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21 Mar 2021 - 2:00 a. m.

Radiografía del país político del momento

Por ahora parece marcada la disputa uribismo (derecha) contra petrismo (izquierda) por la Presidencia de 2022, mientras otros (centro) quieren mostrarse como una alternativa alejada de los extremos. Propuesta de ampliación del período de Duque calentó los ánimos.
Hugo García Segura

Hugo García Segura

Editor Política
Radiografía del país político del momento

El fracasado intento de unificar los períodos de alcaldes y gobernadores con los del presidente de la República, que implicaba, entre otros puntos, la ampliación hasta 2024 de los mandatos de Iván Duque y el actual Congreso, terminó de alborotar el avispero político, de por sí ya alterado por cuenta de los rumores y anuncios de candidaturas, alianzas y reuniones de dirigentes de uno y otro lado -incluyendo los del centro, que para algunos no existe-, en los primeros pasos de la campaña electoral por los poderes Ejecutivo y Legislativo de 2022. Fue tan errónea la “jugadita”, que unos cuantos representantes a la Cámara quisieron hacer, que el rechazo fue generalizado, incluido el del mismo primer mandatario y sus propios partidos, mientras la opinión pública, expresándose como de costumbre en redes sociales, los exhibía y acusaba de querer dar un “golpe de Estado institucional”.

Y es que el actual escenario es tan turbulento, que cualquier palabra o imagen da para múltiples lecturas. Y cualquier propuesta, como esa de ampliar los períodos, sirve para protagonizar y tratar de obtener réditos políticos. Por ejemplo, en el primer caso, la fotografía de una reunión de tres exalcaldes -Álex Char, de Barranquilla; Federico Gutiérrez, de Medellín, y Enrique Peñalosa, de Bogotá- destapó la realidad de una nueva alianza con miras a pelear por la primera magistratura del Estado a nombre de las regiones. Alianza que incluye a la exgobernadora del Valle Dilian Francisca Toro y al también exalcalde de Medellín Luis Pérez, entre otros. Incluso, no falta quien asegure que se trata del “plan B” del uribismo, a quien muchos ven desgastado y sin posibilidades de mantener el poder.

Fico Gutiérrez, como se le conoce, admitió las intenciones electorales, dijo que la coalición aún no tiene nombre y que a los tres los reúne la amistad y la confianza: “Estamos pensando en el país. No tenemos jefes, queremos unir otros sectores”, dijo. Y como es ya su costumbre, arremetió contra Gustavo Petro, acuñando un término de esos efectistas en épocas de campaña, el “petromadurismo” -en referencia al presidente venezolano Nicolás Maduro-, recalcando que “hay que alejar a Colombia de esos proyectos populistas, que lo único que generan son riesgos y destrucción”. Eso sí, negó que fueran la carta tapada del uribismo y tomó distancia de la llamada “Coalición de la Esperanza”, la unión política de centro-izquierda conformada por la Alianza Verde, Sergio Fajardo, Humberto de la Calle, Jorge Enrique Robledo, Juan Manuel Galán, Ángela María Robledo y Juan Fernando Cristo.

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Petro, por supuesto, no se quedó callado. En respuesta, el líder de Colombia Humana, quien sigue adelante con su “Pacto Histórico” y al que ya se sumó el senador Roy Barreras, que plantea, según sus propias palabras, “cambiar la historia de Colombia hacia el sendero de la democracia, la paz y la justicia social”, escribió en Twitter: “Alguien por ahí se inventó el término ‘petromadurismo’. Hay que ser poco inteligente para mezclar a una persona que hace depender la economía de su país del petróleo, Maduro, de otro que proclama la necesidad de separar la economía del petróleo. El fascismo los enceguece”. Por cierto, el intento de ampliación del período de Duque dio para que hiciera el llamado a un paro nacional, con el argumento de que “un golpe de Estado”, como dijo, “se enfrenta en las calles, con el pueblo movilizado”.

