargo, esa dinámica económica no se ha traducido en la mejora de las condiciones de vida de los cartageneros.

Pero Cartagena apenas es un caso representativo de lo que sucede a lo ancho de la región. En Santa Marta, ciudad en donde la política también se ha mantenido amarrada a los clanes políticos del Magdalena, Atlántico o Cesar, existen barrios, incluso de estratos medios, en donde aún hoy es necesario la utilización de motobombas para extraer el agua que se usa en las casas, de la que, además, no se garantiza su calidad.

Un informe de calidad de vida, publicado por Santa Marta Cómo Vamos, señaló que la pobreza monetaria en la Perla del Caribe había aumentado de 30,7 %, en 2015, a 35,1 %, en 2016. Es decir, ese año se estimaba que había 172.529 samarios considerados como pobres. Esa cifra superaba la media nacional y la pobreza en ciudades como Bucaramanga, Bogotá, Medellín, Cali, Pereira, Ibagué, Barranquilla Cartagena o Cúcuta. En ese mismo sentido, la pobreza monetaria extrema en el mismo período había aumentado de 6,5 % al 7,1 %. “En 2016, 34.899 samarios vivieron con un ingreso inferior a $119.865”, anota el documento.

Por su parte, Barranquilla, que ha presentado indudables cifras de desarrollo y que mostró en 2017 una reducción de la pobreza monetaria, respecto de 2016, hoy enfrenta otra problemática que se puso sobre la agenda luego del atentado del Ejército de Liberación Nacional (Eln) en contra de una estación de Policía. El investigador Luis Fernando Trejos, de la Universidad del Norte, advirtió en La Silla Vacía que las cifras de crecimiento de la Puerta de Oro de Colombia entraban en contraste con el aumento de las cifras en homicidios y hurtos, por ejemplo. Para Trejos, en esa ciudad ha hecho falta una política integral de seguridad y ha habido un desinterés tanto de las autoridades de Policía como administrativas en empezar procesos de diálogos con actores populares que podrían dar luces sobre cómo diseñar las estrategias para disminuir el accionar de grupos de delincuencia y prevenir la inseguridad.

En general, las dinámicas de la violencia en el Caribe han cubierto casi todos los espectros de la sociedad y han afectado con mayor fuerza a las poblaciones más vulnerables: mujeres, niños, afrodescendientes (paradójicamente), personas en situación de extrema pobreza o comunidad LGBTI. Sobre esta última, por ejemplo, la organización Caribe Afirmativo anotaba en 2014 que en la región los homicidios en contra de las personas presentaban “unas características particulares que dan cuenta de una sistemática agresión de orden presuntamente a la orientación sexual y a las identidades de género, y manifiesta el estado de indefensión en el que se encuentran las víctimas de dichos actos”. Esto poco ha cambiado.

Son precisamente estos temas sobre los que discutirán hoy cinco de los candidatos al Congreso de la República en Cartagena, en un debate organizado por El Espectador, Fescol y CUSO International - Gobierno de Canadá, en donde mostrarán cuáles son sus propuestas para la inclusión social en la región Caribe. Participarán los actuales senadores Jaime Amín (Centro Democrático), Armando Benedetti (Parido de la U), Antonio Correa (Opción Ciudadana) y los nuevos aspirantes Rodrigo Jiménez (Polo Democrático) y Viviana Miranda Alarcón (Coalición Colombia). La cita es a las 8:30 de la mañana, en el salón Manzanillo del Mar, del hotel Almirante, ubicado en la esquina de la avenida San Martín y calle 6, en Bocagrande.

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