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23 Aug 2021 - 2:00 a. m.

Los retos de hablar de una política pública para mujeres en la ciencia

La propuesta es de la senadora Soledad Tamayo y para algunas mujeres del sector tiene varias falencias, por lo que plantean varias recomendaciones.
En las instituciones de educación superior, solo el 35 % son  mujeres estudiantes de  ciencias.  / Mauricio Alvarado
En las instituciones de educación superior, solo el 35 % son mujeres estudiantes de ciencias. / Mauricio Alvarado
Foto: MAURICIO ALVARADO / EL... - MAURICIO ALVARADO

No basta con fijar una fecha a escala mundial (11 de febrero) para visibilizar y reivindicar a las mujeres y niñas en la ciencia. Al igual que con otras problemáticas que padecen, como las violencias o los techos de cristal que no logran romper en términos de participación política o cabezas de organizaciones privadas, se requieren políticas públicas que, principalmente, eliminen una construcción cultural que hay sobre la población femenina que la ha dejado en desventaja históricamente. Y por ello, en el caso de la ciencia, los nombres del pasado que salen a relucir fueron excepciones y no constantes.

En Colombia no hay ninguna política pública enfocada en resolver los problemas con relación a las dificultades de acceso, promoción y permanencia de las mujeres en las ciencias. Se cuenta con unos pocos programas públicos que terminan por no ser suficientes ante el panorama que presenta el país. Aunque las mujeres fueron el 55 % de las graduadas, entre 2011 y 2014, según el Observatorio Laboral para la Educación del Ministerio de Educación, la situación se empieza a complejizar cuando se analiza carrera por carrera y el crecimiento profesional, como ocupar altos cargos o liderar investigaciones, entre otros.

Y la paridad en los pregrados no se evidencia en los posgrados. Entre 2011 y 2014, las mujeres en las maestrías representaron el 46,78 % y en doctorados, para el mismo período, apenas el 38,28 %. Estos datos salen del estudio sobre equidad de género y desafíos en la academia y la investigación, que realizaron Carolina Franco Orozco y Bárbara Franco Orozco. Otro estudio sobre cerrar brechas en Colombia, del ecólogo Camilo López Aguirre, de 2019, encontró que para las humanidades se requieren tres años para hablar de un 50-50 entre hombres y mujeres, 15 años para ciencias naturales, 25 para ciencias sociales y agrícolas, y 170 para ingenierías.

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Es decir, casi 200 años para que haya paridad en las ciencias en Colombia, con mayor preocupación con las ingenierías. Para tratar de cerrar estas brechas y buscar acortar ese tiempo, en el Congreso fue radicado un proyecto de ley para promover la participación de niñas, adolescentes y mujeres en las ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas, conocidas como las áreas STEM (por sus siglas en inglés). La iniciativa consiste en darle un mandato al Gobierno Nacional para que cree y diseñe una política pública en ese sentido, con ciertos parámetros; crear la mesa de la mujer en la ciencia con el fin de articular todos los esfuerzos tendientes a impulsar la participación de la población femenina en este sector; generar unas directrices y crear un fondo para el estudio e investigación, entre otros temas.

“Las mujeres hoy solo representan el 35 % de todos los estudiantes inscritos en estas áreas a escala global y en educación superior se concentran en otras áreas, como las ciencias sociales, naturales o médicas. Son cifras que tienen que llamar la atención, no solo del sector educativo sino también del Gobierno, para ver cómo nos acercamos o generamos motivación con las mujeres para que pudieran hacer su escogencia cuando acceden a la educación superior en estas áreas”, dijo la senadora Soledad Tamayo (Partido Conservador), autora del proyecto.

La iniciativa aún no tiene concepto de los ministerios relacionados (Ciencia, Educación y TIC), pero sí fue comentado, a través de El Espectador, por científicas y académicas, que advierten de falencias y enfoques a tener en cuenta para, de verdad, hablar de una inclusión y participación efectiva de las mujeres, sin barreras, estereotipos ni violencias.

