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El colegio público de Bogotá que se convirtió en referente educativo y emocional en el mundo

El Colegio Las Margaritas, ubicado en el sur de la capital, fue galardonado por el World´s Best School Prizes 2026 por juntar el buen desempeño académico con un programa que enseña a los jóvenes a mediar los conflictos sin violencia y construir una cultura de paz y diálogo.

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Tomás Tarazona Ramírez
15 de julio de 2026 - 03:38 p. m.
Colegio Las Margaritas, localidad de Kennedy.
Colegio Las Margaritas, localidad de Kennedy.
Foto: Alcaldía de Bogotá
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Un pequeño colegio en el sur de Bogotá se está convirtiendo en un laboratorio donde prima el diálogo y el buen desempeño académico. En días pasados, el Colegio Las Margaritas, una escuela ubicada en la localidad de Kennedy, de Bogotá, fue nominado por World´s Best School Prizes como uno de los 10 colegios más innovadores e importantes del mundo.

La nominación en el “Top 10” se fundamenta en que Las Margaritas creó una malla curricular donde los estudiantes, a la par que cursan sus estudios en aritmética, biología o ciencias sociales, reciben enseñanzas para que la violencia nunca sea una opción para dirimir conflictos. Además, el colegio ha incorporado un espacio dentro de las instalaciones académicas donde los alumnos pueden tramitar sus sentimientos y diferencias y aprender competencias socioemocionales que les servirán en su futuro, no como profesionales, sino como seres humanos.

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Diana Basto, una de las responsables de la ascensión del proyecto educativo, explicó a El Espectador que el colegio está haciendo historia y puede convertirse en un referente local, nacional e incluso internacional. Y es que la educadora explica que la pedagogía versa más allá de impartir conocimientos en un pensum convencional, por lo que diseñaron todo un modelo en que los estudiantes también reciban pedagogía sobre inteligencia emocional y aprendan a dialogar.

“Es un logro impresionante. En estos círculos siempre hablamos de currículos, maestros, educación; pero lo que debe estar siempre en el centro es el estudiante. Que aprendan es fundamental, pero su bienestar también lo es”, dice Bastos.

Retorno de la inversión

La idea de juntar las horas de clases con competencias socioemocionales en Las Margaritas nació hace 26 años. En aquel entonces, la Alcaldía de Bogotá propuso a una serie de colegios privados que ayudaran a cerrar algunas de las brechas que también son evidentes entre la educación privada y pública.

En ese momento, varios aliados privados se sumaron a la conversación, como el Colegio Los Nogales, Colegio San Carlos y la Universidad de Los Andes.

Su tarea: brindar conocimientos técnicos y herramientas para que el éxito de sus instituciones se extrapolara a escuelas públicas que no tenían mucho músculo financiero, infraestructura y en la mayoría de los casos, mucha demanda estudiantil para tan poca oferta.

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Así nació la Alianza Educativa: un consorcio en el que los colegios privados enseñaron a los públicos cómo diseñar la arquitectura de un modelo educativo exitoso y tenían voz y voto para tomar algunas de las decisiones más importantes en asuntos académicos, organizacionales o administrativos.

Casi tres décadas después, los resultados empiezan a verse. La educación de calidad ha llegado a algunas de las localidades más vulnerables de Bogotá y, como sucedió en Las Margaritas, empieza a mostrar los resultados de invertirle a la educación y las próximas generaciones.

Hoy la red está compuesta por 11 escuelas, algunas ubicadas en Kennedy, Usme, Ciudad Bolívar o Bosa y ha formado poco más de 11.500 estudiantes y sus familias en la oportunidad de tener un proyecto de vida lejos de la deserción escolar o que los jóvenes sean absorbidos por actividades ilícitas.

“Un niño que no sepa o pueda transmitir sus emociones es un niño que no podrá aprender. Lo que ha sucedido en Las Margaritas es un mensaje sumamente poderoso para Colombia, donde se usa la violencia para solventar diferencias y se etiqueta al diferente”, comenta Bustos, quien hace funge como directora ejecutiva de la Alianza Educativa.

El refugio socioemocional

La apuesta más valiosa en Las Margaritas en un aula de tamaño mediano bautizada como “el refugio”: espacio donde los estudiantes son reunidos periódicamente para aprender sobre resolución de conflictos y resolver diferencias a través del diálogo. Allí, luego que los jóvenes cursen sus estudios curriculares, aprenden sobre 18 competencias socioemocionales diferentes.

El escenario está distribuido en cuatro “rincones”. El artístico está diseñado para canalizar las emociones a través de lienzos y “transformar emociones intensas en expresiones creativas”. También está el “rincón de los retos”, lugar donde los alumnos aprenden a convivir con la frustración y se fortalece la resiliencia y la autoestima de quienes pasan por allí.

En tercer lugar, está el rincón dedicado al entrenamiento, donde se “promueve la vitalidad, equilibrio para liberar tensiones, se reduce la ansiedad y se busca favorecer la autorregulación fisiológica”, dice la Alianza.

Y finalmente se incorporó en los planos arquitectónicos el rincón de la meditación, donde los alumnos “recuperan el equilibrio interior” a través de pausas y aceptar los disensos y las emociones de los otros sin juzgar o recurrir a vías de hecho.

A la institución también han llegado otros aliados que refuerzan conocimientos en mediación y resolución pacífica de conflictos, como el Programa Hermes, de la Cámara de Comercio, y que ha graduado casi 150 niños como mediadores y conciliadores.

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¿Qué significa esto? Para Bastos, los aprendizajes implican que los alumnos están adquiriendo herramientas que difícilmente adquirirán en otros momentos de sus vidas y eso los proyecta como adultos que hagan prevalecer “la palabra antes que el golpe”.

Y es que al Concejo de Bogotá han llegado cifras sobre cómo la violencia, más que herir física o psicológicamente estudiantes en los colegios, también rompe el tejido social. Un debate realizado en ese órgano denunció que solo en 2026 se dieron 2.319 casos de agresiones y acoso escolar, lo que representa un aumento del 38,8 % respecto al mismo período en 2025.

“El Refugio Socioemocional representa un espacio donde los estudiantes aprenden a identificar y gestionar sus emociones, donde los conflictos se convierten en oportunidades de diálogo y donde los propios jóvenes lideran la solución de los problemas de convivencia como mediadores certificados”, subraya Basto.

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