Llamado que generó la reacción de sus más férreos contradictores, léase uribismo, que no vacilaron en calificarlo de “incendiario”, al tiempo que negaron estar detrás de la propuesta de la continuidad del hoy primer mandatario: “Aquí la pregunta es si el ataque es porque tienen miedo de que ganemos en 2022, que vamos a reelegir las políticas públicas y que el gobierno del presidente Iván Duque es todo un éxito en vacunación masiva y reactivación segura”, ripostó el representante Édward Rodríguez, del Centro Democrático. Un tire y afloje en el que intervino también el ministro del Interior, Daniel Palacio, quien al querer negar que Duque estaba buscando seguir en la Casa de Nariño, hizo alusión a que Petro había dicho en una entrevista que necesitaba tres períodos para cumplir su proyecto político, y nadie había dicho nada.

“No creo que el ministro sea tan torpe como para tener problemas de entendimiento de lo que dije y que está grabado. Quiere ladinamente embaucar a la población. Que existan proyectos que duren más de tres períodos no significa que yo los asuma”, le contestó el líder de Colombia Humana, atizando la confrontación. Así las cosas, no faltan los analistas que aseguren que con esta ardua disputa el más beneficiado es Petro y que el uribismo, sin quererlo, le está haciendo la campaña llevándolo en coche hacia la segunda vuelta presidencial, pues sigue concibiéndolo como el rival a vencer en 2022. Lectura que comparte, por ejemplo, el concejal Carlos Fernando Galán: “El uribismo cree que su única opción de seguir en el poder es enfrentando a Petro, por eso lo victimizan y lo presentan como el mayor peligro. Si siguen con esa estrategia lo que van a lograr es elegirlo”, trinó.

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Sin embargo, otros piensan que se trata de una estrategia bien pensada, que apunta precisamente a subir a Petro, para después, a la hora de un enfrentamiento en las urnas, apelar a los temores que, están convencidos, despierta en gran parte de la ciudadanía, para así derrotarlo en una eventual segunda vuelta. Una apuesta incierta, pues las encuestas muestran al jefe de Colombia Humana punteando en la intención de voto, aunque con más imagen negativa que positiva, y al mismo tiempo se ve una marcada caída en la favorabilidad del expresidente Uribe y una precaria calificación a la gestión de Duque, lo cual podría jugarles en contra. Ahora, falta mucho camino por recorrer, y con este panorama de polarización extrema pueden ser otros los beneficiados si es que saben jugar sus cartas.

¿Quiénes? Pues las ya mencionadas coaliciones de los exalcaldes y de la Esperanza. Al menos la más reciente encuesta de la firma Datexco, revelada esta semana, muestra que después de Petro (19 %), le siguen en la intención de voto para la Presidencia Sergio Fajardo (11 %) y Álex Char (6 %). Llama la atención que en la lista de presidenciables, la firma encuestadora incluyó, entre otros, a la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, quien está deshojando la margarita a ver si se mete o no en la pelea; a Germán Vargas Lleras, por ahora alejado de eventuales aspiraciones electorales, aunque sigue fijando posturas sobre temas de la actualidad nacional en su columna de El Tiempo; a Alejandro Gaviria, que insiste en hacer oídos sordos a quienes le piden que se lance y ha dicho que seguirá como rector de la Universidad de los Andes, y a Óscar Iván Zuluaga, a quien algunos en el uribismo lo quieren ver como candidato, haciendo fórmula con Tomás Uribe a la Vicepresidencia.

La polarización se agudiza, y si en el pasado le sirvió al uribismo, hoy puede ir en su contra, más aún cuando el legado de Duque se ve borroso. Falta más de un año para la primera vuelta y, como sucede generalmente, muchos se irán quedando en el camino. En la actual radiografía de la actualidad política figuran más de 40 candidatos y precandidatos. También por ahora se siguen imponiendo los vetos (algunos hablan de egos), y las puertas siguen cerradas a ciertas alianzas, como a aquella que plantea la unión de la Coalición de la Esperanza con el Pacto Histórico. A medida que pasen los días, las fuerzas se irán acomodando. Ya vendrá la hora de las propuestas y los nuevos modelos de país que cada quien se imagina. Ah, y no faltarán los escándalos, muchos con tinte judicial. Pero lo que se ve en este momento es uribismo (derecha) contra petrismo (izquierda), y otros (centro) que quieren mostrarse como una alternativa, según dicen, alejada de los extremos.

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