
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Es un craso error atribuir exclusivamente al uso excesivo de las pantallas el retroceso en el desempeño educativo de los jóvenes de 15 años en Colombia, evidenciado en las pruebas PISA 2025 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), dejando por fuera del análisis crítico causas importantes y estructurales como las brechas socioeconómicas y la profunda inequidad que, indudablemente, influyen ostensiblemente en estos resultados.
No es posible abstraernos también de que los estudiantes evaluados forman parte de una generación que sufrió el rigor de la crisis educativa provocada por la pandemia y que, según los diagnósticos, ocasionó serios retrasos en el aprendizaje a pesar de las medidas de emergencia adoptadas en los sistemas educativos de los países, y efectos en la salud mental no solamente de los jóvenes, sino de toda la población.
En las pruebas Colombia continúa en retroceso, con todos sus puntajes debajo del promedio de la OCDE. En matemáticas alcanzó 381 puntos, que la ubican en la posición número ocho en la región y en la 53 en el global; con 399 puntos en lectura se posicionó como cuarta en Latinoamérica y se encuentra en la número 52 en el total; en ciencias tuvo una leve mejoría, con 414 puntos, ocupando el puesto cuarto en la región y el 64 a nivel global. Sin embargo, solo el 1 % de los estudiantes obtuvo excelentes resultados en ciencias, es decir, que pueden aplicar creativa y autónomamente sus conocimientos científicos a diversas situaciones. Asimismo, en lectura apenas el 1 % de los estudiantes logró una puntuación de nivel cinco o superior en lectura, lo que equivale a que pueden comprender textos extensos, manejar conceptos abstractos o contraintuitivos y distinguir entre hechos y opiniones.
Asimismo, en lo que tiene que ver con el uso de herramientas digitales, según la OCDE, el 46 % de los estudiantes utiliza chatbots de inteligencia artificial semanalmente o con mayor frecuencia como ayudas para el aprendizaje, lo que no sería negativo si se limitara a un apoyo ocasional. El 28 % de los estudiantes afirmó que sus compañeros se distraen con el uso de dispositivos digitales en clases.
El informe concluyó, igualmente, que el 63 % de los estudiantes en Colombia asistía a escuelas cuyos directores informaron que la falta de material educativo (libros de texto, equipos informáticos, material de biblioteca o laboratorio) dificultaba la enseñanza, al menos en cierta medida, y el 62 % se encontraba en escuelas donde se percibía que la falta de infraestructura física dificultaba la enseñanza.
Si bien hay que tener en cuenta que el bajón en el desempeño educativo es una tendencia similar a nivel global, de acuerdo con la evaluación que en la edición 2025 cobijó a 760 000 estudiantes de 91 países y economías, es un reto inmenso y una necesidad apremiante revertir estos resultados no solamente por el desarrollo del país sino por el progreso y el bienestar de nuestras generaciones más jóvenes.
El mundo no está “ad portas” de la digitalización o de la implementación de tecnologías como la IA: ya es una realidad que se debe aprovechar para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje y, al mismo tiempo, trabajar en la atención de los otros factores que permean la educación, para poder potenciar habilidades y competencias al igual que el humanismo, la ética y el pensamiento crítico.
*Rector de la Unisimón.