Los apuros que atraviesa la mesa de negociaciones entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (Eln) significarían todo un acontecimiento de no ser por las complejidades históricas de dialogar con esa guerrilla. Buscar una salida concertada al conflicto con el Eln es una tarea que intentaron sin éxito todos los expresidentes desde César Gaviria hasta Iván Duque, y muchos esperaban que con Gustavo Petro, primer mandatario de izquierda en Colombia y quien llegó a la Casa de Nariño ondeando las banderas de “Paz total” las condiciones fueran diferentes y se lograra una conversación más fluida.
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Pero sin haberse iniciado el segundo ciclo de negociaciones, que se esperaba adelantar en México, ya se habla de una “crisis” en en el proceso. Y todo por una serie de anuncios del Gobierno que los elenos consideran “unilaterales” y que no responden a lo que se pactó en la primera etapa de conversaciones en Caracas (Venezuela), en diciembre del año pasado, en la que no se acordaron mucho más que algunos alivios humanitarios.
Ahora el gobierno Petro propone que se haga una reunión extraordinaria para hacer algunos ajustes, pero las suspicacias sobre el proceso no se han hecho esperar. A pesar de eso, estudiosos del conflicto en Colombia y cercanos al proceso con el Eln señalan que esto no representará el fracaso de los diálogos y que por el contrario es una oportunidad para revisar algunos temas que, como es evidente, no quedaron tan claros.
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La primera gran complejidad de negociar con el Eln pasa por sus características como su estructura, la concepción del poder y lo que buscan de una negociación de paz. Para empezar, no tienen una línea de autoridad vertical como, por ejemplo, las extintas Farc. Tampoco tienen la aspiración de contar con una bancada parlamentaria o un partido político. " Ellos nunca han hablado de una toma del poder, sino de una construcción de poder que llaman ‘poder popular’”, explica Jorge Mantilla, director de dinámicas del conflicto de la Fundación Ideas para la Paz (FIP).
En otras palabras, el Eln ha llegado a las distintas mesas de diálogo con una idea de negociación “que no es tradicional y que no ha sido ensayada con las guerrillas”, según dice León Valencia, director de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares) y quien hizo parte de esa organización en los años 80. También comenta que la guerrilla tiene otros reparos como la salida de los territorios y tiene una idea de indultos y amnesias, más no de justicia transicional. “Quieren un proceso de desmovilización y desarme gradual mientras se implementan los acuerdos”, añade.
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Por todo esto, de acuerdo con Mantilla, los tiempos de la política del Eln son más lentos debido a que esta se construye mediante procesos más asamblearios y tiene unas estructuras regionales con un peso muy importante. En ese sentido, y debido a que atravesaron muchas crisis de todo tipo, es una guerrilla que quiere negociar sin afán y que además tiene la tesis de que la verdadera negociación es entre el Gobierno y las comunidades, como señala el senador Humberto de la Calle (Centro Esperanza). “Ellos no son contraparte del Gobierno, sino actores armados, y el involucramiento de las comunidades hace que la discusión sea más compleja”, apunta el exjefe negociador con las Farc.
Una última complejidad para conversar con los elenos, esta sí exclusiva del actual gobierno, es cómo se viene conduciendo la mesa y que para Max Yuri Gil, del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, califica como “una forma que deja muchos vacíos”. Gil, quien fue coordinador de la Comisión de la Verdad para Antioquia y el Eje Cafetero, sostiene que la reactivación de la mesa y la definición de protocolos fue positivo, pero desde el desacuerdo con el cese bilateral se ha presentado un mal manejo de la situación. “El gobierno Petro ha mostrado confusión y el Eln han asumido una actitud cuestionable y una valoración muy negativa del impasse”.
Expectativas de la reunión de emergencia
Es claro que tras los escollos existe la necesidad de hacerle ajustes a la mesa de negociaciones. El Gobierno ya lo sugirió y ahora se espera la definición de una fecha para que las partes se sienten a desenredar aquellos temas que no están tan claros. El primero de estos debería ser el tema de las comunicaciones: cómo van a conversar las partes cuando no estén en la mesa y de qué forma se darán a conocer los acuerdos que allí se logren.
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El senador Ariel Ávila (Alianza Verde) expone que lo crucial será dejar las reglas claras y lo que se anunció bilateralmente. También, que Gobierno se comprometa “dejar de anunciar cosas unilateralmente” y que el Eln “deje de hacer editoriales por Twitter”. Y es que si hubo una constante en las recientes dificultades es que se conocieron por redes sociales, algo que para Gil es “un error brutal de ambas partes”.
Así las cosas, para el profesor del Instituto de Estudios Políticos de la UdeA, las claves de esta mesa extraordinaria serán, primero, “ajustar la toma de decisiones y de comunicaciones” y que las partes acuerden canales “para tramitar esas diferencias y buscar que los acuerdos que se logren se presenten de forma conjunta”, y segundo poner sobre la mesa la propuesta de cese bilateral de hostilidades para disminuir las tensiones en los territorios.
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Lo mismo considera la senadora María José Pizarro (Pacto Histórico). La congresista, quien hace parte de la delegación del Gobierno en la mesa, califica lo ocurrido con el acuerdo bilateral como una oportunidad y concluye que “en las urgencias no estaba el cese y con el anuncio lo que se expresa es que hay voluntad de ambas partes de avanzar en eso. Las circunstancias nos han llevado a que ese tema, que no había sido dialogado, ahora sea un tema con lo que parece que el traspié es una oportunidad”.
Y la consideración de De la Calle es que el siguiente paso lógico es que en la reunión de emergencia se traten de “enderezar las cargas” para superar el tropiezo, con la decisión de fondo sobre si el cese al fuego bilateral también implica el cese de hostilidades. El senador advierte que esto es “preocupante”, porque lo mejor suele ser tomar estas decisiones, establecer protocolos y después dar la orden de suspender tanto fuego como hostilidades. “Se corren riesgos, pero al tiempo Colombia necesita una figura como la ‘Paz total”, remarca.
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Más allá de aclarar los protocolos de comunicación internos y externos, además de restablecer las reglas de juego, lo que demuestra este primer desencuentro entre el gobierno Petro y el Eln es la importancia que tiene para la guerrilla demostrar su “poder” al acordar procedimientos para que no se tomen decisiones unilaterales.
En definitiva, expresa Mantilla, de la FIP, el Eln tiene “la sartén por el mango” y un escenario más que favorable para el futuro de los diálogos. “Han venido ganando relevancia política y en la agenda. Eso implica ganar tiempo y a futuro podemos esperar muchos impasses sin que la mesa esté en crisis. El Eln pone el afán del lado del Gobierno porque ellos han negociado de forma lenta”.