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A pesar de que el tema de las relaciones internacionales de Colombia ha sido uno de los más sobresalientes en la discusión nacional durante los 3 años y algo más que llevamos de la administración de Petro, la discusión entre los candidatos presidenciales y sus campañas en esta materia no solamente se ha ido desplazando con el tiempo a lugares poco prioritarios de la conversación electoral, sino que además se ha caracterizado por la ausencia de propuestas estructurales, coherentes, serias y reflexionadas alrededor de lo que debe ser el proceso de inserción internacional de Colombia en el futuro próximo.
Las pocas propuestas que se han hecho tienen como característica fundamental que se centran en contradecir o en defender abierta y explícitamente las decisiones o los rasgos de la política exterior implementada por el presidente Petro. Para decirlo de otra forma, el jefe de debate de las campañas en el tema internacional es Gustavo Petro. Pero, más allá de eso, no hay un esfuerzo por construir un plan de inserción internacional con un objetivo definido.
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Los candidatos presidenciales han aprovechado el tema de la política exterior más para hacer oposición, que como una oportunidad de articular y exponer su visión del mundo y la forma en la que conciben el papel que Colombia debería jugar. Esta situación es particularmente preocupante, porque nos encontramos en un escenario global en pleno proceso de transición y transformación, en el que no tener plan, o tener un plan que solo consista en hacer o decir lo contrario (o lo mismo) a lo que hizo y dijo Petro, no va a ser suficiente y nos va a imponer altísimos costos en múltiples espacios de la política pública.
La falta de creatividad y la ausencia completa de un diagnóstico sobre el nuevo sistema internacional han sido los protagonistas. En la derecha y el centro, prácticamente todos proponen una normalización de la relación con Estados Unidos y un regreso al alineamiento irrestricto sin dar muchos detalles de los riesgos y los desafíos que eso plantea en un momento de altísima volatilidad política en Washington.
Tan simplificada y miope es la visión que se tiene de los nuevos retos de esa relación bilateral, que De La Espriella dice que lo resuelve todo con una llamada. Los pocos pronunciamientos de Cepeda en la izquierda, son una repetición del discurso crítico de Estados Unidos de Petro, pero con pocas propuestas sobre cómo manejar la relación con ese país. En la campaña de Cepeda, la cuestión se limita a copiar el título de un manual viejo de política exterior proponiendo pasar “de la subordinación a la autonomía estratégica” y no hay mucho más. La superficialidad y los lugares comunes dominan lo poco que aparece sobre este tema en algunos programas de gobierno y declaraciones públicas.
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En materia institucional, lo que hay es una sobreabundancia de clichés y poca precisión: “haremos una política exterior de Estado y no de gobierno”, “fomentaremos la cooperación internacional”, “garantizaremos la soberanía”, “profesionalizaremos el servicio exterior”, “protegeremos a connacionales en el exterior”, etc. En el peor de los casos, como lo han sugerido De la Espriella y Valencia, se propone regresar al siglo XIX y convertir a la Cancillería en una entidad a cargo de temas comerciales (como si no hubiera Ministerio de Comercio Exterior) y despojarla de sus funciones políticas.
Leer los pocos planes de gobierno en materia internacional que están disponibles, es como leer una plantilla eterna que se usa cada cuatro años y sin variaciones de fondo. Resulta un poco vergonzoso que ante un mundo en semejante estado de cambio y frente a la proliferación de desafíos de toda índole, la fórmula que estén ofreciendo los candidatos sea vieja, repetitiva, desgastada. Parece como si solo hubieran hecho cut and paste de las propuestas del pasado. Del centro político a la derecha solo hay el libreto de siempre, y en la izquierda prima el silencio o la propuesta de continuidad del caos provocado por la actual administración en materia de nuestra gestión internacional.
Pocas cosas interesantes se dicen sobre lo que debe hacer Colombia frente a la crisis del sistema multilateral (a pesar de que hoy somos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas). Pasamos de la caricatura populista de De La Espriella que quisiera acabar con el ordenamiento multilateral (siguiendo el libreto MAGA), al cliché ya inútil de que debemos actuar siempre dentro del ordenamiento multilateral. Misma banalidad e insustancialidad se encuentra en las declaraciones sobre Israel, sobre la guerra en Ucrania y sobre tantas otras crisis internacionales.
Como están las cosas, ninguna opción nos va a poder sacar del atolladero en materia internacional en el que nos encontramos. Lo que nos espera, gane quien gane, es una política puramente reactiva e improvisada, guiada por las presiones del momento y sin ningún tipo de hilo conductor o eje articulador. En medio de tanta polarización, no consuela saber que este es el único acuerdo que existe entre todas las alternativas para ocupar la presidencia en Colombia.
*El autor es profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes.
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