19 Jan 2021 - 2:00 a. m.

“Petro guardó silencio frente al ataque que sufrí”: Ángela María Robledo

La representante habla de su dimisión de la Colombia Humana, sus desencuentros con el partido, la soledad que vivía y su trasegar político. Reconoce que en la Alianza Verde la están esperando y “quieren que regrese”.

La representante Ángela María Robledo materializó este lunes una ruptura de la que ya se hablaba en voz alta desde hace meses. Renunció a la Colombia Humana y, de paso, tomó distancia de Gustavo Petro, de quien fuera fórmula vicepresidencial en 2018. Si bien en su carta de dimisión reclamó que se quedó sin espacio político en la colectividad, en diálogo con El Espectador se despachó y reveló no solo que no habla con Petro desde hace más de año y medio, sino que él “guardó silencio” frente a los ataques que sufrió por apoyar a la ahora alcaldesa Claudia López, en lugar de aceptar ser la ficha de la Colombia Humana para la contienda de 2019.

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Sin embargo, insistiendo en que “hablar con Petro es difícil”, Robledo criticó que en el movimiento se agotó uno de sus inamovibles políticos, casi uno de sus puntos de honor: la agenda feminista. “Nos quedamos sin estatus”, alega. En esta entrega de Disidentes Políticos, la congresista -que ahora suena como precandidata presidencial de la Alianza Verde- habla de sus luchas políticas, su trasegar académico y su fractura con el petrismo.

Incursionó en política luego de ser profesora universitaria, decana e investigadora. ¿Cómo fue ese salto de la academia a los votos?

Siempre, como académica, he reconocido que el conocimiento tiene una dimensión política, en la medida en que -y es tarea de las universidades- contribuye a la transformación de las sociedades para vivir en espacios más dignos, libres, democráticos y con garantía de derechos.

Su primer coqueteo político fue con Antanas Mockus como funcionaria, como directora del antiguo Departamento Administrativo de Bienestar Social del Distrito. ¿Cómo fue esa experiencia?

En su segunda Alcaldía, Mockus me invitó a acompañarlo, pero primero en su lista al Concejo en 2003 con el entonces Partido Visionario, que sacó un concejal. Quedé de segunda. Era una lista especial: cerrada, paritaria y cremallera, como la aspiración que hemos tenido de tanto tiempo.

Luego, Antanas abrió un proceso y me fui a trabajar en Bienestar Social, lo que hoy es la Secretaría de Integración Social. Después regresé a la academia durante seis años y volví a la decanatura de la Facultad de Psicología de la Universidad Javeriana. Estando allí, Mockus me invitó a ser parte del Partido Verde. Ahí di el paso a la política representativa, pero como feminista siempre he hecho política. Las feministas hacemos política desde casa, cuando promovemos espacios democráticos.

¿Qué tanto influyó Antanas Mockus en su trasegar político?

Las apuestas que hemos tenido con Mockus han sido comunes: la protección de la vida, de los recursos públicos y la transformación de las sociedades no solo a través de leyes, sino de la cultura. Antanas ha sido una figura importante y fue quien me invitó a acompañarlo. Yo digo que mi ADN en política es muy mockusiano, es toda esa propuesta de formación política alrededor de la cultura ciudadana y la protección de la vida. Nos une una política alejada de la corrupción, porque los recursos públicos son sagrados y hay que manejarlos como tal.

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¿Qué cambios hubo en 2010, cuando fue elegida representante con el boom de la Ola Verde, frente a su experiencia en 2006?

La primera experiencia fue muy bella porque hacíamos talleres pedagógicos en las localidades y era, de alguna manera, una extensión de mi tarea académica. La Ola Verde fue un boom y para mí, como mujer feminista, fue el primer espacio para ir perfilando la necesidad de una agenda más incluyente.

Fue una propuesta muy innovadora, colectiva y llena de esperanza. Fui la responsable del programa de mujeres, que complementamos cuando Sergio Fajardo se constituyó como la fórmula vicepresidencial, pues venía con una agenda muy interesante en la materia.

¿Por qué se fue de los verdes y terminó del lado de Petro como su fórmula vicepresidencial?

