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En medio de los cañaduzales que crecen al oriente de Cali un nuevo proyecto empieza a echar raíces. Es una pequeña cabaña de 100 m2 que necesitó de guadua, una docena de tanques plásticos y años de esfuerzos comunitarios para dar inicio al funcionamiento a la Planta de Aprovechamiento de Residuos Orgánicos: un símbolo de cómo los habitantes de la Comuna 15 lograron sortear decisiones adversas, silencio administrativo y el estigma.
La semana pasada El Espectador asistió a la inauguración del Centro, hoy considerado como una apuesta lograda a punta de esfuerzos en la Comuna 15 y que promete en el corto plazo convertirse en referente ambiental en Colombia.
En el papel, la compostera significa el buen manejo de al menos 36 toneladas de desechos orgánicos al año y la producción de abono para utilizar en cualquier cultivo. En la realidad, los réditos van mucho más allá: ofrecerá empleo, desarrollo y un ejemplo vivo de que los grandes proyectos también pueden ser propuestos y administrados por los ciudadanos.
La iniciativa contó con el apoyo económico de Swiss Contact y la luz verde de las autoridades locales, tales como la Alcaldía de Cali y la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP) de la capital vallecaucana, pero en esta historia, son los caleños los verdaderos protagonistas.
El poder de alzar la voz
Los líderes barriales de la Comuna 15 aún recuerdan el temor que sintieron en 2023 cuando se anunció que a pocos metros de sus viviendas se empezarían a disponer desechos y basuras indiscriminadamente. Con solo asomarse por sus ventanas verían los guayacanes, una vertiente del Río Meléndez, pero también enormes montañas de basura que a su vez atraerían inseguridad, pestes y aún más estigmas para las calles del oriente de Cali. Por años estuvieron acostumbrados, no sin argumentos en contra, a que se asociara la Comuna con criminalidad, desorden o se evocaran esos recuerdos de miles de personas que la guerra desplazó en Valle del Cauca y ante la necesidad de encontrar un nuevo hogar tuvieron que asentarse en los barrios aledaños a los ríos de Cali.
“Nos decían: ´¿De qué se quejan si ustedes siempre han vivido entre la basura?´. No teníamos permitido disentir”, aseguró a este diario uno de los líderes de la Comuna.
La administración de esa época, ante una crisis en la gestión de residuos, planteó que un enorme lote en esa Comuna empezara a recibir los desechos que el botadero de Navarro, a unos cuantos kilómetros, no podía gestionar ya por ser el destino de millones de carros de basura desde 1969. Así que planteó que miles de toneladas de escombros fueran dispuestos en la Comuna 15; una decisión que a todas luces representaba más un problema que una solución de fondo el cataclismo sanitario que se vivía en la sucursal del cielo, pues significa llenar hasta la saciedad un terreno de casi 44.000 m2 con basuras sin tratar.
Hubo quienes hicieron predicciones sobre lo que podría pasar. Uno de los vecinos calculó que de seguir el proyecto podrían vivir frente a una loma de basuras pestilentes “tan ancha como el Estadio Pascual Guerrero y casi igual de alta como el Cerro de las Tres Cruces”.
Pero los líderes no lo permitieron. José Luis Burgos, un abogado cansado de escuchar que la Comuna siempre estuvo sumida en las basuras, decidió organizar a los demás vecinos e impedir la apertura del botadero.
Para el líder comunitario, la tarea era poco más que un imposible. Se enfrentaban a decisiones ya firmadas y sus voces, aunque claves para una democracia, a veces se perdían entre tanta burocracia. El jurista reunió las voces de protesta de al menos 500 vecinos y se organizó con ellos para impedir ese proyecto.
“Nos reunimos en las casas de la Comuna y decidimos oponernos al proyecto sin manifestación alguna de violencia. Hoy vemos que alzar la voz tiene sus resultados: nuestro presente y futuro se organizará en torno a las luchas comunitarias y un cuidado responsable del medio ambiente”, comenta Burgos.
