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Lo primero que vio el pastor Wilmer fue cómo el colegio que se ubicaba al frente de su casa empezaba a desmoronarse. Él intentó ayudar con la evacuación de los niños; tenía que intentar que ningún escombro o los enormes bloques de concreto aprisionaran a los estudiantes.
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Después vino la calma. El terremoto de 7,4 de magnitud que ha dejado hasta al menos 181 personas muertas, según balance del presidente Abelardo De la Espriella, ya había terminado. Pero para él, iniciaba la tarea más difícil: ayudar al prójimo y ofrecerle calma a todos los que aún seguían con los nervios de punta a causa del sismo.
El Espectador conoció la historia del pastor Wilmer, un religioso que completa poco más de 30 horas de servicio sin descanso en Buenaventura recogiendo alimentos, insumos médicos y dinero para atender a los damnificados. Desde que finalizaron los movimientos telúricos del lunes 10 de agosto, el pastor Wilmer solo ha regresado a su casa para asearse y recoger nuevos insumos que puedan ayudarle a seguir auxiliando a los heridos o la remoción de escombros.
Su tarea se ha vuelto clave en la “Perla del Pacífico” para sumar voluntarios en una ciudad que también sintió los estragos del terremoto, tiene viviendas colapsadas en casi toda la jurisdicción y cuya única vía, la que conecta con el norte del Valle del Cauca, terminó bloqueada e imposibilitando el ingreso de ayuda humanitaria y labores de rescate.
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Ligia Córdoba, alcaldesa de la ciudad, realizó un diagnóstico preliminar de los daños que dejó el terremoto. Según el anuncio de la mandataria, siete personas han perdido la vida, pero el mayor daño se refleja en la infraestructura: 397 personas damnificadas y al menos 173 edificaciones parcial o totalmente afectadas, entre ellas tres colegios que, por sus daños estructurales, ya se catalogan como una “pérdida total”.
Vocación de servicio
El pastor Wilmer ha caminado los barrios de la ciudad inscribiendo colaboradores que lo ayuden a identificar quién necesita ayuda. También fue a un centro penitenciario para evaluar qué necesitaban las personas privadas de la libertad y, entrada la madrugada de este 11 de agosto, deambuló casa por casa ofreciendo abrazos y calma a las personas que temían volver a entrar a sus hogares.
Cuando el Hospital Santa Sofía empezó a mostrar deterioros estructurales, organizó rápidamente un grupo para colaborar con la evacuación y garantizar que los pacientes, aunque en la calle, recibieran atención adecuada.
“Toda la solidaridad nos ha funcionado para auxiliar a nuestra comunidad. Así sea una libra de arroz, es esa ayuda la que nos ha permitido desplegarnos por todos los barrios de Buenaventura para llegar a donde están las situaciones difíciles”, dijo el pastor.
A su “combo” de voluntarios ha sumado pastores de otras iglesias, enfermeras y líderes comunitarios que lo ayudan a conocer dónde destinar la ayuda o qué familia o barrio tiene más urgencia de ser atendida. Algunos de los párrocos le comentaron que perdieron sus viviendas y su segundo hogar, la iglesia; también quedaron gravemente afectadas, pero aun así se sumaban a su causa para ayudar a los bonavarenses. Ante la falta de manos para atender la emergencia, también convenció a algunas estudiantes de enfermería de Buenaventura para sumarlas al equipo y brindar atención médica en los distintos barrios.
En total, cerca de una treintena de personas han sido convencidas por el pastor Wilmer para caminar la ciudad y brindar ayuda. Algunos han ofrecido recursos, otros alimentos no perecederos e incluso, a la causa se sumó un voluntario con un vehículo que los moviliza por los barrios para transportar la ayuda humanitaria.
“Estamos en medio de procesos difíciles y seguimos en shock, pero nuestra vocación de servicio nos mueve a salir a ayudar a toda la comunidad”, indicó a este diario el pastor Wilmer.
También dispuso su patrimonio y el de otros adeptos para recoger recursos económicos y abrió un centro de acopio que recibirá alimentos, carpas o kits de ayuda humanitaria para ir personalmente a entregarlos a quienes lo necesiten.
Currículo de ayuda
Para el pastor Wilmer, la ayuda es clave en momentos difíciles. Durante los últimos cinco años ha sido el pastor de la Iglesia Bautista y constantemente sirve de puente para brindar oportunidades, educación o mínimos básicos a quienes más lo necesitan en Buenaventura.
En un episodio, por ejemplo, reunió recursos y esfuerzos para que 5.000 niños de la ciudad pudieran suplir sus necesidades más elementales y recibir platos de comida, pero también educación o encontrar en el deporte nuevos proyectos de vida.
A sus 42 años, el pastor asegura que seguirá dedicando el tiempo y los recursos necesarios para intentar aliviar el dolor que dejó el terremoto en Buenaventura. Por ahora, sigue recorriendo barrios de la ciudad, organizando dónde remover escombros o a qué familia entregar kits humanitarios.
“Haya o no haya emergencia, nos seguiremos moviendo para que la comunidad encuentre el progreso. Por ahora, entre más nos unamos, más ayudamos a quienes sufrieron los daños de este terremoto”, concluye el pastor Wilmer.
