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Carepa: el municipio que volvió a caminar sin miedo tras 30 años de minas

Tras dejar cientos de víctimas, especialmente campesinos, este municipio del Urabá antioqueño fue declarado oficialmente como territorio libre de sospechas de minas. El anuncio genera tranquilidad a toda una generación que creció con temor de ser mutilada por caminar en sus propias parcelas.

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Tomás Tarazona Ramírez
27 de mayo de 2026 - 04:50 p. m.
Para descontaminar el territorio, la acción humanitaria tuvo que recorrer 384 kilómetros cuadrados.
Para descontaminar el territorio, la acción humanitaria tuvo que recorrer 384 kilómetros cuadrados.
Foto: Tomás Tarazona Ramírez
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Las vidas de 50.000 personas en Carepa (Antioquia) dejaron de estar ancladas al miedo de perder alguna extremidad, o incluso la vida, por cuenta de las minas antipersonal. Hace unos días, la oenegé Humanity & Inclusion declaró que este municipio del Urabá es oficialmente un territorio libre de sospechas de minas: un anuncio que pone punto final a 30 años de explosiones y víctimas de cilindros, bombas o municiones sin explotar en esa jurisdicción.

En esta zona del país, existen registros, al menos desde la década de los años 90, en que los habitantes del pueblo, especialmente los que circundaban las zonas rurales, detonaban involuntariamente un artefacto y fueron sumergidos a una espiral de vulneraciones. En algunos casos perdían brazos o piernas. En otros escenarios, los jornaleros sufrían graves afectaciones a su visión y audición. Y tras quedar en estado de discapacidad, terminaban excluidos y sin posibilidad de un trabajo estable y de ganar el sustento para ellos y sus familias.

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Para Hernando Enríquez, director en Colombia de Humanity & Inclusion, la entrega de Carepa simboliza más que una acción humanitaria que vuelve habitable cada rincón del municipio. También devuelve esperanza a generaciones enteras que tuvieron miedo de caminar o desarrollar sus proyectos de vida alrededor del territorio.

“Es un momento especial: entregamos 384 kilómetros cuadrados y un municipio que podemos decir que está libre de sospechas de minas. Hoy las personas pueden caminar por su tierra sin problema y sin temor”, comenta Enríquez.

Centímetro a centímetro

El desminado de Carepa implicó recorrer un verdadero laberinto, tanto por las barreras geográficas del municipio, como por la incertidumbre de saber específicamente dónde se ubicaban estos artefactos.

El equipo, en primer lugar, tuvo que recorrer vereda por vereda de toda la zona rural del municipio para indagar cuántos incidentes de explosiones de minas se presentaron en el pasado y conocer si los vecinos, jornaleros o aquellas familias que viven de sus cultivos de plátano, arroz o yuca, conocían algún punto sospechoso.

Las entrevistas y la realización de la cartografía fue un paso. Quedaban pendientes muchos más. Otros documentos también ayudaron a entender la magnitud del problema que enfrentaban. Antioquia, en general, y Urabá, en particular, son dos de los territorios de Colombia donde más víctimas se han contabilizado a causa de las minas antipersonal. De acuerdo con Acción Integral Contra las Minas Antipersonales (Aicma), una iniciativa del Estado, desde 1990 más de 5.147 personas han sido amputadas o asesinadas por cuenta de estos artefactos que bien pueden pertenecer a estrategias de guerrillas que pasaron por la zonas, como el EPL o las Farc, así como de las autodefensas que incursionaron en la subregión de Urabá al mando de Hébert Veloza, también conocido como alias “H.H.”.

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Así fue que se conformó el mapa de peligro de Carepa. La oenegé H & I recorrió, centímetro a centímetro, más de 17 veredas de la zona rural de Carepa y una vez encontrados los artefactos, fueron detonados controladamente para que la onda expansiva no aumentara el número de víctimas ni perjudicara el ambiente. De acuerdo con estimaciones de la ONG, la acción humanitaria salvó la vida de al menos cuatro pobladores de Carepa.

Pero ahí vino el verdadero reto, cada uno o dos pasos, los desminadores tenían que estar alerta de cualquier “elemento inusual” que se encontraran en los parajes rurales. De acuerdo con Aicma, casi cualquier objeto del diario vivir puede ser convertido en una mina que termine mutilando o matando a un ciudadano. En los catálogos de esta entidad, perteneciente a la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, se han encontrado elementos tanto de la cotidianidad (juguetes, baldes, radios) hasta otros pertenecientes al arsenal militar (granadas, balas, cartuchos o misiles).

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“A menos de 150 metros de una escuela encontrábamos granadas de fragmentación. Era un riesgo gigante que ahora deja de estar latente con el desminado. Es un acto que se traduce en paz y tranquilidad para una región que ya ha vivido mucho”, comenta Alejandro Cardona, uno de los líderes de Carepa, quien también se puso las botas y recorrió junto a la oenegé metro a metro el municipio buscando los explosivos.

Territorio transformado

Hay quienes creen que el desminado trasciende más allá de extraer los elementos que quedaron de guerras pasadas en Carepa. Al proceso fueron vinculados plataformas campesinas y juntas de acción comunal que, con el anuncio, podrán fortalecer el arraigo en su territorio y potenciar aún más las bondades agrícolas que hay en miles de hectáreas productivas.

Bernabé Palacios, alcalde encargado del municipio, comenta que habitar un lugar descontaminado marca un punto disruptivo en la historia de Carepa: “Somos un remanso de paz. Nuestros campesinos y agricultores pueden transitar desde hoy los caminos con tranquilidad”.

La noticia, además, cambia el mapa colombiano al convertirse en otro municipio desminado que simboliza el cumplimiento del punto tres del Acuerdo de Paz de 2016 suscrito entre el Gobierno de entonces y la extinta guerrilla de las Farc.

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A partir de esta semana, los habitantes de Carepa podrán, por primera vez en varias décadas, transitar libremente por su municipio. Ahora es tarea de los campesinos, el gobierno local y la empresa privada que este avance de paz se mantenga y que los suelos de Urabá, en lugar de estar sembrados con minas y explosivos, alberguen comida que resarzan la historia de guerra y dolor que una vez existió en Carepa. Pero la principal tarea recaerá en el Estado, que tendrá el objetivo de no permitir que otra generación de ciudadanos vivan con miedo y mantenga lejos los vientos de guerra en el territorio.

“No fue fácil, pero tampoco imposible. Esta entrega es una buena noticia. Por fin podemos decir que en nuestro territorio habrá tranquilidad y apostarle al desarrollo”, expresó Udel Vargas, uno de los presidentes comunales de Carepa.

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