Estando en lo que en su momento fue el Partido Verde, hubo un espacio de interlocución con Compromiso Ciudadano, de Fajardo, y con Progresistas, de Petro, para configurar un gran partido. Participé en esos talleres de interlocución que permitieron que Progresistas hiciera parte de los verdes. Ahí se cambia el nombre a Alianza Verde.

Tuve la oportunidad de compartir muchas de las agendas programáticas de Progresistas y, aunque Petro era el líder y no podía participar por ser alcalde, sí estuvieron Antonio Navarro, Angélica Lozano o Luis Carlos Avellaneda. Comencé a sentir una gran afinidad con las propuestas de Progresistas.

En 2018, como representante a la Cámara, empecé a sentir que la agenda que traía tenía más convergencia con el programa de Colombia Humana. Petro me invitó y me fui allá. Son énfasis en las agendas , pero las apuestas por la vida, cero corrupción, protección de los recursos públicos, la innovación, desmarcarse del clientelismo y proteger la naturaleza están tanto en Colombia Humana como en el verde. Es un común denominador, pero fueron los énfasis en una propuesta mucho más social y de cambio los que me llevaron a acompañar a Gustavo en su propuesta.

¿Fue solo afinidad o había diferencias previas con los verdes?

No. Siempre he sido una expresión de los verdes, como mujer feminista y más de izquierda, que considera que la política pública hay que profundizarla hacia lo social. Pero eso no significó que me sacaran del verde. Ellos entendieron que era una posición válida y, en medio de todo, represento mucho de la tarea que ha hecho Mockus en el país.

¿No hubo desencuentros con los verdes cuando la vieron con Petro?

Claudia López se puso muy molesta. Ella ya era la fórmula vicepresidencial de Fajardo. Fue muy fuerte conmigo en las primeras declaraciones, pero con ella y con Angélica había tenido un trabajo importante cuando fuimos congresistas con temas de paz y previo a la consulta anticorrupción. Creo que las críticas eran explicables, pero debo insistir que, en términos programáticos, sentí mayor afinidad con la propuesta de transformación de Colombia Humana que con la de Sergio Fajardo. Era más afín a mi tarea, a mi ejercicio político y mi condición de feminista. En los debates que tuve con Claudia y otras candidatas a la Vicepresidencia, como Clara López, hubo afinidades. Tanto así que, con otras mujeres, apoyamos a Claudia e hicimos un acuerdo.

Al verde le dicen que es muy tibio, pero yo creo que siempre ha abierto espacios para la divergencia. Hay un espectro muy amplio y eso ha permitido acoger distintas posturas en la diversidad. En todo caso, no peleé con nadie en los verdes. Tan es así, que me están llamando otra vez, pidiendo que regrese. Incluso, hice parte de uno de los comités promotores de la Consulta Anticorrupción sin estar en el verde.

Y ahora, ¿cuáles son los motivos para irse de la Colombia Humana?

Petro lo ha dicho de todas las maneras: él quería que fuera la candidata para la Alcaldía de Bogotá. En eso no nos encontramos, porque quería recuperar la curul de la paz y todo el contenido simbólico que implica. Éticamente sentía que la debía recuperar. Eso para mí no era menor. También sabía que se requería un esfuerzo de coalición para enfrentar los gobiernos de derecha en Bogotá, que ha sido un nicho de resistencia e independencia en Colombia. Eso no se podía perder y, de alguna manera, Claudia representaba eso. Ahí se produjo una fisura grande, más allá de lo ocurrido con Hollman Morris (rechazo a supuesto maltrato intrafamiliar).

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Esa fisura, para algunos de la Colombia Humana, se volvió una trinchera de violencia política y eso sí no lo podía aceptar. Supe además, por muchas personas, que comenzaron a hacer reuniones con otras fuerzas progresistas a las cuales no me invitaron. Me quedé sin estatus político en la Colombia Humana y no solo yo, también la agenda feminista.

Luego de tantas diferencias, ¿cómo están las relaciones hoy con Petro?

No he tenido interlocución con él desde hace mucho tiempo. La pandemia no facilita los contactos y las comunicaciones son por Twitter. La última vez que lo vi fue una reunión en mi casa con Claudia López, en julio de 2019, en un esfuerzo por tejer una alianza que no se dio. Fue la última vez que hablé con él. La pandemia me ha servido para reunirme con personas y buscar caminos colectivos, no individuales. El objetivo es encontrar el lugar en el mundo político para esa agenda feminista. En Colombia Humana no está ese espacio.