Fórmula sostenible
La Planta Comunitaria de Compostaje, comenta Andrés Cortés, coordinador de Ciudades Circulares de Swiss Contact, significa más que un pequeño espacio en el oriente caleño para manejar adecuadamente los residuos. Y es que esta obra de infraestructura, tasada en al menos USD 126.000, cambia el paradigma de gestionar los desechos en Cali.
“Lo que antes era considerado como basura o elementos inútiles, ahora la comunidad lo considera como un residuo que se puede aprovechar para segundos y terceros usos. Es un modelo circular donde además de volver a aprovechar lo que ya se usó una vez, genera ganancias económicas y sociales para la Comuna 15”, subraya Cortés.
En el papel, la Planta recibirá decenas de toneladas de desechos orgánicos que las grandes corporaciones de Cali producen y que en lugar de verlas descomponiéndose, llegarán al centro para ser tratadas. Además tiene planteado la recolección y correcto aprovechamiento de los lixiviados (líquidos producto de la descomposición orgánica): en lugar que lleguen al suelo y contaminen los cuerpos de agua, como el río Meléndez o el Cauca, serán almacenados y tratados, por ejemplo, para crear combustibles y energías sostenibles como lo es el bioetanol.
Una vez en el Centro, las cáscaras de frutas o desechos de comida son depositados en 12 tanques plásticos dispuestos para acelerar la descomposición de la materia orgánica. La fórmula es simple: los residuos son combinados con aserrín y en cuestión de dos meses, lo que para millones de personas puede ser simplemente basura, se convierte en un abono natural que puede utilizarse para todo tipo de cosechas.
Pero hay opiniones que consideran el proyecto como un laboratorio de progreso en el oriente caleño. Burgos, el líder que ha encabezado la lucha, construcción y ahora inauguración de la Planta, considera que en cuestión de meses la criminalidad, que en el pasado ha sido protagonista del sector, ahora será reemplazada por progreso y oportunidades. “La Planta genera hoy ocho empleos directos y con el tiempo será una bola de nieve que nos traiga más empleo, pero también ingresos y oportunidades para los jóvenes de la Comuna. Si hay futuros pavimentados para no caer en la informalidad o la criminalidad, claro que podemos estar hablando de un modelo donde ganemos todos”, cuenta Burgos.
Exportando sostenibilidad
En Colombia hay cientos, sino miles, de proyectos ambientales que buscan alguna alternativa al manejo masivo de basuras. Solo en Cali hay 107 intentos que hoy buscan que las calles dejen de ser el destino de los desechos y que la ciudad sea sostenible a largo plazo a la hora de manejar sus basuras.
Pero Cortés comenta que la iniciativa en la Comuna 15 puede marcar un antes y un después, tanto para Cali como para el resto del país.
“El proyecto ha demostrado que no se requieren grandes inversiones ni infraestructuras para ver los frutos de un modelo circular y sostenible. El resultado de esta Planta tiene como factores a los ciudadanos que se preocupan, una Alcaldía que los escuchó, pero aún más importante, la voluntad de querer transformar el territorio”, asegura el experto.
Hoy el proyecto, cuenta Cortés, no le costará un solo centavo a la comunidad, pues desde sus cimientos se pensó como un modelo circular en donde las ganancias, ambientales y sociales, sean mayores a los gastos. La Planta tiene paneles solares que costean la carga eléctrica, convenios con grandes productores de desechos que harán llegar los contenedores al sitio y, como último aliciente, acuerdos para que el abono que se produzca allí se comercialice y genere dinero que pagará los sueldos de quienes mantienen en pie el negocio.
“No es solo infraestructura o un proyecto ambiental, es gobernanza lo que logró la Comuna 15. Lo que fue un problema se transformó en una oportunidad que sin duda cambiará a Cali y sus próximas generaciones”, concluye Cortés.