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Eso sí, las consultadas concordaron que el solo hecho de que haya una iniciativa nacional, promovida desde el Congreso, es una noticia positiva y alentadora para sus trabajos y el de todas las niñas y mujeres que están en las ciencias. “Es un esfuerzo por reconocer las brechas que existen en las carreras de STEM, lo cual impacta negativamente varios aspectos sociales y económicos del país”, resaltó María Piedad Villaveces, directora ejecutiva de Avanciencia.

Con el debate público abierto desde el sector político, vienen las recomendaciones de Villaveces y otras voces. Lo primero que les genera mella es la falta de indicadores, metas u objetivos específicos que permitan que dicha política pública sea sostenible y efectiva en el tiempo y no “un saludo a la bandera”, como señaló la directora de Avanciencia. “Si se establecen lineamientos de la política, consideramos que debe haber una meta para los próximos años, si no se convierte en una aspiración sin un resultado concreto. Por ello, recomendamos que se busque la paridad entre hombres y mujeres en carreras de STEM para 2030. Con metas claras, el Ejecutivo debe organizarse para generar incentivos y lograr los objetivos”, complementó.

“Dar este primer paso es relevante para las niñas, jóvenes y mujeres científicas del país. Pero al leer los lineamientos y la justificación no se puede saber cómo van a ser medidos los impactos esperados”, dice por su lado Lina Caballero, botánica y doctora en genética y biología molecular, coordinadora de Parent In Science Colombia, organización que busca visibilizar y reivindicar a las madres y padres dentro de la academia y la ciencia.

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Caballero plantea que la justificación de la iniciativa está bien, pero termina limitándose a los problemas con relación a roles de género; es decir, no ahonda en otras problemáticas que pasan en el sector: la violencia. “No se discute el sexismo, los prejuicios, la violencia de género, el trabajo desigual dentro del hogar, de problemas en la medición de productividad. Los lineamientos continúan siendo incentivar y fomentar. Para que exista equidad y justicia se requiere precisamente trabajar en asuntos como la prevención y sanción del acoso sexual en instituciones, la promoción de ambientes de estudio y trabajo donde haya políticas de apoyo a la maternidad”, comentó.

En ese sentido, insiste en la necesidad de “ofrecer igualdad de condiciones, considerando la trayectoria y situación personal de cada mujer”. Esto teniendo en cuenta si es madre o no, si tiene planes de serlo y, con base en esto, diseñar nuevas medidas de evaluación de productividad, guarderías en los trabajos, salas de maternidad, ampliación de licencias de maternidad y paternidad (para igualar la cancha), entre otras. En palabras menores, que las instituciones y el Gobierno se involucren en la corresponsabilidad de las labores.

Para Edna Matta Camacho, fundadora de STEM sin Fronteras, el proyecto, además de animar a niñas y jóvenes a experimentar con la ciencia, debería tener un enfoque de identificación y retención de talentos. “Se debe hacer un trabajo exhaustivo que permita la identificación y desarrollo de habilidades. Esto con el fin de que los resultados no se queden solo en la participación, sino que sean sostenibles y empujen el avance, la representación y retención femenina en STEM en el país”.

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Para Matta, también es necesario que la redacción del proyecto y, por ende, de la política pública, sea inclusiva y antidiscriminatoria, y eso empieza por eliminar los términos de diferencia entre hombres y mujeres para incluir otros que acuñen otras poblaciones marginalizadas en las STEM. “Colombia carece de un proceso de apropiación social del conocimiento científico que exige la participación de personas considerando su diversidad”, señala Lina Caballero.

Además, las consultadas pidieron ser tenidas en cuenta en el trámite del proyecto, pues es desde sus experiencias que entienden y evidencian las dificultades y barreras que tienen las mujeres para hacer y sostener carreras en la ciencia, academia e investigación. El debate apenas comienza.

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