¿Por qué no manifestarle a Petro, antes de tomar cualquier decisión, sus inconformidades?

Hablar con Petro es difícil. Tener interlocución con él no es fácil. Eso es conocido. Fue un hecho político. Petro guardó silencio frente al ataque que sufrí y que califiqué de violencia política. Solo hace poco salió a decir que había que acabarlo. Cuando tú has compartido con alguien una campaña que fue tan maravillosa y prometedora, y pasa esto, dices ‘aquí ya no hay lugar’. Tengo todo el derecho de tomar la decisión autónomamente, las mujeres no necesitamos pedir permiso para nuestras actuaciones.

De todas maneras, lo cierto es que no estoy del lado de los que le hacen vetos a Petro. Es un político que este país necesita y tiene propuestas importantes. Hay que dejar espacios abiertos, no es tirando la puerta. A Petro le agradezco que me haya invitado en su tarea.

Si él quiere hacer alianzas debe aplicar esa premisa de que "hay que hacer la guerra de tal forma que después se pueda adelantar la paz". Ojalá eso se pueda hacer y donde esté seguiré contribuyendo. Si algo me caracteriza es esa posibilidad de sumar en medio de la diferencia. Ojalá se logre.

¿Cómo va el diálogo con los verdes?

He hablado con Angélica Lozano, Antonio Navarro y Carlos Ramón González. He conversado. Aún nada oficial. Ellos lo han dicho: me están esperando y quieren que regrese.

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¿Y qué falta?

Tengo un amigo que dice que cada día trae su afán. Estas decisiones hay que tomarlas con mucho cuidado. Me falta muy poco para tomar las decisiones que tengo que tomar. La idea es conocer la propuesta de los verdes para elegir al candidato presidencial, si es con encuesta u otro mecanismo. Me faltaría una conversación formal.

¿Qué tan difícil ha sido, para usted como mujer, hacer política?

Ha sido un trabajo cotidiano de desistir, persistir y resistir, y hacerlo colectivamente. Si bien es muy difícil, porque es un escenario muy machista (el Congreso tiene rutinas, horarios y prácticas machistas), siempre he trabajado de la mano de organizaciones sociales y plataformas de mujeres. He podido, incluso en el Congreso, hacer trabajo colectivo.

La experiencia de la bancada de oposición ha sido interesante, porque las mujeres allí tenemos un rol muy importante. Es difícil, pero se logra. Vivimos dificultades, incluso desde casa, y hay que producir una revolución en casa para que las mujeres puedan tener tiempo libre y hacer mucha más política en el ámbito representativo. He entendido que juntas somos más, eso para mí para que una expresión es una práctica cotidiana que llevo a cabo todo el tiempo.

También me ha ayudado mucho el mundo académico. Soy una mujer que está leyendo, estudiando, con tertulias y eso te va nutriendo y dando elementos de resistencia. Este país se ha ido revistiendo de un poder femenino. Ya no es tan solitaria la tarea, ya me siento más acompañada.

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“Disidentes políticos”, una muestra de la crisis de los partidos

El Espectador lanza “Disidentes políticos”, una serie de entrevistas que se publicarán de forma semanal para dialogar con aquellas figuras que, tras permanecer años en un movimiento político, resolvieron dar un paso al costado y montar rancho aparte.

El fenómeno no es nuevo y, de hecho, se ha intensificado con el pasar de los años. Casos recientes como los de los senadores Roy Barreras, Rodrigo Lara, Armando Benedetti y Jorge Robledo evidencian la crisis que viven los partidos.

El boom de los grupos significativos de ciudadanos es otra de sus muestras. Si bien no son movimientos políticos con proyección a largo plazo, estas organizaciones, basadas en la recolección de firmas, se han ido consolidando. Apenas en las pasadas elecciones regionales, 1.253 candidatos apostaron por esta modalidad. En las presidenciales también se hicieron sentir y hay ejemplos como los de Gustavo Petro, Sergio Fajardo, Clara López y Germán Vargas Lleras.

¿Quién más merecería estar en este espacio de “Disidentes políticos”? Escríbanos a jgonzalez@elespectador.com

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